
Gracias.
Qué tal amigos, muy buenas tardes.
Licenciado Óscar Gorodzinsky, Presidente del Comité Central de la Comunidad Judía en México.
Estimado Ishie Gitlin, Presidente del Centro Deportivo Israelita.
Señoras y señores líderes de las comunidades de diferentes orígenes aquí en México y en distintas ciudades del país.
Amigas y amigos de la Comunidad Judía.
Amigas y amigos:
Buenas tardes.
Me da mucho gusto reunirme con ustedes y yo diría que, además, finalmente esta tarde. Digo, finalmente, porque teníamos una cita pendiente en octubre, precisamente, para los primeros días de noviembre, cuando lamentablemente fue el accidente en que falleció Juan Camilo Mouriño, y eso nos obligó a posponer las cosas.
Luego teníamos otro compromiso, cuando recibimos a Óscar y a otros dirigentes en Los Pinos y nos veríamos en la gran cena, muy esperada por todos, anhelada, con el Comité Judío Americano, en Washington, que iba a ser, precisamente, el 3 de mayo; es decir, en plena epidemia de influenza.
Y, vaya, han sido meses difíciles, pero finalmente hoy este reencuentro, que nos llena de alegría, puede darse y aquí, en el Centro Deportivo Israelita.
Ciertamente, he tenido varios encuentros en diferentes facetas con la comunidad. Recuerdo que nos reunimos hace mucho tiempo, cuando yo era dirigente del PAN, con los líderes de las comunidades, creo que en el Centro Sefaradí, de la Comunidad Sefaradí, si mal no recuerdo; luego estuve aquí, en el Deportivo Israelí, en varias ocasiones. Una vez, efectivamente, jugamos fútbol, qué bueno que Ishie no mencionó el marcador, porque sí, no fue muy honroso entonces.
Luego tuve oportunidad de reunirme con ustedes como candidato y, posteriormente, aquí mismo, ya como Presidente de la República; y hoy, desde luego, en esta reunión. Además, me alegra mucho estar aquí, amigas y amigos, porque siempre lo he dicho y lo reitero, siempre he expresado mi profunda admiración por la Comunidad Judía en el mundo, el pueblo judío y por la Comunidad Judía en México; por su cohesión, por su trabajo, por su perseverancia, por su solidaridad, por su gran sentido humano; por su sólida defensa, precisamente, de la pluralidad y de la tolerancia; por su vigencia de tradiciones que, contrario a lo que se piensa, los fundadores de tradiciones no son quienes miran al pasado, sino quienes miran al futuro con bases sólidas, decía Carlos Castillo Peraza.
Y además, estoy convencido de que muchos de los valores y de las ideas que yo mismo tengo, tienen una de sus más sólidas raíces, precisamente, en las raíces de la nación hebrea.
Y sé que ahí está también una raíz fundamental de la cultura occidental y universal, la base de nuestras más preciadas ideas y principios de pluralidad, de tolerancia, de valores.
Y, por ello, desde luego que el pueblo judío, el Pueblo de Libro, tendrá siempre mis mayores consideraciones, independientemente de nuestra simpatía también para muchas cosas que han sido importantes para nosotros.
Con la Menorá que ustedes me regalaron la última vez que vine, celebramos también la Pascua, ciertamente, nuestro rito en la casa; la encendemos y nos acordamos de todos y, desde luego, de la Comunidad Judía y de nuestros hermanos, como hacemos en esa noche significativa.
Tenemos la Mezuzá en la puerta de la Casa 1, la cabaña que le dicen; para nosotros es la Casa 1, ahí, en Los Pinos, donde estamos y, desde luego, como me lo dijeron, guardo, cerca de mi escritorio tengo el Libro, la Biblia, y ahí sé que estoy abrigado y protegido por muchas bendiciones, no sólo de la Comunidad Judía, ciertamente, de muchas mexicanas y de muchos mexicanos que creen en México, y que piden, cosa que agradezco, por el Presidente y por las responsabilidades que tenemos adelante.
Así que, honestamente, tengo muchas razones para decirles que me siento en casa y les agradezco mucho su invitación.
He señalado, amigas y amigos, que el respeto que siento por quienes en la diáspora supieron conservar su sentido de identidad y de pertenencia, por quienes nunca han perdido la fe y han tenido la sabiduría de perseverar durante miles de años, más allá de cualquier frontera y bajo muchos años y siglos de hostigamiento y de persecución; es un respeto que fortalece, precisamente, la importancia y la presencia de la comunidad en México, en el México de hoy.
