Medalla Anáhuac en Humanidades 2019. Dr. Cipriano Sánchez García*

Excelentísimo Señor Embajador de Israel en México, Jonathan Peled.
Señor presidente del Comité Central de la Comunidad Judía de México, licenciado Moisés Romano.
Distinguidos miembros del Presídium.
Invitados especiales.
Señoras y señores.
Amigos todos.

Bereshit bará Elohim et hashamáyim ve'et ha'árets. Veha'árets hayetáh tohú vavohú, vejóshej al-peney tehom, verúaj Elohim merajéfet al-peney hamáyim. Vayomer Elohim: yehí-or, vayehí-or.

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. Entonces dijo Dios: Sea la luz. Y hubo luz.

   Estos primeros versículos de nuestra común tradición religiosa no pueden ser mejor marco para lo que hoy nos reúne. Toda realidad tiene un principio, un principio que no somos nosotros los que lo establecemos, sino que es Dios quien lo determina. El es el que crea la realidad en la que todos nosotros vivimos. Sin embargo, esta realidad se nos presenta ante nuestros ojos sin orden y vacía, con tinieblas que cubren todo. Parecería que este es un retrato del mundo que nos rodea, un mundo en el que el desorden parece imperar, un mundo en el que el vacío parece ser el destino de los seres humanos. Como dice también el salmo 49: la muerte los pastorea. Vivimos en una cultura que parece haber perdido el sentido de las cosas que hace, el valor de la vida de las personas, la profundidad del bien y el abismo sin fondo que constituye el mal. Pero no todo es caos, porque como dice el texto sagrado, el espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. Dios no nos deja solos, su espíritu Ruaj Yahweh nos acompaña para que podamos estar firmes cuando todo lo que nos rodea es tan incierto como el mar, como las aguas. Y en medio de todo este desconcierto, se nos da la clave para poder caminar hacia el futuro, para poder romper las cadenas de oscuridad que a veces parecen dominar el mundo: Vayomer Elohim: yehí-or. Dios habla. La palabra de Dios es el gran regalo con el que el mundo puede romper la oscuridad. Y esto es como un gran signo para nosotros en este día: es la palabra, la palabra de quienes somos su imagen y semejanza, de quienes hemos recibido el espíritu de Dios para ya no ser más tierra muerta sino personas vivas, es la palabra lo que nos hace humanos. Por eso celebramos hoy uno de los más grandes dones que hemos recibido y que nos permite transformar la creación desordenada y vacía en una realidad luminosa. Hoy celebramos el dialogo como la mejor herramienta humana para crear sociedades de paz, para crear comunidades de personas, para superar las desconfianzas y para unirnos en la consecución del bien.
   Por ello hoy queremos distinguir con la Medalla de la Universidad Anáhuac en Humanidades a dos instituciones que han hecho posible este diálogo entre la comunidad judía y México, entre la comunidad judía y nuestra universidad. Me refiero a la Embajada de Israel en México y al Comité Central de la Comunidad Judía de México. La Medalla Anáhuac en Humanidades es una presea que nuestra universidad ofrece a líderes, personas o instituciones, que poseen altas cualidades, dignas de encomio y de imitación.
   Hemos decidido honrar con la Medalla Anáhuac en Humanidades 2019 a la Embajada de Israel en México, en la persona de su titular, el Excelentísimo Señor Embajador Jonathan Peled, debido a que, a lo largo de los años, hemos encontrado eco a nuestras iniciativas e inquietudes, así como una decidida voluntad de facilitar y secundar las iniciativas institucionales que involucran tanto a la comunidad judía de México como al Estado de Israel.
   La Embajada de Israel en México ha aceptado este reconocimiento, lo cual nos da la oportunidad, como lo haremos un poco más adelante, de recordar a cada uno de los distinguidos embajadores, quienes han manifestado su amistad, su significativa cercanía y su apoyo a diversas iniciativas de la Universidad Anáhuac. No puedo menos que agradecer el honor de la presencia esta mañana del Embajador Jonathan Peled, quien recibirá este reconocimiento.
   Esta relación nos ha permitido realizaciones tan valiosas como el viaje que tuvimos la ocasión de hacer el año pasado a Israel, para visitar algunas instituciones académicas y empresariales de gran prestigio de aquel país. La cercanía y la colaboración tanto del Comité Central de la Comunidad Judía de México, como de la Embajada de Israel en México, representó un apoyo invaluable en la formalización de nuevas alianzas y proyectos conjuntos.
