Tribuna Israelita

La población árabe de Israel

Israel fue establecido como la patria del pueblo judío y los judíos constituyen, de hecho, la mayoría de su población. Sin embargo, la sociedad israelí está conformada por una gran variedad de culturas, nacionalidades y religiones.

 

Los árabes israelíes son ciudadanos del Estado de Israel de lengua materna árabe, que en gran medida son descendientes de los habitantes árabes del Mandato Británico de Palestina que quedaron dentro de las fronteras de Israel tras la Guerra de Independencia de 1948. Constituyen, deacuerdo al censo de 2025, el 21.1% de la población total del Estado y pese a que son nombrados colectivamente ciudadanos árabes de Israel, incluyen una serie de grupos distintos, en su mayoría de habla árabe pero cada uno con características propias de su grupo. De acuerdo a su tasa de natalidad, se prevé que con el ritmo actual, en poco tiempo representen una cuarta parte de la población total de Israel.

 

Desde el inicio, los fundadores de Israel aspiraron a construir una sociedad verdaderamente democrática y para ello otorgaron, prácticamente desde el primer momento, la nacionalidad israelí a los habitantes de origen árabe. De hecho, el recién creado Estado se comprometió a otorgarles una ciudadanía igual y completa, y con representación en todos sus cuerpos e instituciones, así como a mantener una completa igualdad política y social para todos sus habitantes, sin distinción de raza, sexo o credo. Garantizó la libertad de culto, de conciencia, idioma, educación y cultura a cada uno de sus residentes árabes, al igual que la protección y salvaguarda de todos los lugares santos independientemente de la religión a la que pertenezcan.

 

Aunque desde hace tres mi años siempre ha habido presencia judía en esa tierra, a finales del siglo XIX arribaron los primeros grupos de inmigrantes impulsados por el ideal sionista que buscaba la autodeterminación como nación en la tierra de sus ancestros, con los mismos derechos que el resto de las naciones. Se asentaron en regiones desocupadas y en terrenos adquiridos a propietarios árabes que estuvieron dispuestos a venderlos por fuertes sumas de dinero, provenientes de filántropos judíos que apoyaban el incipiente regreso a la patria ancestral. También se incorporaron a las ciudades ya existentes creando nuevos barrios, como es el caso de Tel Aviv, fundada oficialmente en 1909.

 

Al finalizar la Primera Guerra Mundial, el Medio Oriente se dividió en zonas de influencia entre las grandes potencias. En 1920 los británicos recibieron de la Liga de las Naciones el mandato sobre Palestina, territorio que incluía ambas márgenes del Río Jordán, desde el Mediterráneo hasta Arabia e Irak, con Líbano y Siria al norte y Egipto al sur. El objetivo era el de administrar los pueblos que habían formado parte del Imperio Otomano, hasta que alcanzaran la autosuficiencia, incluyendo “asegurar el establecimiento de un hogar nacional judío… y salvaguardar los derechos civiles y religiosos de todos los habitantes de Palestina.”

 

En 1922 los británicos cedieron el 74% del territorio de Palestina al Reino de Transjordania y el 26% restante permaneció como parte de su mandato con una población tanto judía como árabe. Esta última comenzó a forjar una identidad nacional que se vería fortalecida con el pasar de los años, particularmente a raíz de la creación del Estado de Israel y al ser prácticamente ignorados por el resto del Mundo Árabe, mismo que nunca pretendió integrarlos en su seno, sino utilizarlos como arma ideológica y geopolítica.

 

Tras la Guerra de Independencia de Israel en 1948, los árabes palestinos se encontraron dispersos mayoritariamente en Jordania, Egipto, Líbano y el Estado judío. En el caso particular de Israel, en su Declaración de Independencia se “exhorta a los habitantes árabes a mantener la paz y a participar en la construcción del Estado, sobre la base de plenos derechos civiles y de una representación adecuada en todas sus instituciones provisionales y permanentes”.