Además, como mexicano me siento, a la vez, muy orgulloso de que nuestro querido país ha sido un país abierto a la confluencia de voces. Ha sido un país abierto a la confluencia de culturas y de las migraciones.
En nuestro propio origen está el ser una Nación pluriétnica y pluricultural, cuyo crisol nace, precisamente, de la convergencia de raíces; de raíces indígenas y euroasiáticas, de raíces que tienen su anclaje, precisamente, en la universalidad misma del hombre.
Muchas familias judías perseguidas en otros continentes por regímenes autoritarios, dictatoriales, que por desgracia y, por cierto, no han terminado y parece que de repente resurgen, encontraron en nuestra tierra un refugio y una patria de adopción.
Y no sólo la amaron profundamente, sino como, bien dijo Óscar, son profundamente mexicanos.
También hay que decirlo, amigas y amigos, que México se ha enriquecido con las esforzadas familias judías en todas las áreas: en la cultura y en la ciencia, en el comercio y en la industria, en la academia, en el arte, en la filantropía y, afortunadamente, en el servicio público, desde luego, me siento muy contento de contar con distinguidos y distinguidas miembros de la Comunidad en el Gobierno Federal.
La presencia del pueblo judío en México es parte, ciertamente del pasado, pero lo fundamental es ser parte del presente y parte del futuro.
Y hoy, más que nunca, amigas y amigos, lo digo porque nuestro México requiere del esfuerzo de todos, requiere del esfuerzo de cada una y de cada uno.
Requiere que cada quien haga de la mejor manera lo que mejor sabe hacer. Y lo requiere precisamente para en la adversidad, ser capaces de construir un porvenir de prosperidad y de bienestar para las generaciones de hoy y de mañana.
Son muchos los retos que nos ha tocado enfrentar y quizá en muy poco tiempo. Yo mencionaba algunos circunstanciales, a propósito de lo que ocurrió, precisamente, desde noviembre a la fecha.
Y por momentos parece que son retos descomunales y no faltará que para algunos parezcan insuperables; cada uno de estos desafíos, por separado, incluso hubiera vulnerado y debilitado profundamente quizá a muchas naciones.
El reto de la seguridad, por ejemplo, de manera aislada; o el de la peor crisis económica de la posguerra, también de manera aislada, o el resurgimiento de un nuevo virus, mortal, si no se trata, con una enorme capacidad de contagio, como fue la epidemia, que por cierto le ha tocado el grado más alto de riesgo, de grado, que la Organización Mundial de la Salud haya determinado, el Grado Seis, como fue la epidemia de la influenza.
Y hoy amigas y amigos, aunque sé que muchos de estos desafíos siguen presentes, y son fuertes, son retadores, también sé que el hecho de que a México le haya tocado enfrentarlos a todos, a sociedad y a Gobierno, no por separado, sino además juntos, al mismo tiempo, y que los estemos superando, también para mí es signo de fortaleza, de solidez y de esperanza; de lo mucho que tenemos las mexicanas y los mexicanos por venir.
Más allá de lamentarnos, en nuestro caso, de la fatalidad o de la adversidad, yo he considerado y sigo considerando, con orgullo, me atrevo a decir que con alegría, que servir a México y servirlo, precisamente, en condiciones de adversidad, es un enorme privilegio que agradezco.
Hoy por hoy, siguen siendo grandes los retos que tenemos que superar como Nación, a fin de seguir transformando a México en lo que queremos que sea México, una Nación justa y ordenada, generosa, plural, libre, equitativa, limpia; una Nación segura, una Nación que sabe albergar a los suyos en paz y tranquilidad y que permita a cada quien prosperar con el fruto de su esfuerzo.
Uno de estos retos, precisamente, que está presente, es el de la grave crisis económica por la que está atravesando el mundo, e insisto, lejos de quedarnos en el lamento o en el reproche, como hacen algunos, los mexicanos estamos tomando diversas medidas de política y de decisión para proteger el empleo y el bienestar de las familias.
Por ejemplo, hemos acelerado el gasto de infraestructura. No sólo hemos elevado a través del Programa de Infraestructura el gasto del país, pasándolo de tres por ciento a cinco por ciento del Producto Interno Bruto en dos años, anualmente; sino que también hemos acelerado el gasto que en el corto plazo podemos hacer.
Por ejemplo, el gasto del Gobierno Federal en obras públicas, en carreteras, en mantenimiento de escuelas; por ejemplo, en hospitales, el gasto ejercido en el primer trimestre de este año, a pesar de ser un año de adversidad, yo diría que, precisamente por eso, fue casi el doble del gasto público ejercido en el primer trimestre del año pasado, que a su vez había sido ya un gasto récord.
