“NUEVO ANTISEMITISMO” EN EUROPA

A comienzos del siglo XXI estamos descubriendo que los judíos forman parte nuevamente de selectos objetivos de violencia”. Pierre André Taguieff, historiador francés.

     A partir de septiembre del 2000, cuando los palestinos decidieron optar por la violencia y rechazar las negociaciones de paz, se desató la más dramática ola de antisemitismo en la región desde la Segunda Guerra Mundial.
     Los hechos hablan por sí solos. En Francia, sinagogas, escuelas, cementerios y otras instituciones judías han sido atacados y cientos de judíos han sido objeto de agresiones verbales y físicas. Una ola similar de violencia se ha propagado a otros países europeos como Inglaterra, Alemania, Dinamarca y Bélgica. Seis décadas después de la desaparición de cientos de comunidades judeo-europeas, muchos judíos temen por su integridad física.

     A diferencia del antisemitismo tradicional, de marcada connotación religiosa o racial, el nuevo antisemitismo se expresa básicamente en un discurso político fuertemente crítico hacia el Estado de Israel. Numerosos historiadores definen este fenómeno como un “nuevo antisemitismo”, un hito en la larga y obscura historia de hostilidad a los judíos que caracterizó por siglos al continente. Sin embargo, el antisemitismo disfrazado de condena a Israel y al sionismo no es algo nuevo. Durante años, quienes quisieron expresar su animadversión hacia los judíos –sentimiento que por lo general no era aceptado socialmente- ventilaban su frustración manifestando su oposición a Israel.
     Hoy en día, la distinción entre antisemitismo y antisionismo se ha diluido. Resulta claro que el conflicto en Medio Oriente se ha convertido en el desencadenante de la verbalización de sentimientos antijudíos que estaban reprimidos en ciertos círculos sociales europeos. Detrás de los argumentos ideológicos y políticos, afloran los viejos prejuicios antisemitas.
     Este “nuevo antisemitismo” no ha quedado confinado a los estratos marginados de la sociedad, en donde solían agazaparse las fuentes usuales de antipatía virulenta y visceral contra los judíos. Por el contrario, estos sentimientos se expresan ahora de una manera abierta incluso en los niveles más elevados de la misma.
     Esta situación se refleja en las grandes universidades de Europa, convertidas paulatinamente en incubadoras de antisemitismo. Académicos de la Universidad de Bruselas, como el Prof. Joel Kotek, afirman que los judíos que simpatizan con el sionismo y con el Estado de Israel, han sido marginados: “La posición personal en relación al conflicto árabe-israelí se ha convertido en una prueba de lealtad. Quien exprese su solidaridad con Israel, es considerado simpatizante de un régimen nazi”.

El factor musulmán
    
Desde la década de los cincuentas, cuando Europa occidental resurgía de la devastación ocasionada por la Segunda Guerra Mundial, los llamados gastarbeitr -trabajadores huéspedes- comenzaron a llegar a ocupar los empleos que los europeos rechazaban. Una gran parte de los inmigrantes provenía de países musulmanes, particularmente de Turquía y del norte de África. A pesar de que la mayoría pensaba regresar a sus países de origen, muchos permanecieron y establecieron su hogar en el viejo continente.
     En los últimos años, cientos de miles de musulmanes inmigraron a los países europeos atraídos por la posibilidad de prosperar. Actualmente, hay alrededor de 20 millones de musulmanes en Europa. En Francia habitan cuando menos 4.2% millones de musulmanes, sin considerar a los dos o tres millones que se encuentran residiendo en forma ilegal. En Gran Bretaña la población islámica supera el millón y en Alemania se calcula en 3.2 millones. Hay 700,000 musulmanes en Italia, 600,000 en Holanda, 400,000 en España y en ciudades como Copenhague, representan el 10% de toda la población. El islam se convirtió así en la religión con el mayor índice de crecimiento en la región.
     Recientemente se ha podido constatar un incremento en la religiosidad de estas comunidades. En muchos casos, los elementos más fanáticos han tomado el control e inculcan en sus seguidores el odio.
     A la luz de la Intifada al-Aksa, el resentimiento de los inmigrantes musulmanes hacia los judíos se alimentó de las imágenes transmitidas por los medios de comunicación. Las comunidades locales se convirtieron en objetivos legítimos de ataque. Jóvenes con grandes carencias económicas encontraron tentador descargar su frustración contra las veteranas comunidades judías.