 

De 1948 a 1967 las condiciones de vida de los árabes israelíes experimentaron un desarrollo significativo, aunque no al mismo ritmo que el resto de la población. Se crearon nuevas fuentes de empleo e instituciones de estudio, se integraron al sistema socializado de salud, disminuyendo el índice de mortalidad. Inclusive, en 1952 se promulgó una ley que les otorgó formalmente la ciudadanía con lo que adquirieron legalmente los mismos derechos y obligaciones que cualquier otro ciudadano de Israel.

 

A partir de junio de 1967, a raíz de la Guerra de los Seis Días, la situación de los árabes israelíes cambió de forma sustancial. Los árabes palestinos residentes de Gaza y Cisjordania, donde Egipto y Jordania, respectivamente, los mantuvieron como refugiados desde 1948, pasaron a vivir bajo el control del gobierno israelí. El acercamiento entre ambas poblaciones propició que, tras un largo periodo de aislamiento durante el cual parecía legítimo afianzar una identidad propia diferente a la palestina, los árabes israelíes reforzaran una identidad nacional palestina, pero a la vez tomaran conciencia de que no podían adaptarse a condiciones de vida que les eran ya ajenas. Así, en forma simultánea asumieron su identidad palestina pero reforzaron su sentido de pertenencia a la sociedad israelí. Esta ha sido una tensión dinámica entre los dos mundos, pues la mayoría apoya la causa palestina, pero no busca la desaparición de Israel y sí una coexistencia pacífica con la población israelí y el ser reconocidos por ella como parte legítima de la historia de esa tierra, con su identidad cultural.

 

Las tendencias radicales y el fervor nacionalista se vieron apuntaladas por el inicio de la Intifada cuando los árabes israelíes inspirados por la revuelta de los palestinos en los territorios de Gaza y Cisjordania entre 1987 y 1993, se adhirieron a esta nueva etapa en la lucha por la autodeterminación nacional. A pesar de que en gran medida la participación de los árabes israelíes en la Intifada fue indirecta, el incremento en el fundamentalismo islámico ha sido un elemento central en los aislados actos de violencia perpetrados por los árabes israelíes.

 

Con más de 2 millones de habitantes, los árabes israelíes se concentran en tres zonas principalmente: Galilea, en el norte; en una región llamada el Triángulo, más al centro del país, junto a la zona de Cisjordania, y en parte del desierto del Néguev, al sur. Un 71% vive en 116 localidades de mayoría árabe, siendo Nazaret la ciudad con mayor porcentaje de población árabe. Un 24% vive en ciudades de mayoría judía como Yaffo, Haifa, Ramla o Lod y el 5% restante corresponde a la mayoría de las comunidades de beduinos en el Néguev.

 

La existencia separada de los árabes israelíes se ve facilitada por el uso del árabe como idioma común, la existencia de medios de comunicación, literatura y teatro en árabe, un sistema escolar separado, y el funcionamiento de cortes musulmanas, drusas y cristianas que determinan en materias de status personal.

 

Los ciudadanos árabes del Estado comprenden cuatro grupos: tres de orden religioso (musulmanes, cristianos y drusos) y un cuarto relacionado con el modo de vida (beduinos). Alrededor de 72% de estos ciudadanos árabes son musulmanes, 9% son cristianos en sus distintas ramas, otro 9% aproximadamente son beduinos y alrededor del 10% practican diversas corrientes del islam, como es el caso de los drusos. El crecimiento de los árabes musulmanes y cristianos en Israel no es comparable debido a que la tasa de natalidad de los musulmanes es mucho mayor.

