ISLAM EN ASIA: TRANSFORMANDO LAS REALIDADES POLÍTICAS

   A lo largo de la década de los noventa el mundo fue testigo del resurgimiento del Islam en diversos países asiáticos. El colapso de la Unión Soviética  contribuyó a la caída del comunismo como fuerza política revolucionaria. En  el sur de Asia, la identidad religiosa y étnica adquirió un significado renovado y el surgimiento de grupos religiosos que promovían la violencia y el extremismo, se convirtió en una amenaza potencial a la estabilidad de la región.
   La presencia del Islam en dicho territorio no es nueva. Desde el siglo VII, los comerciantes árabes visitaron el sureste asiático y para finales del siglo XIII fundaron la primera ciudad musulmana en la región de Pasai, al norte de Sumatra. Con el transcurso del tiempo, el Islam sunnita floreció en toda la zona

   A partir de este reciente resurgimiento, elementos de un movimiento político islámico más radical comenzaron a emigrar de Medio Oriente a Asia. Historiadores y sociólogos temen que su presencia pueda agravar los problemas de seguridad en estas naciones que se encuentran debilitadas por las recientes crisis financiera.
   A pesar de que geográficamente, el sur de Asia se encuentra muy alejado del territorio convencionalmente asociado con el Islam, dicha región es el hogar de la mayor concentración de musulmanes. En los últimos años, el vínculo con los países mesorientales se ha venido estrechando, circunstancia que ha fomentado aún más la presencia y la actividad de los grupos islámicos radicales.
   En un mundo crecientemente globalizado, el movimiento musulmán se ha visto beneficiado con el uso de tecnología que permite que las ideas se transmitan con velocidad a través del uso de herramientas eficientes y de bajo costo para el consumidor, como es el caso del correo electrónico.

Indonesia
   Con una población aproximada de 185 millones de personas, Indonesia es el hogar de la mayor concentración de musulmanes en el mundo.
   A lo largo del siglo XX, el Islam en Indonesia se ha visto dominado por dos organizaciones consideradas las más grandes del mundo: Muhammadiyah y Nahdlatul Ulama.
   Muhammadiyah fue fundada en 1912 como resultado de la recepción de ideas islámicas modernistas incorporadas al pensamiento local por peregrinos y académicos que regresaban de sus viajes a Medio Oriente. Dicho movimiento se basa en cuatro objetivos: Promover una actitud seria y piadosa en el cumplimiento de las obligaciones religiosas; purificar la creencia islámica, esto es, rechazar los elementos budistas; proveer de servicios sociales a la comunidad y desarrollar una expresión moderna y sofisticada del Islam capaz de responder a los desafíos de la modernidad y beneficiarse de los avances tecnológicos y científicos. Su principal innovación se centra en el apoyo al ijtihad o interpretación individual y racional de las Escrituras y las tradiciones en contra del taqlid, la aceptación tácita de las mismas.
   El Nahdlatul Ulama, de corte tradicional, se opone al rechazo de los modernistas a la  práctica  de  los rituales religiosos.   A  pesar  de  la  tensión,  durante  los  años  de  la ocupación japonesa y la lucha por la independencia, las dos tendencias se mantuvieron vinculadas para separarse en 1952.
   Bajo el régimen del Presidente Suharto (1965), el Islam se vio severamente suprimido. Posteriormente, el ex-Presidente Habibie, musulmán devoto, ocupó un rol central en el resurgimiento del Islam como movimiento político al fundar en 1990 la Asociación Indonesa de Intelectuales Musulmanes. Muchos de los miembros de esta organización han declarado abiertamente que su principal objetivo es promover la islamización del Estado y la sociedad. Actualmente, dicha religión se encuentra firmemente afianzada en la ideología nacional.
   Existen evidencias que indican que la vida política de Indonesia está siendo gobernada por el Islam. En los meses previos a las primeras elecciones “democráticas” celebradas en junio de 1999, se formaron más de 10 partidos islámicos que contendieron para ocupar escaños en la Asamblea Consultiva.
   Paralelamente, partidos seculares modificaron sus principios ideológicos para incluir principios de la doctrina musulmana y formaron alianzas con movimientos religiosos tradicionales. Partidos radicales como el Crescent (Media Luna) y el Star (Estrella) tienen una agenda que incluye un programa de “redistribución de la riqueza”, esto es, despojar a los chinos de sus posesiones para entregarlas a los musulmanes, que constituyen el 90% de la población.
   Durante las elecciones de octubre del mismo año,  contendientes sectarios se enfrentaron a figuras seculares. Abdurrahman Wahid y Megawati Sukarnoputri fueron designados Presidente y Vicepresidente, respectivamente. A partir de esa fecha, ha prevalecido la participación de elementos más pragmáticos y moderados en el gobierno y el régimen ha reafirmado su tolerancia a todas las manifestaciones islámicas.
   En este contexto coexisten partidos con una agenda islámica radical, en la cual no se acepta la participación de ninguna minoría no-musulmana. Así mismo,  intentan disminuir la presencia e influencia de dos minorías: los chinos y los cristianos. De hecho, durante los últimos tres años Indonesia ha sido escenario del incremento en la tensión entre modernistas y tradicionales. A su vez, los conflictos étnicos  afectan, en gran medida, a la población de origen chino. Más de 400 templos y monasterios budistas en el país han sido saqueados o destruidos, dejando un saldo de cientos de muertos.

