En los últimos 25 años y a raíz de la Declaración Nostra Aetate, publicada en 1965, las relaciones judeo-cristianas se han transformado. Las confrontaciones y diferencias han dado pie al diálogo que ha llevado a la distensión y la reconciliación.
Las relaciones diplomáticas representan comúnmente el respeto recíproco entre dos entidades. En el caso particular de Israel y el Vaticano, la historia para alcanzar esas relaciones ha sido compleja ya que en ella se entrelazan aspectos históricos, culturales y políticos.
El pasado 16 de marzo, el Vaticano presentó el documento Recordamos: Una Reflexión sobre la Shoa en el que, de forma oficial y por primera vez, admite y deplora profundamente la insensibilidad de muchos cristianos frente al Holocausto.
Texto íntegro del documento
En la visita que el Papa Juan Pablo II realizó a la Sinagoga de Roma el 13 de abril de 1986, pronunció un memorable discurso sobre las relaciones judeocristianas. En este acuñó una expresión que viene a ser un ícono del aprecio que los cristianos han de tener por la comunidad judía: la expresión es "Sois nuestros hermanos predilectos, y en cierto modo podría decirse nuestros hermanos mayores".
La relación entre el judaísmo y el cristianismo no es la relación entre dos religiones extrañas que se encuentran en su devenir histórico. Al contrario, el cristianismo reconoce desde su origen, y de manera particularmente explícita desde el Concilio Vaticano II, su filiación, su relación, su íntimo nexo con el judaísmo, como de quien ha recibido a Jesús, como de quien ha heredado la Sagrada Escritura, como el pueblo de la promesa que se ha realizado en Cristo.
Las relaciones entre la Iglesia católica y el judaísmo han tenido ciertas dificultades a través de la historia. Sin embargo, superando las barreras del prejuicio y sin negar los dolorosos desencuentros, la reconciliación a través del diálogo entre las dos religiones ha sido posible en los últimos años. Partiendo del vínculo espiritual que los une y sin negar sus diferencias, las relaciones entre judíos y cristianos han sido puestas en una nueva base sólida desde donde se podrá construir un futuro prometedor.
Sin lugar a dudas, la figura del Papa Juan Pablo II tiene un carácter muy especial para el pueblo judío y será recordado como un hombre de paz que consideró el diálogo judeo-cristiano como una prioridad en su Pontificado. Desde que entró en escena el 16 de octubre de 1978, demostró su profunda convicción de establecer vínculos con el judaísmo mundial.