 

Los árabes musulmanes, la mayoría sunitas, viven principalmente en aldeas y pueblos pequeños, más de la mitad de ellos en el norte del país. Aproximadamente el 25% de los niños nacidos actualmente en Israel son musulmanes, y en consecuencia, la población musulmana de Israel es mayoritariamente joven. Las cifras indican que el 42% de los musulmanes de Israel son niños menores de 15 años, comparado con el 26% de la población judía. A su vez, el porcentaje de personas mayores de 65 años es menor al 3% entre los musulmanes, comparado con un 12% entre los judíos.

 

Por su parte, los árabes cristianos, además de ser la única comunidad cristiana del Medio Oriente que registra crecimiento, ha logrado notables avances en materia de educación y salud. De hecho, representan más de la cuarta parte de la fuerza de trabajo árabe, y se distinguen por una mayor participación de las mujeres en el área laboral. Habitan en su mayoría en zonas urbanas, que incluyen Nazaret, Shefaram y Haifa. A pesar de que existen muchas denominaciones representadas nominalmente, la mayoría de los miembros de la comunidad pertenecen a la Iglesia Católica Griega, Griega Ortodoxa y Católica Romana.

 

Los beduinos, árabes musulmanes sunitas, en 1948 optaron por la neutralidad, aunque algunos apoyan hoy la causa palestina. Pertenecen a unas treinta tribus, cuya identidad se refleja en su modo de vida; la mayoría de ellas están dispersas en una amplia región en el sur del país. Habitan más de 300 mil en el desierto del Néguev principalmente, pero también en la Galilea y en el Valle del Jordán y mantienen hasta hoy en día características de vida seminómada sin aspiraciones nacionales. En muchos casos siguen viviendo en tiendas en el desierto con pocos servicios estatales e infraestructura limitada y se han negado rotundamente a asentarse en ciudades organizadas, sin embargo, en la actualidad están pasando por un proceso lento de transición de un marco social tradicional tribal y patriarcal a una sociedad sedentaria y gradualmente se han ido incorporando a la fuerza laboral del país y experimentando la participación femenina en la sociedad. Los jóvenes beduinos que sirven al ejército israelí de manera voluntaria son reconocidos por sus habilidades como rastreadores y por su lealtad al Estado.

 

Los drusos, ciudadanos ejemplares y sin aspiraciones nacionales, han cooperado con el Estado de Israel desde sus inicios. Viven en 22 aldeas al norte de Israel y constituyen una comunidad cultural, social y religiosa separada, pero abierta a la educación moderna. Aunque la religión drusa es inaccesible para los extraños, es sabido que uno de sus preceptos se refiere a una total lealtad de sus fieles al gobierno del país en el que residen. Ocupan posiciones importantes en el gobierno y el ejército. Como pueblo de larga tradición guerrera, a petición de sus dirigentes, sus hombres (a excepción de los de los Altos del Golán) han servido en el ejército de Israel, como voluntarios al principio, y como reclutas a partir de 1956, donde sirven a menudo en las tropas de élite y gozan de gran respeto. Esto ha fortalecido sus lazos con el país y le ha aportado movilidad social.

 

A pesar de ser un Estado con mayoría judía, el gobierno de Israel ha realizado importantes esfuerzos para mejorar las condiciones de vida de su población árabe. A su vez, el poder judicial cumple una importante función en la promoción de la igualdad en la sociedad israelí. Los tribunales están obligados a recibir todos los asuntos sin importar la religión, nacionalidad o raza del demandante. Cualquier irregularidad al respecto es investigada cuidadosamente y sancionada en caso de ser necesario.

 

Activistas y organizaciones integradas por árabes y judíos se reúnen para tratar de analizar y promover mejoras para la minoría árabe. Los árabes israelíes participan en todos los aspectos de la vida nacional del país. Cuentan con sus propios partidos políticos, además de tener representación en el Parlamento. De hecho, los ciudadanos árabes de Israel participan en la democracia de su país con mayor libertad y más activamente que en cualquier otro país árabe. Su participación política se manifiesta en las elecciones nacionales y municipales. Ellos manejan los asuntos políticos y administrativos de sus municipios y representan los intereses árabes a través de sus ministros electos en la Knéset (Parlamento israelí), que actúan en la arena política para verificar y promover la situación de los grupos minoritarios así como su participación en los beneficios nacionales. Con el tiempo, el sector árabe ha adquirido mayor importancia en el ámbito político.

