Tribuna Israelita

Las minorías cristianas en el mundo árabe

Los cristianos de Medio Oriente, vinculados por su fe con el occidente cristiano y por su comunión cultural con el oriente musulmán, vivieron en el Imperio Otomano como ciudadanos “dhimmis” o tolerados, sufrieron los bandazos de la política colonial de las metrópolis europeas y engrosaron después a la vanguardia del renacimiento cultural y político árabe. Como minoría religiosa en la región, más cultos y con mejor posición económica que sus pares musulmanes, abrieron las puertas a la modernidad: fundaron la primera imprenta en Líbano, crearon diarios en El Cairo tras la invasión napoleónica y fomentaron las nuevas ideas nacionalistas, laicas, revolucionarias y liberales.

 

Durante la época de la conquista musulmana, habitaban en el Medio Oriente más de 15 millones de cristianos, que constituían el 95% de la población total de la zona; en el siglo xx era el mismo número pero conformando unicamente el 13% de la población total. En su mayoría urbanos, fueron paulatinamente aislados y peligrosamente amenazados por la mayoría musulmana. En 2025 se estima que quedaban entre 14 y 15 millones, que conformaban tan sólo el 3 o 4% de la población, y de continuar esta tendencia en poco tiempo allí habitarán muy pocos de ellos.

 

Entre los factores que afectan significativamente la presencia de la población cristiana en esta convulsionada región del mundo se encuentra la migración a otros países, las muertes ocasionadas por las guerras civiles, los conflictos de baja intensidad y la violencia islamista. El proceso migratorio se originó a principios del siglo XX, durante la decadencia del Imperio Otomano, cuando cristianos de buena posición económica comenzaron a enviar a sus hijos a estudiar a Europa o América. Conscientes de que en estos países encontrarían mejores condiciones de vida los nuevos inmigrantes exhortaron a otros miembros de la familia a unirse a ellos, lo que les permitió mantener una vida comunitaria junto a sus compatriotas exiliados. La tendencia se fue acentuando conforme la situación política y económica de la región se volvía inestable.

 

Las guerras civiles y las persecuciones religiosas, también han influido en el proceso migratorio de las comunidades cristianas a otros países. Las familias que no cuentan con los recursos necesarios para emigrar han permanecido en sus países de origen enfrentando numerosas restricciones, injusticias y desigualdades por parte de sus respectivos gobiernos. Han sido víctimas además, de las atrocidades cometidas por grupos fundamentalistas que buscan la islamización de sus Estados por medio de la violencia y del abuso de los derechos humanos. Actualmente, se ha acentuado la persecusión violenta, los secuestros, torturas y asesinatos en varios países, como Somalia, Nigeria, Yemen, Sudán; Eritrea, Pakistán, Irán, Afganistán y Siria, entre algunos otros más.

 

A pesar de que las distintas comunidades cristianas en los países árabes mantienen costumbres y tradiciones similares, las situaciones y amenazas que enfrentan varían en función de los distintos contextos políticos, sociales y económicos que acontecen en ellos.

 

Los cristianos palestinos

De acuerdo a cálculos estadísticos, de los 400,000 cristianos palestinos, en territorio israelí habitan cerca de 150,000 y el resto está disperso en el mundo, especialmente en Sudamérica, Estados Unidos y Canadá.

 

Hasta 1948 gran parte de los cristianos de la Margen Occidental vivía en aldeas homogéneas, cuya población era casi en su totalidad cristiana. Posteriormente dichas zonas recibieron flujos de migrantes palestinos, en su mayoría musulmanes, que se ubicaron en campos de refugiados. Esta migración modificó el mapa demográfico de la región. El influjo de refugiados musulmanes, el alto grado de fertilidad de ese grupo (8 a 10 hijos por familia) y la emigración han generado una sustantiva disminución de esta población cristiana.

 

A pesar de que la ciudad de Belén contaba con una amplia mayoría musulmana, Yaser Arafat decidió mantener el statu-quo que existía en la ciudad desde fines del siglo XIX para mantener buenas relaciones con el mundo cristiano. De esta manera, por ley, hoy el intendente y su vice siguen siendo cristianos, como así también 8 de los 15 miembros del consejo de la ciudad.