Malasia
   En las dos últimas décadas los elementos radicales en Malasia se han multiplicado. En el epicentro de una grave crisis financiera y ante el juicio del ex-Primer Ministro, Anwar Ibrahim, acusado de sodomía, la gobernante Organización Nacional Unida de Malasia (ONUM), enfrenta el enorme reto de contrarrestar la influencia del partido de oposición Partido Islámico de Malasia (PIM), de tendencia radical.
   A partir del juicio de Ibrahim y ante la crisis que afecta la economía nacional, el PIM ha logrado atraer a cientos de militantes del ONUM. Ante dicha circunstancia, el Primer Ministro, Dr. Mahathir Mohamad, ha emprendido una cruzada personal en contra de los “colonialistas, especuladores y judíos” con el propósito de recuperar adeptos.
   La Dakwah, movimiento de revitalización del Islam, surgió en Malasia en la década de los setenta. La institucionalización de esta corriente se sitúa, de hecho, en 1969, cuando la Asociación Nacional de Estudiantes Musulmanes decidió establecer una organización juvenil que fue adquiriendo mayor fuerza bajo el liderazgo de un activista: Anwar Ibrahim.
   Diez años después un nuevo grupo, el Consejo Representativo Islámico, atrajo la atención de los estudiantes de la Facultad de Ciencias de la universidad estatal quienes establecieron células clandestinas para transmitir su mensaje e infiltrarse en diversas organizaciones con el objeto de impulsar el cambio. Desde su óptica particular había dos tipos de personas: aquellas que  practicaban el Islam en forma total y los infieles.
   El movimiento Dakwah logró posicionarse en la esfera política y transformar el pensamiento y la cultura de Malasia. El gobierno, amenazado por la presencia y fuerza de estos grupos, decidió coptarlos subsidiando peregrinaciones a la Meca y estableciendo la Universidad Internacional Islámica, el Banco Islámico de Malasia y el Instituto de Pensamiento Islámico. 