   Del mismo modo, consideramos al Comité Central de la Comunidad Judía de México, el cual ha sido un aliado, un consejero, un motivador, un orientador, un amigo y un hermano. Recordamos con enorme cariño y mantenemos amistad con sus expresidentes, así como con los funcionarios, actuales y previos. El Comité Central recibe esta Medalla Anáhuac en Humanidades con el fin de rubricar la rica relación que tenemos y como prenda de la voluntad decidida de nuestra universidad de seguir sirviendo a la comunidad judía de México como hasta ahora. De modo especial hago referencia al gran trabajo y amistad que me honro en tener con Moisés Romano, su actual presidente.
   Como decía el Papa Juan Pablo II: La Iglesia, que comparte con el judaísmo una parte importante de las Sagradas Escrituras, considera al pueblo de la Alianza y su fe como una raíz sagrada de la propia identidad cristiana. Los cristianos no podemos considerar al judaísmo como una religión ajena. Creemos junto con ellos en el único Dios que actúa en la historia, y acogemos con ellos la común Palabra revelada. El diálogo y la amistad con los hijos de Israel son parte de la vida de los discípulos de Jesús. El afecto que se ha desarrollado nos lleva a lamentar sincera y amargamente las terribles persecuciones de las que fueron y son objeto, particularmente aquellas que involucran o involucraron a cristianos. En nuestra historia común ha habido momentos de oscuridad y vacío, el recuerdo de la Shoá nos debe poner siempre ante los ojos lo que es el ser humano cuando se aleja del espíritu que Dios le ha dado y hace del hermano objeto de desprecio, en vez de respeto y veneración. Hoy le damos gracias a Dios por tener el diálogo que nos une por poder hacer de la universidad Anahuac el ámbito propicio para arraigar una conciencia profunda sobre el deber de resistir a la violencia, de ser críticos ante los poderes que pisotean la dignidad humana, de ser aliados de los marginados y los perseguidos de nuestro tiempo, contemplando nuestro pasado con solidaridad y sabiduría.
   La realidad del diálogo que gracias a ambas instituciones hemos tenido, nos permite poder decir que la Universidad Anahuac es habayitt shelajem
Eesta es su casa, la casa de nuestros hermanos de la comunidad judía. Pienso, en general, en todos los ambientes de nuestra institución. En este orden de ideas, no dudo en afirmar que, gracias al compromiso, la apertura y la disposición fraterna, la universidad ha sido un espacio en el que se ha desarrollado una ejemplar convivencia y colaboración entre judíos y cristianos. Me refiero a los alumnos, tanto como a los egresados, maestros y colaboradores en una comunidad dinámica que es ejemplo de convivencia, mutuo aprecio y trabajo conjunto. La comunidad judía ha sido y es una parte esencial de la familia Anáhuac y la presente ceremonia quiere dar testimonio público de ello.
   En la Anahuac siempre encontrarán respeto, amistad, y la preparación que les permite ser en nuestra sociedad líderes de acción positiva, es decir hombres y mujeres con la capacidad de “influenciar a inspirar” para el bien, para la construcción de la paz, para la humanización de los diversos ámbitos del quehacer humano. Judíos y cristianos podemos, no sólo respetarnos, sino desarrollar un genuino y mutuo aprecio, todavía más, una capacidad de colaboración y de encuentro interpersonal que es testimonio profético para un mundo que quiere encerrarse detrás de una identidad monolítica y de muros que dividen, en lugar de crear puentes que comunican.
   En la universidad hemos tenido la gran fortuna, el don, de ser un espacio de encuentro y de diálogo fraterno entre judíos y cristianos. En efecto, la Universidad Anáhuac se ha consolidado como una opción formativa para la comunidad judía de México. Nuestra identidad católica no sólo no es obstáculo para esta relación viva y fructífera. Al contrario, es una garantía de una relación franca y abierta para el mutuo enriquecimiento y que permite descubrir, en el otro, un motivo de aprecio, más allá de las diferencias que, indudablemente, nos caracterizan.
   Sea esta entrega de Medalla un signo de la voluntad dispuesta y de la mano fraterna que tendemos tanto al Estado de Israel como a la comunidad judía de México. Es nuestro sincero deseo que este gesto simbólico ratifique el rico pasado que nos une y que nos proyecte a un futuro de nuevos proyectos y realizaciones, en la senda que nos abre nuestro lema: VINCE IN BONO MALUM. VEHU METAGEBER 'AL HARO'A BATOV. VENCE AL MAL CON EL BIEN.

*Mensaje del Dr. Cipriano Sánchez García, Rector de la Universidad Anáhuac. Ceremonia de Entrega de la Medalla Anáhuac en Humanidades 2019 al Comité Central de la Comunidad Judía de México y a la Embajada de Israel en México. 18 de junio, 2019.