 

Si bien entre los líderes palestinos hay cristianos, especialmente en las filas del Tanzim, la facción armada del movimiento palestino Fatah, la mayoría de la comunidad cristiana no puede identificarse con la lucha del islam contra el judaísmo o con la martirización de los terroristas suicidas. Esto ha traído muchas tensiones entre ambas comunidades, especialmente en Beit Jala. Esta aldea que ya no tiene mayoría cristiana, se encuentra al sur de Jerusalem, frente al barrio judío de Guiló que ha sido víctima de ataques terroristas. Los cristianos se han opuesto a esta práctica y muchos de ellos han emigrado.

 

La comunidad cristiana-palestina padece el conflicto árabe-israelí por partida doble. Por un lado anhelan la creación de un Estado palestino en convivencia pacífica con el Estado judío, y por el otro, las tendencias fundamentalistas islámicas en la sociedad palestina les hace dudar con respecto a su eventual situación en el mismo.

 

Actualmente, en 2026, viven en Israel alrededor de 140 000 árabes cristianos, el 1.5% de la población total, la mayoría de ellos ampliamente integrados a la sociedad. Viven en ciudades mixtas como Haifa y Jerusalem; en Nazaret, ciudad de mayoría musulmana, representan el 28%. En general, sus niveles educativos son muy elevados, tienen una significativa presencia en las profesiones liberales y algunos participan de manera voluntaria en las Fuerzas de Defensa de Israel.

 

Egipto

La comunidad cristiana en Egipto cuenta con aproximadamente 10 millones de personas, el 10% de la población total. La mayoría pertenece a la Iglesia copta ortodoxa, de antigua historia de origen faraónico. Los cristianos han participado en la modernización de Egipto y en la construcción de una identidad nacional. Sin embargo, la hermandad étnica y nacionalista que los vinculó con los musulmanes del país durante el siglo XIX cada vez se ha ido erosionando más,  condenados a la marginación social, la discriminación, a una lenta sumisión y se han convertido en chivos expiatorios y blanco de ataque de los radicales islámicos, no obstante que la Constitución garantiza libertad religiosa y de los esfuerzos del gobierno por la unidad. En general, sufren discriminación en diferentes áreas como educación, justicia, empleo y restricciones en la construcción de iglesias. Constantemente sufren ataques violentos contra civiles, iglesias y peregrinos, además de secuestros, acoso y conversiones forzadas de mujeres jóvenes, pero las autoridades locales a menudo no les protegen.

 

En su lucha por la creación de un Estado islámico fundamentado en la Sharía, o ley islámica, los grupos islamistas han recurrido a la violencia extrema como medio para conseguir sus fines. Ellos desarrollan su actividad principalmente en el Alto Egipto y en zonas rurales pobres y sus seguidores son jóvenes, frecuentemente con educación universitaria. Sus crímenes han sido contra cristianos, turistas, policías y agentes del Departamento de Información y Seguridad del Estado.

 

En los últimos años la minoría cristiana ha sido víctima de violentos ataques, como el asesinato en 1997 de 9 fieles coptos dentro de la iglesia de Abu Qorqas a manos de un comando islámico. Un año después, en la aldea El-Kosheh los enfrentamientos entre coptos y musulmanes resultaron en la muerte de 20 cristianos y 33 heridos. En 2024 se atacó a la población copta de dos pueblos de Al Minya.

 

La representación copta en el Parlamento es mínima ‑y cada vez menor‑ aunque algunos de ellos han tenido un cargo importante en el gobierno. La situación ha dado fuerte impulso a la emigración a pesar de la profunda conexión que tienen con esa tierra.

 

Líbano

La presencia en Líbano de un importante porcentaje de árabes cristianos, fue aprovechada históricamente por los europeos para llevar adelante sus designios coloniales sobre el este del Mediterráneo. De ser a principios de siglo XX el 70% de la población, hoy se estima que constituyen solamente alrededor del 30%, aproximadamente dos millones de seis del total de la población; durante los primeros años de la década de los setenta los musulmanes pasaron a constituir la mayoría y comenzaron a cuestionar el sistema político tradicional, que reservaba el cargo de Presidente a un cristiano y el de Primer Ministro a un musulmán para garantizar el equilibrio de estas comunidades. Disputaron también la distribución del trabajo y de la riqueza, que reservaba a los cristianos maronitas el control del gobierno y del ejército, en tanto que los musulmanes sunitas mantenían la hegemonía en el comercio, los drusos en los servicios y los shiítas se dedicaban a tareas artesanales.