Hemos hecho un esfuerzo también por mantener abiertas las llaves al financiamiento del sector productivo; hemos puesto en marcha para preservar los empleos, por ejemplo, en el Programa de Paros Técnicos, donde están registrados, cubiertos ya 230 mil trabajadores.
Hemos acelerado programas de empleo temporal en zonas arqueológicas, haciendo la limpieza en las carreteras, en caminos rurales, abriendo brechas cortafuego en las zonas de mayor riesgo de incendio.
En empleo de guardabosques, precisamente, para elementos de combate de incendio, hemos creado en el primer semestre de este año casi 400 mil empleos temporales, que han aliviado la situación de muchas familias mexicanas.
Hemos hecho lo posible por apoyar a las familias más humildes con medidas complejas, como es el congelamiento de precios de las gasolinas, o con reducciones de lo que la gente paga de gas LP y de gas natural doméstico.
Sin dejar de reconocer lo difícil y lo desafiante de la actual situación económica, puedo decirles, amigas y amigos, que México va en la dirección correcta.
Y por qué.
Porque no hemos perdido de vista nuestra meta central, que es transformar a México en una economía más competitiva y moderna. Pero va en la dirección correcta no tanto ni principalmente quizá por lo que hace el Gobierno, sino fundamentalmente por lo que hacen ustedes y muchas mexicanas y muchos mexicanos, que es asumir la única vía por la cual pueden prosperar las personas, las familias y los países.
Y cuál es.
Esa vía es la del trabajo, esa vía es la del esfuerzo; es la vía, precisamente, la única vía que puede permitir que nuestro México salga adelante.
Y si hay algo que, precisamente, ha mostrado la Comunidad Judía en México y estoy seguro, en el mundo, es que este principio elemental, trabajar y esforzarse personalmente, es la vía para salir adelante; es, precisamente, la gran lección que todos debemos aprender porque, también, es la única vía de salida para la economía del país.
Pero, además, amigas y amigos, ya hay, afortunadamente, dentro de esta grave situación que hemos vivido, algunos signos, incipientes todavía, pero alentadores al fin, que nos permiten albergar la esperanza de una recuperación.
No sólo son los signos que han registrado diversos mercados a nivel mundial, por ejemplo: el comportamiento de los propios mercados de valores en México y en el mundo. O bien, la reducción en las solicitudes de ayuda para desempleo en Estados Unidos, después de varios millones, de casi una decena de millones de desempleados en los últimos meses en Estados Unidos, sino también algunos signos aquí en México.
Yo comentaba esta semana, y lo reitero con ustedes, un signo alentador; y es que, contrario a la tendencia de los meses marcados por el momento más grave de la recesión económica mundial, la primera quincena de junio, es decir, los primeros quince días de este mes, ya registraron en empleos formales registrados, pagados en el Seguro Social; es decir, sin contar el empleo informal, en términos netos, ya se registraron en México 17 mil nuevos empleos en la primera quincena de junio. Falta que se consolide esa tendencia, sí.
Pero estoy convencido de que en la medida en que nos mantengamos trabajando, esforzándonos, tomando las decisiones correctas y, sobre todo, manteniendo firmemente el rumbo a donde queremos ir; más allá de la tempestad, el mantener el timón, el mantener el rumbo nos permitirá seguir adelante.
Y el otro gran reto, amigas y amigos, ustedes lo saben, es el reto de la seguridad. Hoy estamos enfrentando con todas sus implicaciones, con todos sus riesgos y con todos sus costos a la criminalidad en México.
Y la enfrentamos para transformar al país en un país de orden, de legalidad, capaz de garantizar la seguridad y la confianza de los suyos.
Y estamos combatiendo sin tregua a la delincuencia porque queremos, no importan los costos o el tiempo que nos tome lograrlo, queremos que las familias caminen sin miedo por las calles, que las empresas no tengan que pagar o elevados costos de seguridad o peor aún, costos de protección pagados a las propias mafias; porque queremos que la vida, la integridad, la propiedad, la justa utilidad de quien trabaja, estén protegidas por un sistema judicial que otorgue certidumbre a todos por igual.
En esta materia quisiera enfatizar algo que parece obvio, pero que quiero subrayarlo claramente. Nuestra prioridad es la seguridad. Y qué quiero decir con ello, quiero decir, por ejemplo, que sabemos que es, independientemente de la coyuntura económica, que como toda crisis económica avanza en ciclos y tiene periodos de caída y tendrá periodos de alta, esa ha sido la historia de la humanidad, de hecho el pasaje de José, precisamente, de las vacas flacas y las vacas gordas, algo refleja precisamente de ello. Independientemente de la coyuntura económica, el reto de México es de seguridad.
