Un silencio violento. Isak Haras

Veo a mis hermanos afligidos por el dolor, no del pánico de ser atacados, sino de la falta de mención, de denuncia, de reclamos. Tras las situaciones políticamente inestables vividas en Israel en las últimas semanas, los crímenes de odio en las grandes urbes del mundo han visto un ascenso meteórico, y muy escasa documentación al respecto, por parte de los medios, de las redes y de otros movimientos antirracistas. Muchos judíos han llenado sus redes y medios de expresión de cuadros azules, mensajes de cuestionamiento y peticiones para denunciar el antisemitismo. La gran pregunta es, ¿por qué toda la gente que pasó el último año protestando los crímenes de odio contra otras minorías, ahora está en silencio, o incluso justificando estas acciones?

            Déjense asuntos políticos al margen de esta discusión. Las acciones el gobierno de Israel pueden ser objeto de debate, siempre que este sea sano y respetuoso (que no lo es, pero dejemos ese tema para otra ocasión). ¿Debe ser normalizado que un judío no pueda caminar en Los Ángeles tranquilamente, ir a un restaurante y regresar a casa sano y salvo, porque alguien lo puede identificar como judío y atacarlo por el simple hecho de serlo? Este no es un caso hipotético; esto sucedió el 18 de mayo de 2021 y fue documentado en video. Sí, 2021, no 1942. Este no es el único ataque, ya hay lesionados por violencia física en altercados de Nueva York, Londres y Berlín. En Londres, protestas se escucharon utilizando las frases como “violen a las hijas de los judíos”. Por supuesto, la gente no pasó días condenando la situación, sino que algunos hicieron un intento por justificar que este era un legítimo acto de libertad de expresión contra Israel, a pesar del uso expreso de la palabra “judíos”, y que en cualquier caso, es imperdonable sugerir que se viole a una mujer. Ahora, se han escuchado personas diciendo que “Hitler tenía razón”, incluso de miembros de minorías que también fueron masacradas por los nazis. De nuevo, 2021, no 1942.

            Y entonces, ¿por qué nadie se siente indignado? Parecería que la gente que justamente alzó la voz por la violencia contra la población de tez negra el año pasado, la gente que se estremeció con los ataques contra personas asiáticas hace unos meses y aquellos que han dedicado sus vidas a denunciar otros tipos de violencia, debería tener algo que opinar sobre todo esto. ¿Por qué se han ausentado? Seguramente, esta pregunta tiene una respuesta multifactorial, pero por límites de espacio, hablemos de algunas de las causas más incómodas de aceptar, para visibilizar por qué el antisemitismo no genera el mismo revuelo que los incidentes análogos contra otras minorías.

            Los grupos y movimientos antirracistas suelen tener una ideología subyacente, que va más allá de su causa principal. Muchos de estos grupos, más allá de intentar concientizar sobre el racismo, han impulsado agendas políticas y económicas. La gran mayoría de estos movimientos han revelado tener una agenda anticapitalista, socialista y en ocasiones anarquista. Una posible explicación a lo anterior es que al propugnar por derechos de personas invisibilizadas, plantean sus desigualdades en términos de un rezago económico o en un bloqueo estructural apoyado desde los gobiernos para evitar brindar oportunidades a estas minorías. Con el judaísmo, funciona de una manera muy distinta, pues la percepción pública, en muchas ocasiones falaz y demostrativa de una enorme ignorancia, radica en que la comunidad judía es una especie de Estado profundo, omnipotente, obsesionado con la acumulación excesiva de recursos monetarios y que manipula todo a su favor. Un ejemplo reciente es la entrevista del ministro del exterior de Pakistán, que sugirió que los judíos habían perdido la guerra mediática en el conflicto, a pesar de controlar los medios. Evidentemente, este tipo de declaraciones revelan la falsedad que existe atrás de la absurda conspiración que se ha vendido mediáticamente sobre el “poder judío”, y que habitualmente culpa a familias judías como los Rothschild por problemas diversos. ¿Y qué tiene esto que ver con el silencio ante el antisemitismo de todos aquellos que protestan el odio dirigido hacia las demás minorías? Bueno, sucede que los seguidores de otros grupos antirracistas (no todos, pero una gran parte de ellos) se silencian ante un ataque antisemita, porque partiendo de una ideología como la que ya fue mencionada, no vale la pena defender a un grupo “poderoso” y “adinerado”, como dicta el ignorante estereotipo, del odio. Entonces, lo que muchos de aquellos activistas rechazan no es realmente el odio, sino una noción preconstituida de poder, que los hace pasar por alto un crimen de odio contra una persona que ellos perciben como parte de un núcleo de poder, a pesar de que desconocen la particular situación de la persona en cuestión. Verdad incómoda, no obstante, verdad.