 

En 1968, los guerrilleros palestinos que empezaron a llegar a Líbano, se establecieron en el sureste del país y formaron alianzas con aquellos sectores de la población libanesa que estaban en descontento con la hegemonía cristiana. En 1974, la OLP[1] se convirtió en un aglutinante de fuerzas diversas que conformaron el Movimiento Nacional. Entre ellas destacaban el Partido Socialista Progresista Druso, el movimiento shiíta Amal, el Partido Comunista Libanés, el Movimiento 24 de Octubre, el Movimiento Nacional Árabe y el Partido Socialista Sirio. Los enemigos del Movimiento Nacional eran básicamente las Falanges de cristianos maronitas, agrupados en las milicias Kataeb, Namur, Tanzim y Guardianes de los Cedros.

 

Las armas comenzaron a circular dentro del país y en febrero de 1975 estalló una guerra civil que desembocó en espeluznantes masacres. En octubre de 1989 los legisladores libaneses, cristianos y musulmanes, anunciaron la concreción de un acuerdo para la reconciliación nacional que estableció una mayor cuota de poder a los musulmanes. Sin embargo, desde entonces ha habido abuso a los derechos humanos de las minorías cristianas, arrestos arbitrarios a miembros de la comunidad acusados de formar “asociaciones cristianas” que se oponen al gobierno y mantienen contacto con judíos e israelíes. Estos presos han sido  golpeados y torturados por miembros del gobierno en cárceles y centros de seguridad.

 

Especialmente, las comunidades cristianas del sur de Líbano han vivido bajo la constante amenaza del régimen de terror de Hezbolá[2], un agente del régimen teocrático iraní, y han sido víctimas de francotiradores, bombas, secuestros y bloqueos económicos.

 

A partir del ataque israelí para acabar con el lanzamiento de misiles de Hezbolá hacia Israel por años, y del debilitamiento de ese grupo terrorista y de Irán en 2025, se intenta rescatar al país y su pluralidad. Los cristianos siguen siendo parte esencial de la identidad de Líbano, y aunque musulmanes y cristianos buscan una convivencia pacífica, siguen habiendo tensiones políticas interreligiosas y violencia de los remanentes de Hezbolá.

 

Sudán

A partir de la independencia de Sudán en 1956, surgieron confrontaciones civiles entre los grupos islámicos y los cristianos. Estos últimos consideran que han sido sometidos políticamente por el gobierno y que no gozan de autonomía ni de igualdad. Los misioneros han intentado persuadirlos de que se conviertan al islam, ofreciéndoles la garantía de que así podrían gozar de los mismos derechos que el resto de la población, pero las comunidades cristianas no aceptan la Sharía.

 

Como consecuencia de esta represión política, en 1964 se desató una guerra civil que enfrentó el gobierno de Jartum, situado en el norte y de base musulmana, con grupos opositores del sur del país, básicamente cristianos y animistas[3] entre los que destacó el Ejército Popular para la Liberación de Sudán (SPLA por sus siglas en inglés). Esta guerra dejó un saldo de aproximadamente dos millones de muertos y cuatro millones de desplazados, reanudando, además, prácticas de esclavitud.

 

La corta historia de Sudán ha estado marcada por conflictos étnicos, religiosos, políticos y económicos. En 2011, se escinde e independiza el sur, de población con tendencia cristiana y animista, naciendo así la República de Sudán del Sur.

