EL COMBATE AL ANTISEMITISMO

     En 1975, coincidiendo con el punto culminante de la Guerra Fría, se constituyó en Helsinki la Conferencia para la Seguridad y la Cooperación en Europa (CSCE). El acta final, firmada por los 35 estados participantes (Europa, Estados Unidos y Canadá), reconocía los derechos humanos como un principio fundamental entre los países.
     Durante 15 años, la CSCE celebró diversas conferencias. En 1994, durante la Cumbre de Budapest, la CSCE se transformó en la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), instancia responsable del manejo de crisis así como la prevención y resolución de conflictos. Con la disolución de la URSS, Yugoslavia y Checoslovaquia, el número de estados participantes se incrementó a 55 provenientes de Europa, América del Norte y Asia Central, convirtiéndola así en la más grande organización de seguridad a nivel mundial.

La dimensión humana
    
En junio de 1990, los representantes de la CSCE se reunieron en Copenhague, para dar seguimiento a los distintos acuerdos sobre derechos humanos establecidos en los Acuerdos de Helsinki de 1975. Los compromisos asumidos quedaron plasmados en la “Carta para la Nueva Europa”, que abordaba las prerrogativas de las distintas minorías étnicas. En su artículo 40.1 condena “el totalitarismo, el odio étnico y racial, el antisemitismo, la xenofobia y la discriminación; así como persecución por motivos religiosos o ideológicos”. La referencia específica al antisemitismo constituía un reconocimiento a la persistencia de un añejo fenómeno y sus perniciosos efectos en Europa y las sociedades modernas.
     En reuniones posteriores se destacó la necesidad de recolectar la información sobre crímenes basados en prejuicio racial, étnico o religioso; e implementar programas educativos y adoptar legislaciones para detener las manifestaciones de este fenómeno. En 1990, a través de la Carta para la Seguridad Europea, los países firmantes se comprometieron a contrarrestar las amenazas a la seguridad, como las “manifestaciones de intolerancia, nacionalismo agresivo, racismo, chauvinismo, xenofobia y antisemitismo”.
     En julio de 2002, tras el incremento de incidentes antisemitas en Europa occidental, la Asamblea Parlamentaria de la OSCE, un organismo integrado por legisladores de los 55 estados adoptó una declaración de condena en Berlín, reconociendo “el rol que el antisemitismo ha jugado en la historia de la humanidad como una gran amenaza a la libertad” y exhortando a las autoridades a “investigar los actos violentos motivados por la hostilidad a los judíos”.
     Como respuesta, en 2003 se celebró en Viena la primera Conferencia sobre Antisemitismo con la participación de prominentes personalidades y expertos en el tema. En dicho foro se discutió el origen del incremento en incidentes antisemitas en el mundo y las posibles soluciones. El gobierno alemán, por su parte, extendió una invitación para una segunda conferencia en 2004.

La reunión de Berlín
    
El 28 de abril de 2004 se inauguró en Berlín la Segunda Conferencia de Antisemitismo con la presencia de Johanes Rau, presidente alemán y Solomon Passy, Ministro de Relaciones Exteriores de Bulgaria y presidente en turno de la OSCE. Al inaugurar la reunión en la que participaron más de 800 personas representantes de gobiernos y organizaciones no gubernamentales, el Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Joschka Fischer, destacó que el antisemitismo es un problema que afecta a todas las personas: “Mientras hombres y mujeres de origen judío no se sientan seguros en nuestros países; mientras las sinagogas y los colegios judíos tengan que ser protegidos por la policía, debemos unir nuestras fuerzas en contra de la amenaza del antisemitismo. El antisemitismo es una declaración de guerra en contra de los valores básicos de nuestra sociedad; una sociedad que respeta al individuo y la dignidad humana. Las acciones para combatir cualquier forma de antisemitismo constituyen, en sí mismas, una acción a favor de la democracia”.
     “Espero” – concluyó Fischer- “que esta conferencia sea en sí misma una declaración de que la historia no se olvida, que la vigilancia es nuestro credo en el presente y nuestra responsabilidad en el futuro. Que el mensaje es que condenamos el antisemitismo en todas sus formas y que crearemos instrumentos para registrar y monitorear el antisemitismo para contrarrestarlo”.
     Durante los dos días de sesiones se discutieron diversos temas, entre ellos, el rol de los gobiernos, la sociedad civil, la educación y los medios masivos de comunicación en el combate del prejuicio y la promoción de la tolerancia.
     El 29 de abril, la OSCE dio por clausurada la conferencia, emitiendo el siguiente documento:

Declaración de Berlín
    
Reafirmando la Declaración Universal de Derechos Humanos, que establece que toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, religión o de cualquier otra índole,
     Recordando que el artículo 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y el artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos declaran que toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión,
     Recordando también las decisiones de los Consejos Ministeriales de Oporto y Maastricht así como anteriores decisiones y documentos de la OSCE, y comprometiéndose a intensificar los esfuerzos para combatir todas las manifestaciones de antisemitismo y para promover y reforzar la tolerancia y la no discriminación,
     Reconociendo que el antisemitismo, después del Holocausto, que fue su manifestación de máxima devastación, ha revestido nuevas formas y expresiones que, junto con otras formas de intolerancia, plantean una amenaza para la democracia y los valores de la civilización y, en consecuencia, para la seguridad general en la región de la OSCE y fuera de ella,
     Inquietos en particular por que esa hostilidad hacia los judíos — a título individual o a título colectivo — por motivos raciales, sociales y/o religiosos, se haya manifestado en ataques verbales y físicos y en la profanación de sinagogas y cementerios,
     1. Condenan sin reserva todas las manifestaciones de antisemitismo y todos los demás actos de intolerancia, instigación, acoso o violencia contra personas o comunidades, basados en el origen étnico o en las creencias religiosas, dondequiera que ocurran;
     2. Condenan también todos los ataques motivados por el antisemitismo o por cualquier otra forma de odio o intolerancia religiosos o raciales, incluidos los ataques contra sinagogas y otros lugares y locales religiosos y tumbas;
     3. Declaran sin ambages que la situación internacional o los asuntos políticos, inclusive en Israel o en cualquier otro lugar del Oriente Medio, no pueden justificar nunca el antisemitismo;
     Los Estados participantes se comprometieron a fomentar un entorno seguro, libre de acoso, violencia o discriminación antisemitas en todas las esferas de la vida y Luchar contra los delitos motivados por el odio, que pueden ser provocados por la propaganda racista, xenófoba y antisemita en los medios informativos y en Internet. Buscarán promover, además, programas educativos para combatir el antisemitismo y recordar la tragedia del Holocausto.
     Así mismo, solicitaron a la Oficina de Instituciones Democráticas y Derechos Humanos de la OSCE (OIDDH) que dé seguimiento a los incidentes antisemitas que se perpetren, y recopile y divulgue sistemáticamente en toda la zona de la OSCE información sobre las mejores prácticas para prevenir el antisemitismo y responder a ese problema y, si se le pide, que brinde asesoramiento a los Estados participantes en sus esfuerzos para combatir el antisemitismo.