 

Los árabes israelíes gozan de una total libertad de prensa, y a pesar de que tienen los derechos y obligaciones de todos los ciudadanos israelíes, con el fin de evitar el dilema de una lealtad problemática, se encuentran exentos de servir en el ejército.

 

En el caso de la mujer, la legislación que establece la igualdad de derechos así como la prohibición de la poligamia y el matrimonio de menores ha beneficiado al sector árabe femenino.

 

Al igual que con otras minorías étnicas del país, las actividades culturales árabes y la preservación de su legado son promovidos por diversas entidades gubernamentales y voluntarias que ofrecen asistencia. El árabe es el segundo idioma oficial de Israel, y se enseña en las escuelas públicas con el fin de promover un mayor contacto entre judíos y árabes, estrechar lazos comerciales con la población local y aprender acerca de su historia, costumbres y tradiciones. En la actualidad, el árabe se enseña en unas 600 escuelas israelíes, y la asignatura comprende gramática, sintaxis, expresión, lectura y estudio de la literatura árabe clásica y moderna, lectura de periódicos y conocimiento del mundo musulmán. Más aún, la mayoría de las escuelas del magisterio cuentan con un departamento de estudios árabes para preparar profesores.

 

La Histadrut (Federación Israelí de Sindicatos) otorga particular atención a la cultura y a la literatura árabe. Para ello, fundó el Instituto judeo-árabe que publica la revista literaria bilingüe Mifgash L´iqa (Encuentro) que contiene artículos, poemas y cuentos en la lengua original de los autores, junto con una traducción al otro idioma. Su objetivo es estrechar los lazos entre ambos pueblos y promover el estudio del idioma del otro.

 

La literatura árabe ocupa un lugar importante en la sociedad y en la vida académica de Israel. Los estudiantes pueden obtener conocimientos de literatura árabe clásica o moderna desde el primer ciclo de su carrera universitaria. Inclusive, se presupone que los estudiantes no son capaces de entender la literatura árabe moderna sin un conocimiento profundo de la poesía árabe antigua, el Corán, la historia del islam y otros escritos de índole religiosa, por lo que se imparten cursos sobre dichos temas.

 

En palabras del Profesor Menajem Milson, decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad Hebrea de Jerusalem, fundada en 1925,  “los fundadores de la Universidad Hebrea tenían otro incentivo para cultivar los estudios árabes e islámicos: el deseo de establecer puentes de entendimiento con sus vecinos árabes. Un examen más pormenorizado devela una mezcla de razones: por una parte, altos ideales de paz y fraternidad – tenían incluso fe en que los árabes y los musulmanes se sentirían profundamente conmovidos cuando vieran a los judíos inmersos en el estudio de la cultura y, en consecuencia, los mirarían con confianza y simpatía – y, por la otra, un anhelo pragmático de facilitar a los jóvenes judíos el aprendizaje de las lenguas de los países vecinos que les permitirían familiarizarse con su sociedad, economía y cultura”.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

RUBINSTEIN, Amnon. “Israeli Arabs and Jews. Dispelling the Myths, Narrowing the Gaps”. The American Jewish Committee, The Dorothy and Julius Koppelman Institute on American Jewish-Israeli Relations. Estados Unidos, 2004.

Sitio web del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel. www.mfa.gov.il

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DANOR, José. “La Población Árabe de Israel”. Línea Directa con Israel y Medio Oriente. Israel, enero de 2007.

CENTRO DE INFORMACIÓN DE ISRAEL. “Hechos de Israel”. Jerusalem, Israel 2006

 

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