Tras el fracaso de las negociaciones sobre el programa nuclear iraní, el pasado 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron una operación militar conjunta contra Irán, que inició con ataques coordinados a instalaciones militares, centros de mando, sistemas de defensa aérea, bases navales y sitios vinculados al programa nuclear y de misiles balísticos.
Los objetivos principales de la campaña – llamada en Israel “León Rugiente” y en Estados Unidos “Furia Épica”- es destruir la capacidad de Irán para lanzar misiles de largo alcance, neutralizar su flota y frenar cualquier avance hacia la obtención de armas nucleares así como eliminar lo que Israel considera una “amenaza existencial” y debilitar la estructura de poder del régimen.
Los primeros ataques incluyeron bombardeos contra el complejo del líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei, así como contra altos mandos militares y organismos de seguridad. Posteriormente, se confirmó que Khamenei murió durante los bombardeos, junto con otros dirigentes.
En los días siguientes, la ofensiva se amplió a instalaciones de producción de misiles, depósitos, lanzadores móviles y complejos vinculados al enriquecimiento de uranio, incluido el sitio de Natanz. También fueron atacadas sedes de la Guardia Revolucionaria, fuerzas de seguridad interna y estructuras utilizadas para la represión de protestas.
Irán respondió con una amplia campaña de represalias, lanzando cientos de misiles balísticos y miles de drones contra Israel y contra países del Golfo que albergan bases estadounidenses, como Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Qatar, Kuwait y Arabia Saudita. Aunque muchos proyectiles fueron interceptados, varios impactaron zonas civiles y militares, causando víctimas en Israel y en otros países de la región, así como bajas entre militares estadounidenses.
Paralelamente, el 2 de marzo, el grupo integrista Hezbolá, aliado de Irán en el Líbano, disparó cohetes y drones contra el norte de Israel por primera vez desde el alto el fuego de 2024, abriendo un nuevo frente en la guerra.
En respuesta, las Fuerzas de Defensa de Israel ampliaron su campaña militar contra infraestructura y posiciones de Hezbolá en el Líbano, especialmente en el sur y en los suburbios de Beirut, debido a que se trata de una amenaza directa apoyada por Irán.
Hasta el momento, ha realizado más de 1,600 salidas aéreas contra objetivos en Irán, mientras que Estados Unidos confirmó miles de ataques contra infraestructura militar y sistemas de misiles, con el objetivo inmediato de reducir al máximo la capacidad iraní —y la de sus aliados regionales— de lanzar nuevos ataques.
Información e imagen: Fuerzas de Defensa de Israel y Foundation for Defense of Democracies











