Resolución sobre la importancia de la memoria histórica del Parlamento Europeo condena el nazismo

   En el marco de las conmemoraciones del 80 aniversario del estallido de la Segunda Guerra Mundial, el Parlamento Europeo aprobó una Resolución sobre la importancia de la memoria histórica europea para el futuro de Europa, que condena los crímenes cometidos por los regímenes nazi y comunista a lo largo del siglo XX.
   La Resolución recuerda que los regímenes nazi y comunista cometieron asesinatos en masa, genocidios y deportaciones y que fueron los causantes de una pérdida de vidas humanas y de libertad en el siglo XX a una escala hasta entonces nunca vista en la historia de la humanidad.
   Evoca los atroces crímenes del Holocausto perpetrado por el régimen nazi y condena los actos de agresión, los crímenes contra la humanidad y las violaciones masivas de los derechos humanos perpetrados por los regímenes comunista, nazi y otros regímenes totalitarios.
   Señala que tras la Segunda Guerra Mundial, algunos países europeos pudieron reconstruirse y acometer un proceso de reconciliación, pero otros siguieron sometidos a dictaduras, y continuaron privados de libertad, soberanía, dignidad, derechos humanos y desarrollo socioeconómico.
   Por lo anterior, estima necesario mantener vivos los recuerdos del trágico pasado de Europa, con el fin de honrar la memoria de las víctimas, condenar a los autores y establecer las bases para una reconciliación basada en la verdad y la memoria.
   En este sentido, condena el revisionismo histórico y la glorificación de los colaboradores nazis en algunos Estados miembros de la Unión y expresa su preocupación ante la creciente aceptación de ideologías radicales y la regresión al fascismo, el racismo, la xenofobia y otras formas de intolerancia en la Unión Europea y, pide a todos los Estados miembros que condenen y contrarresten todas las formas de negación del Holocausto, incluidas la trivialización y la minimización de los crímenes cometidos por los nazis y sus colaboradores, y que eviten su banalización en el discurso político y en los medios de comunicación.
   Por último, concluye instando a los Estados miembros a hacer frente a las organizaciones que difunden discursos de incitación al odio y a la violencia en los espacios públicos y a que prohíban efectivamente los grupos neofascistas y neonazis y cualquier otra fundación o asociación que exalte y glorifique el nazismo y el fascismo o cualquier otra forma de totalitarismo.