La tarea primigenia del Gobierno, la primera tarea de un Estado, es la seguridad. También quiero decir con ello, amigas y amigos, que nuestro objetivo principal no es el narcotráfico por sí mismo; nuestro objetivo más importante como Gobierno, es el crimen, y el crimen organizado, del cual, ciertamente el narcotráfico es una parte y quizá la más rentable, quizá la más lucrativa, pero una parte al fin.
Pero nuestro objetivo es la seguridad, en el sentido de que el crimen organizado es nuestro enemigo, por la secuela de violencia, de extorsión, de impunidad, de secuestro, de cobro de derecho de piso, por la afectación que implica en una sociedad debilitada por la acción impune de los criminales de cualquier tipo.
Y ésta no ha sido una tarea fácil, ni de entenderla, ni de ejecutarla, menos; porque sé que enfrentamos obstáculos e inercias acumuladas a lo largo de muchos años, porque enfrentamos también a un enemigo que creció durante décadas al amparo de la impunidad y de la corrupción en todos los niveles.
Pero eso no nos ha hecho dudar. Por eso, día con día no sólo combatimos, debilitamos a organizaciones criminales poderosas y, al mismo tiempo, nos esforzamos por reconstruir las instituciones y por fortalecer la autoridad del Estado, también en todo el país y también en todos los niveles.
Porque estamos decididos a recomponer las estructuras que han sido copadas de tiempo atrás o recientemente, eso no importa, en todo el país y en todos los niveles de Gobierno.
Por supuesto que la acción, en algunos casos la reacción de la delincuencia, ha sido violenta y desesperada; pero para mí resulta claro que ante la falsa disyuntiva de una paz ficticia y el verdadero imperio de la legalidad, el Gobierno tiene que optar y sin titubeos por la única vía posible para México, que es la de la ley y la de su cumplimiento.
Quizá se pensó que permaneciendo indiferentes quedaríamos a salvo dentro de nuestras casas o de nuestras oficinas de Gobierno, pero más pronto o más tarde, la indiferencia penetraría, y de hecho eso ocurrió; penetró en nuestra casa misma, en nuestras vidas, en nuestra convivencia, afectó lo que pensábamos no afectaría, invadió la delincuencia áreas que alguien supuso que no traspasaría. Y si esto es analizable, discutible, opinable en los ciudadanos; es inadmisible e intolerable la indiferencia, tratándose de gobiernos.
Con gran sabiduría, el Premio Nobel de la Paz, Elie Wiesel, decía en uno de sus más célebres discursos: la indiferencia no es una respuesta; la indiferencia no es un principio, sino un final; más aún, la indiferencia es siempre amiga del enemigo, porque beneficia al agresor, nunca a la víctima.
Estoy seguro, amigas y amigos, que venciendo la indiferencia ante problemas que no se pueden ni se deben ignorar, como la acción impune de criminales en la vida del país, así también venceremos a los criminales mismos.
Venciendo la indiferencia, que tanto daño le ha hecho y le hace al país en ésta y en muchas materias, y con la aportación que cada quien realiza dentro de su respectiva trinchera, con el trabajo cotidiano que ustedes hacen y que fortalece la vida del país, sé que lograremos poner un alto a un poderoso enemigo de todos los mexicanos, que es el crimen organizado.
Amigas y amigos:
Estoy seguro que México saldrá adelante, México saldrá adelante de éstos y de los retos que tengamos enfrente, porque sé que somos una Nación fuerte en su pueblo y en su pluralidad.
Porque México cuenta con el apoyo de su Comunidad Judía y cuenta con el apoyo de cada mexicana y cada mexicano que en todos los rincones del país se levantan día con día a trabajar de manera honesta para construir su futuro.
Porque esas mexicanas y esos mexicanos que trabajan, que estudian, que se esfuerzan con limpieza y con honestidad son, somos una abrumadora mayoría, que es capaz de construir el país que queremos.
Porque México cuenta con emprendedores que están creando y defendiendo fuentes de empleo; porque cuenta con ciudadanos que denuncian los delitos, que se organizan, porque cuenta con mexicanas y mexicanos, como ustedes, que día con día se esfuerzan, trabajan y construyen con ello no sólo un futuro para los suyos, sino también un futuro para todos.
Agradezco mucho la invitación y el honor que me hacen de poder acompañarlos.