 

Actualmente, con una guerra civil en curso, la situación en Sudán es muy grave, con millones de personas desplazadas y exiliadas y una enorme crisis humanitaria, entre ellos los cristianos que lo habitan, quienes además, están siendo discriminados en todas las áreas de la vida pública, oprimidos, violentados, secuestrados y asesinados, obligados a la conversión al Islam o torturados por negarse a hacerlo, incluso los conversos son víctimas de violencia y discriminación, y con violencia sexual como arma de guerra. Los cristianos son en Sudán víctimas tanto de las fuerzas gubernamentales como de los grupos militares rivales, viviendo bajo amenaza, humillación y miedo constante.

 

Irán 

Aunque Irán no es un país árabe, a partir de la Revolución islámica ha jugado un papel fundamental en el mundo árabe, específicamente en el aspecto religioso islámico.

 

Los cristianos bajo el régimen teocrático de Irán pertenecen en su mayoría a las comunidades armenia y asiria, de presencia histórica en Irán. Aunque son reconocidos por el Estado y con representación en el parlamento, los cristianos son objeto de represión y discriminación sistemática, siendo los musulmanes convertidos al cristianismo quienes más lo sufren al ser considerados y tratados como disidentes, traidores o agentes y espías al servicio de occidente, narrativa del gobierno que presenta a toda la comunidad cristiana como una amenaza para la seguridad y aumenta su vulnerabilidad. En los últimos tiempos, la opresión se ha agravado, especialmente  a raíz del 2025, cuando el conflicto entre Irán e Israel se intensificó.

 

Libia

La mayoría de los cristianos son trabajadores extranjeros, la población cristiana autóctona es muy pequeña, ya que la discriminación, persecusión y presión para convertirse al islam los ha diezmado. Quien de ellos más lo sufre son los conversos al cristianismo y las mujeres por su vulnerabilidad. Por otro lado, Libia es una tierra de paso para quienes de África buscan mejores horizontes en Europa, pero en su tránsito por ese país muchos son secuestrados para ser esclavizados o para pedir rescate. Las mujeres corren el riesgo de ser víctimas de trata de personas y esclavitud sexual. Entre estos migrantes hay cristianos, de los cuales muchos huyen de la violencia del islam radical en sus países de origen.

 

Siria

Antes de la guerra civil iniciada en 2011, el régimen autoritario y laico de los Assad permitió a los cristianos tener en el país una vida relativamente estable y segura, con libertad de culto, convivencia entre las diversas religiones con vida social mixta principalmente en Damasco, Alepo y Homs, ejercer algunos cargos en el gobierno, ejército y universidad, todo ello a cambio de lealtad al régimen.

 

La violencia de la guerra civil afectó enormemente a los cristianos pues eran mal vistos por su aparente cercanía al régimen de Assad  y sus vínculos con Occidente.

 

Desde la caída de Assad en 2024, el poder quedó en manos de un grupo islamista con raíces en Al Quaeda, que, no obstante, ha mostrado moderación y diálogo con líderes cristianos. Sin embargo, la inestabilidad provocada por los combates entre diversos grupos y otras minorías religiosas, especialmente drusos y alauitas, ha afectado también a las comunidades cristianas que ha obligado a muchos de sus miembros a huir. Principalmente, ha sido el Estado Islámico (ISIS) quien ha estado cometiendo secuestros, asesinatos y destrucción de iglesias. El ataque mortal contra la Iglesia de Damasco en 2025 y el aumento en la radicalización islámica han hecho más incierta la seguridad y la viabilidad de la continuidad cristiana en el país.

 

Arabia Saudita 

En este país viven cerca de dos millones de cristianos, la inmensa mayoría trabajadores migrantes, afectados por la discriminación en todos los ámbitos, la explotación, su baja condición socio económica y la vigilancia constante, son considerados ciudadanos de segunda clase. Está severamente prohibido todo culto público que no sea el islámico, los más afortunados recurren, en ocasión de las grandes festividades, a sus propios ámbitos extraterritoriales (embajadas y consulados), mientras que la inmensa mayoría se organiza en grupos clandestinos de oración. Su presencia es constatada en todas las grandes ciudades por medio de las continuas redadas y arrestos.

 

No se permite la construcción de iglesias y aunque desde 1986 el gobierno prohibió la importación de biblias, crucifijos, símbolos cristianos y todo tipo de material “anti-islámico”, actualmente ha relajado ligeramente estas prohibiciones, pero solamente para uso personal y en privado, con el riesgo de ser arrestados y deportados si comparten con musulmanes su fe.

