En una iniciativa conjunta frente a la violencia, la intolerancia y la polarización, representantes de distintas tradiciones religiosas y del sector empresarial firmaron una declaratoria para fomentar el diálogo, el respeto y la solidaridad en México.
El 29 de octubre de 2026, la Comunidad Judía de México participó en la firma de la Declaratoria de Intención “Por una cultura de valores, convivencia y desarrollo inclusivo”, impulsada por la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX) junto con representantes de distintas tradiciones religiosas, con el objetivo de sumar esfuerzos para fortalecer la convivencia social y promover una cultura de paz.
El encuentro reunió a representantes de las comunidades católica, evangélica, ortodoxa y judía, así como del sector empresarial, quienes coincidieron en la importancia de trabajar conjuntamente para hacer frente a los desafíos que atraviesa la sociedad mexicana, particularmente la violencia, la intolerancia, la corrupción, la impunidad y la creciente polarización.
Entre los participantes estuvieron:
- Juan José Sierra Álvarez, presidente nacional de COPARMEX.
- Monseñor Ramón Castro Castro, obispo de Cuernavaca y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano.
- Santiago de México, arzobispo metropolitano del Arzobispado Ortodoxo Griego de México.
- Alberto Romano Jafif, presidente del Comité Central de la Comunidad Judía de México.
- Presbítero doctor Mario Ángel Flores, en representación del reverendo Cirilo Cruz Lázaro, vicepresidente de la Confraternidad Evangélica de México (CONEMEX).
- Ministro Alejandro Rodea, en representación del metropolita Ignacio Samaán, arzobispo de la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa Antioquena de México, Venezuela, Centroamérica y el Caribe.
Durante el intercambio con la prensa, Alberto Romano abordó la importancia de combatir la polarización y las manifestaciones de intolerancia por motivos religiosos, étnicos o políticos.
Al ser abordado sobre las manifestaciones antisemitas registradas en la Ciudad de México, entre ellas la ocurrida frente a una sinagoga de Polanco en vísperas de Rosh Hashaná, el presidente del Comité Central reiteró su rechazo a las expresiones dirigidas contra cualquier sector de la población.
Asimismo, advirtió sobre la difusión de mensajes antisemitas en redes sociales y la importancia de evitar que las diferencias se conviertan en motivos de confrontación.
Romano Jafif destacó que el propósito de este tipo de iniciativas es fomentar el respeto mutuo, reducir la polarización y trabajar conjuntamente por México.
La preocupación por las agresiones contra espacios y comunidades religiosas también estuvo presente entre los demás participantes. Santiago de México, arzobispo metropolitano del Arzobispado Ortodoxo Griego de México, se pronunció sobre la importancia de respetar los lugares de culto y evitar que se conviertan en escenarios de confrontaciones políticas.
La declaratoria reconoce que, pese a las diferencias religiosas y culturales, existen valores universales que permiten construir objetivos comunes: la dignidad humana, la justicia, la honestidad, la solidaridad, la empatía y el respeto.
El acuerdo establece compromisos para impulsar iniciativas educativas, espacios de sensibilización y proyectos de colaboración en universidades, empresas, comunidades religiosas y organizaciones de la sociedad civil.
También contempla trabajar con medios de comunicación y plataformas digitales para promover contenidos que fortalezcan la convivencia, así como desarrollar herramientas que ayuden a prevenir la violencia y resolver las diferencias mediante el diálogo.
El documento parte de una convicción fundamental: la convivencia pacífica no es simplemente la ausencia de conflictos, sino una práctica cotidiana que requiere educación, responsabilidad y disposición para reconocer al otro.
En un contexto marcado por profundas divisiones, la presencia de representantes de distintas tradiciones religiosas alrededor de una misma mesa constituye un mensaje de entendimiento: las diferencias de creencias, costumbres e identidades no tienen por qué impedir la construcción de una sociedad más respetuosa y solidaria.
La firma de esta declaratoria representa un punto de partida para fortalecer los vínculos entre comunidades, promover acciones compartidas y transformar los principios de respeto y solidaridad en iniciativas que tengan un impacto positivo en la vida cotidiana.
Más allá de las diferencias que distinguen a cada tradición, el encuentro puso de manifiesto una convicción compartida: la paz y la convivencia se construyen mediante el diálogo, la colaboración y el reconocimiento de la dignidad de todas las personas.