            Segundo, cualquier confrontación que dé pie a criticar a Israel desata, ipso facto, una ola de antisemitismo. De nuevo, ¿por qué un sujeto judío no puede salir de un restaurante en Los Ángeles pacíficamente sin que unos sujetos desconocidos se acerquen a golpearlo? ¿Esto también es “sana crítica” a Israel? La respuesta es no, en definitiva. Esto no tiene relación alguna con los sucesos de Medio Oriente, sino que es una expresión abierta de antisemitismo, que termina utilizando a una situación política como elemento de legitimidad en un acto de violencia que está fundado en un odio permanente de los perpetradores hacia los judíos, pero cuyos responsables saben elegir un momento para llevar a cabo el crimen de odio, sin que parezca algo ilegítimo, porque es fácil disfrazar el incidente de una crítica justa, e incluso ser celebrado por un gran número de personas como un “acto de libre expresión” contra algo que se opone a la moral colectiva. A diferencia de los odios contra otras minorías, cuya única fuente de legitimidad son argumentos absurdos de teorías de la conspiración y de supremacistas, el odio contra los judíos en el Siglo XXI se funda en una falsa idea de que hay un argumento legítimo para odiar a los judíos, por ser los responsables de un conflicto bélico de décadas, cuando ciertamente se habla de un complejo entramado de situaciones que la mayoría de la gente no entiende, no conoce y su único acercamiento a él depende de medios de información tendenciosos, que narran verdades a medias o mentiras en muchas ocasiones, y aparentemente, ahora también hay enorme influencia de celebridades que tienen enorme impacto mediático, y que opinan sin tener conocimiento de qué es lo que está sucediendo, generando más judeofobia y esparciéndola entre personas que nada conocen sobre el pueblo judío, pero que son fácilmente manipulables y se adueñan de una narrativa sobre la legitimidad de justificar actos antisemitas. De manera consciente o inconsciente, la gente comienza a reivindicar viejos libelos que dan pie a violentos crímenes de odio contra la población judía, y que son justificados ante la sociedad como “una defensa al pueblo palestino” (aunque la víctima sea alguien que jamás ha estado en la región del conflicto, ni opinado al respecto) o incluso algunos viejos tropos como “un ataque a una persona que devora sangre de menores”. Sí, realmente hay gente que aún cree en eso último, aunque sea un sinsentido total.

            Finalmente, ¿crees que lo narrado aquí es incómodo? Entonces imagina lo incómodo que es para nosotros saber que somos susceptibles a que alguien nos ataque en la calle solo por ser judíos, por cargar nuestra Estrella de David públicamente o por usar una kipá en la calle. Y ahora imagina aún cuánto más incómodo es saber que esto puede pasar y que a nadie le va a importar y nadie va a hablar de ello. Y ahora imagina cuánto más incómodo es saber que si sucede y hablan de ello, nos culparán de lo sucedido y recibirán con gloria al agresor. Si piensas que el odio contra la población judía vale menos que otros tipos de odio, entonces tu problema no es con el odio, sino con otra cosa, que probablemente no estás dispuesto a aceptar abiertamente.