 

Aquellos que se han convertido del Islam tienen que practicar su nueva fe con enorme discreción pues corren el riesgo de ser arrestados o condenados a la pena de muerte, muchas veces por denuncias de sus propios familiares o vecinos.

 

Irak 

De 1.5 millones antes de 2003, en la actualidad la comunidad cristiana comprende aproximadamente 190 000 personas, de una población total de 47 millones. Su número ha disminuido drásticamente por el asedio del Estado Islamico (ISIS), de milicias chitas respaldadas por Irán y por ataques por aire y tierra de Turquía e Irán que han dañado gravemente a ciudades predominantemente cristianas.

 

La mayoría son asirios y caldeos que radican principalmente en la zona kurda. Las diferencias religiosas prevalecientes en Irak así como las divisiones étnicas han tenido un enorme impacto en la estabilidad y la vida política del país. Por ello el régimen anterior de Saddam Hussein intentó limitar este esquema con medidas represivas tendientes a unificar a la población, que han continuado después de su caída.

 

Los cristianos hoy sufren la discriminación en prácticamente todos los ámbitos y la violencia de grupos islámicos radicales y de autoridades gubernamentales. Su situación es más grave en el sur, pero incluso en las zonas kurdas donde antes había relativa sana convivencia, han visto disminuir sus derechos, estabilidad y seguridad, sufriendo ‑en especial sacerdotes y líderes cristianos‑ acoso, encarcelamiento, restricciones en su desplazamiento, secuestro a cambio de rescate, asesinatos, violencia sexual contra sus mujeres y niñas, quienes son consideradas “inmorales” legitimando con ello el acoso, el secuestro, la violencia física y la violación.

 

En los últimos años, la violencia contra las comunidades cristianas se ha agravado drásticamente en varios países más de mayoría musulmana en África, Medio Oriente y Asia, entre ellos Nigeria, Pakistán, Mali y Yemen.

 

Conclusiones

En muchos casos los árabes musulmanes visualizan a los cristianos como representantes del mundo Occidental, por lo que les es difícil identificarse con ellos. A pesar de que son ciudadanos en sus países, que hablan el mismo idioma, que forman parte de su historia y que colaboran en el desarrollo de los Estados árabes, los musulmanes los segregan de la sociedad debido a su creencia religiosa. Temen, asimismo, que al entablar cooperación con estas minorías, ellas cobren peso a expensas del islam. Por su parte, las minorías cristianas consideran que la interacción con los musulmanes podría provocar, a largo plazo, la asimilación de sus costumbres religiosas y eventualmente, la disolución de su comunidad.

 

Es por ello que los lazos que vinculan a ambas comunidades son muy débiles. Esta premisa, aunada a las restricciones gubernamentales, a los conflictos civiles, y en especial al surgimiento y fortalecimiento de los grupos fundamentalistas islámicos, conforman un panorama de discriminación religiosa y social y de violencia hacia las minorías cristianas en los países del Medio Oriente.

 

[1] Organización por la Liberación Palestina. En la década de los setentas y ochentas era el principal grupo terrorista palestino. En 1993 abandonaron el terrorismo al firmar la Declaración de Principios con Israel, y se convirtieron en la ANP, representación oficial de los palestinos.

[2] Grupo fundamentalista islámico.

[3] Grupos de religiones africanas tradicionales  que componen el 2.5% de la población de Sudán.

 

Bibliografía

 

Alcoverro, Tomás. La agonía de los cristianos. Uruguay, 2001.

Cukier, Golde y Shabot, Esther. Panorama del Medio Oriente Contemporáneo. Editorial Nugali; México, 1988.

Eid, Camille. La inexorable fidelidad a una historia. Huellas – Litterae Communionis; México, 2002.

Kashan, Hilal. The Forgotten Arabs. The Review; Australia, 2001.

Slonin, Inda. Los cristianos del Medio Oriente. Línea Directa con Israel y Medio Oriente; Israel, 2001.

Puertas Abiertas. Guía de seguridad 2026. www.puertasabiertas.org./es-Es

 

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