Homenaje a la Solidaridad “Kol Hakavod”. Marcos Shabot*

   En la tradición judía está escrito que “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”. Hoy es tiempo de agradecer. A Dios, por permitirnos estar aquí, a los cientos de donadores, voluntarios y profesionales que han dado lo mejor de ellos mismos, y reconocer la maravillosa comunidad a la que tenemos el privilegio de pertenecer.
   Hoy todos debemos decir de nuevo Shehecheyanu, v'kiyimanu, v'higiyanu la'z'man ha'zeh

   Hace casi dos años la pandemia por el virus COVID-19 nos cimbró como comunidad por sus graves repercusiones en múltiples campos; no solamente en el de la salud sino también en el económico, psicológico y social.
   Una plaga moderna había surgido y cambió la vida tal como la conocíamos. Era como estar en el vacío o en un desierto a merced del viento que no sabes de dónde vendrá ni cómo será de fuerte.
   Nadie imaginó que íbamos a enfrentar un desafío como el que hemos vivido y por tanto tiempo; que nos sentiríamos todos tan frágiles; que tendríamos que reinventarnos para salir adelante; que las palabras Covid, cubrebocas, gel antibacterial, vacunas, sana distancia, cuarentena y pruebas se convertirían en parte de nuestro lenguaje cotidiano.
   Todos sufrimos con las familias, con las parejas que no podían hacer sus bodas, con los fallecimientos y las shives en solitario, con los cientos de personas que entraron al hospital, con el séder de Pésaj con las mesas vacías y los templos cerrados; con los abrazos anhelados; con los niños que dejaron de ver a sus amigos, con los abuelos que no podían convivir con sus hijos y nietos, con los padres, los profesores y las escuelas en sus nuevos roles a distancia.
   Escuchamos el dolor de nuestra gente y lloramos con ellos. Perdimos amigos, familiares, seres queridos, sin entender siquiera cómo se habían contagiado. Las ausencias nos marcaron tan profundamente.
   Todos nos sentimos vulnerables y con desesperación buscamos medicinas, oxígeno, ventiladores, oxímetros y camas de hospital.
   Noches de insomnio, días de angustia. Incontables zooms de horas con los presidentes de las comunidades, el Ejecutivo del Comité Central y Seguridad, en los que empezábamos sin saber qué hacer y terminábamos adoptando decisiones difíciles para cuidar a nuestra gente. Era como estar en una obscuridad total, y la idea de uno iluminaba nuestro camino, y nos iba contagiando de luz y esperanza.
   Esta pandemia ha sido el mayor reto en la historia comunitaria. Pero del tamaño de la amenaza ha sido el tamaño de la respuesta. Debemos estar muy orgullosos de lo que somos y de lo que tenemos.
   De ustedes, nuestros líderes y miles de voluntarios.
   De nuestra gente, porque nunca faltaron brazos, cabezas y corazones dispuestos a ayudar, porque siempre había alguien decidido a aportar, a conseguir lo que se requería, a proteger al necesitado. Todos levantaban la mano y decían “¿En qué más apoyo?”
   De las Comunidades que multiplicaron sus ayudas porque la vida seguía y había que salir adelante.
   De los médicos que de forma incondicional no dejaron de investigar y documentarse, atendiendo y cuidando a sus pacientes en todo momento.
   Del Call Center de Jerum que día y noche atendió miles de llamadas, escuchando a la gente y calmando sus preocupaciones.
   De los cientos de instituciones y sus profesionales que como siempre trabajaron por el bien común.
   El COVID ha sacado a relucir lo mejor de nosotros. Nuestra solidaridad y estructura, la fortaleza de nuestras organizaciones que a pesar de las dificultades que cada una enfrenta en particular, han hecho equipo y en unidad han brindado los servicios que se han necesitado tanto para los miembros de la comunidad como para nuestro querido México.
   Se nos impuso la sana distancia, pero nuestros corazones nunca habían estado tan cerca.
   Todos juntos desde el más pequeño hasta el más grande, en un llamado a la unidad, porque cuando estamos juntos hay unidad y hay fuerza.
   Este es el pasado y el presente, y nos lleva a un gran compromiso: se lo debemos a nuestros padres y abuelos, a hijos y nietos.
   Sabemos que la pandemia no ha terminado. Aún hay un largo camino por recorrer y no debemos bajar la guardia. Nos espera un futuro con retos importantes, debemos ser solidarios y seguir apoyando a quienes lo necesitan.
   Quiera D’ que podamos seguir reuniéndonos en fiestas y alegrías con plena salud y en mejores circunstancias.
   Servir a la comunidad en estos tiempos tan complicados ha sido difícil, pero también ha sido un privilegio. Agradezco también el tener la oportunidad de ser testigo de la fuerza, unión y solidaridad que nos caracteriza y que, en tiempos complicados, hace la labor menos difícil, y demuestra que juntos podemos y hacemos las cosas bien.
   Gracias a ustedes
   Todá La Hem
   
   *Marcos Shabot, Presidente del Comité Central de la Comunidad Judía de México
   **Palabras pronunciadas durante el evento de agradecimiento y reconocimiento “Homenaje a la Solidaridad ‘Kol Hakavod’” . 12 de diciembre, 2021