Filipinas
   En el siglo XVI, la isla de Mindanao se convirtió en un importante centro para el desarrollo del comercio marítimo entre Asia, India, China y Medio Oriente. Como resultado de la influencia de mercaderes árabes, el Islam se desarrolló como el credo dominante en dicho país y las diversas comunidades indígenas conformaron sultanatos y principados basados en la cultura e ideología musulmana.
   Tras la colonización española, se inició un vigoroso intento por imponer el catolicismo a lo largo del archipiélago e impedir así la difusión del Islam en el resto del continente. La cristianización del centro y norte de Filipinas fue relativamente fácil, sin embargo, en Mindanao, los españoles se enfrentaron a sociedades musulmanas altamente organizadas capaces de defenderse de la invasión extranjera.
   A principios del siglo XIX, se eliminó toda resistencia armada por parte de los musulmanes y Mindanao fue integrada a Filipinas. Estados Unidos impulsó exitosamente la emigración de cristianos hacia el sur y para 1975, se estimaba que alrededor del 60% de los 9.7 millones de habitantes eran de origen cristiano. Estas condiciones causaron un gran resentimiento entre las comunidades musulmanas, quienes se organizaron en milicias.
   En 1968, 20 reclutas musulmanes fueron asesinados por oficiales cristianos. Como resultado, se integró el Movimiento de Independencia Musulmana (MIM),  mismo que en 1971 fue substituido por el Frente Nacional Moro de Liberación (FNML), asociación que se distinguía por su carácter violento. Actualmente, dos organizaciones anti-FNML son protagonistas de la insurgencia musulmana en el sur de Filipinas: el Frente Islámico Moro de Liberación (FIML) y el Grupo Abu Sayyaf (GAS).
   Fundado en 1980, el FIML ostenta una ideología fundamentalista que promueve el establecimiento de un gobierno basado en el Corán. Integrado por más de 100,000 combatientes, se caracteriza por sus actos de violencia en forma de guerrilla dirigida contra el ejército local. Sostiene vínculos con extremistas islámicos de Pakistán, Afganistán, Irak y Egipto.
   El GAS es el más radical de los grupos musulmanes terroristas activos en Filipinas. Su objetivo es el establecimiento de un Estado Islámico Teocrático en Mindanao en el que no tengan cabida otros grupos religiosos. Mantiene vínculos con organizaciones fundamentalistas a nivel internacional y se caracteriza por la naturaleza terrorista de sus actos.
   La presencia del Islam radical en Filipinas representa un serio riesgo para la estabilidad social y la seguridad de sus habitantes. 

Tailandia

   La violencia fundamentalista en Tailandia es producto de las actividades de grupos musulmano-malayos que habitan Pattani, Ala y Narathiwat, tres provincias situadas al sur del país. De acuerdo a sus principios “todas las comunidades islámicas tienen el derecho y el deber religioso de alejarse de cualquier forma de persecución o discriminación que amenace su sobrevivencia”. Con base en este edicto, los musulmanos malayos han instigado a la desobediencia civil y a la violencia política durante las últimas tres décadas.
   A pesar de que los grupos separatistas poseen ideologías distintas, todos coinciden en su anhelo de establecer un Estado musulmán. Su principal objetivo es crear un clima de inseguridad entre la población de origen thai que vive en la región y transmitir al mundo la imagen de que las provincias sureñas son volátiles y carecen de leyes. Con el fin de alcanzar su cometido llevan a cabo actos violentos entre los que se incluyen los secuestros, los sabotajes y los asesinatos. Los principales blancos de ataque han sido las escuelas, maestros, autoridades gubernamentales y asentamientos budistas, considerados -todos ellos- como símbolos del Estado tailandés.
   A pesar de las acciones emprendidas por el gobierno para promover una mayor autonomía regional,  el desarrollo socio-económico y la tolerancia religiosa, la violencia política y el terrorismo asociado con la lucha de los malayos-islámicos continúa.       

China
   Xinjianj, la región al noroeste de China que ocupa una sexta parte del territorio, es víctima de la violencia de grupos separatistas. Los protagonistas son organizaciones sunnitas de uighurs (minoría étnica) que agrupa a siete millones de los 17.5 millones de habitantes de dicha zona.
    El apoyo a la causa, incluyendo financiamiento económico, proviene de países limítrofes como Kazakhstán y Kyrgysztán, pero también de estados musulmanes distantes, como Arabia Saudita e Irán. China, al igual que varios de sus vecinos de Asia Central, intenta establecer mecanismos de seguridad para protegerse de las nuevas amenazas. Los “Cinco de Shangai” -China, Rusia, Kyrgyztán, Kazakhstán y Tajikistan- se reúnen anualmente para discutir sobre la seguridad regional ante el potencial proceso desestabilizador encabezado por los fundamentalistas islámicos.
  La principal preocupación de Beijing se centra en el hecho de que los rebeldes uighur han encontrado refugio en Afganistán, bajo el auspicio del líder terrorista, Osama bin Laden. A la vez, los distintos grupos obtienen financiamiento a través del tráfico de opio y heroína.

Bibliografía

Rubenstein, Colin
Political Islam in South East AsiaAustralia/Asia & Jewish Affair Council, American Jewish Committe, USA, 1999