La responsabilidad europea
    
Gran parte de la responsabilidad por las acciones violentas en contra de los judíos recae en las élites europeas por permanecer, en la mayoría de las veces, pasivos ante los actos antisemitas y haber generado un ambiente en el que el odio hacia los judíos no es considerado una conducta inaceptable.
     Paralelamente, la violencia árabe es aceptada silenciosamente y se busca contextualizar o justificar las acciones terroristas. De hecho, los judíos y el Estado de Israel han sido víctimas de una intensa campaña de difamación pública, en la que incluso se les señala como “los nuevos nazis”. En cierra forma, se recompensa a quienes utilizan el terror.
     El fracaso de los europeos para movilizar una oposición efectiva ante el torrente de antisemitismo ultrajante que inundó la Conferencia Mundial en Contra del Racismo celebrada en Durban en septiembre del 2001, demuestra que la hostilidad hacia los judíos no es un sentimiento marginal. En forma significativa, las acciones de quieres “secuestraron” la Cumbre y la convirtieron en un festival de odio -como fue el caso de Irán, Irak, Libia y Siria- fueron tranquilamente aceptadas.
     Este modelo inspiró la acción del nuevo antisemitismo europeo, dotándolo de una mezcla de argumentos ideológicos, con motivos claramente racistas y antisemitas al estilo más tradicional. Es un hecho que esta política europea tendrá consecuencias existenciales para el futuro del continente, mismo que en más de una ocasión ha demostrado las secuelas de permitir la existencia de un odio devastador.

El factor político
    
Las nuevas manifestaciones antisemitas se derivan también, en gran medida, de los grupos de izquierda que han transformado la simpatía por la causa palestina en un proceso de demonización del Estado de Israel matizado con tintes antisemitas. La acusación formulada por el escritor portugués y Premio Nobel de Literatura, José Saramago, de que Israel ha sido culpable de recrear Auschwitz en Ramalá es el ejemplo más claro del tono que han cobrado las declaraciones de los sectores de izquierda.
     Al omitir la responsabilidad de los ataques terroristas palestinos y enfocarse únicamente en las medidas represivas de Israel, diversos periodistas y analistas dan a entender que las acciones israelíes tienen un carácter genocida. Este proceso de acusaciones monolíticas en contra de Israel no ha sido revertido ni contra-argumentado por los gobiernos europeos, quienes de esa manera han permitido que las incriminaciones recaigan únicamente sobre Israel y los judíos.
     La aparición de este nuevo antisemitismo ha generado una gran tensión en el seno de las comunidades judías del Viejo Continente agudizando la sensación de inseguridad personal. La “exportación” del conflicto del Medio Oriente destaca la paradoja histórica en que se ve inserto el movimiento sionista, una de cuyas aspiraciones centrales es la de ofrecer seguridad a las minorías judías perseguidas a través de su concentración territorial en un Estado propio. Desafortunadamente en la práctica, los acontecimientos históricos se han desarrollado de tal modo que la inseguridad judía se ha acentuado tanto en la tierra de Israel como en la diáspora.

Bibliografía

Ablin, Mario. “El nuevo antisemitismo: una mezcla de conceptos”. Aurora. Israel, 2002.
Gordon, Murria. “The New Antisemitism in Western Europe”. The American Jewish Committee. Estados Unidos, 2002.
El “Nuevo Antisemitismo”. Congreso Judío Latinoamericano. Argentina, 2002.
Informe Especial. “Súbito aumento del antisemitismo en Europa Occidental”. Mundo Judío. Chile, 2002.