EL CONFLICTO INTRAPALESTINO: HAMAS VS. AL FATAH

     La batalla que enfrentan Hamas y Al Fatah – el islam radical y el nacionalismo – es, sin duda, uno de los mayores conflictos de la historia palestina. Las imágenes de los brutales enfrentamientos desatados en Gaza han conmocionado a una población curtida en el sufrimiento. Gaza y Cisjordania son hoy dos feudos enfrentados.

     Los desencuentros iniciados prácticamente después de la victoria electoral de Hamas, un año después de que Mahmoud Abbas fuera elegido presidente de la Autoridad palestina (AP), han concluido por el momento en derramamiento de sangre entre los contendientes, lo que no parece congeniar con las necesidades actuales de la sociedad palestina para vislumbrar un futuro con confianza, ni responder a los imperativos del proceso de paz.
     El detonante de la pugna entre las facciones palestinas fue la victoria de Hamas en las elecciones legislativas de enero de 2006, que, por primera vez desde la creación de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en 1993, desbancaba a la histórica formación Fatah, liderada por Yasser Arafat hasta su muerte en 2004.
     Antes de que se celebraran los comicios, Mahmoud Abbas ya había manifestado su preocupación y pidió que se postergaran. Advirtió a funcionarios estadounidenses que no contaba con el apoyo popular para desarmar a Hamas, el partido islámico que convirtió a los bombardeos suicidas terroristas en una táctica contra Israel. Tanto Abbas como Israel veían cuánto crecía su poder. Las agencias de inteligencia israelíes habían estado advirtiendo por meses que Hamas se estaba preparando con armas y municiones nuevas a través de túneles clandestinos. Los informantes habían reportado que los islamistas estaban enviando combatientes a Líbano e Irán para ser entrenados.
     Los funcionarios de la administración de Bush insistieron, confiando en los poderes curativos de la democracia. Tras su triunfo, los islamistas no abandonaron su ideología terrorista y se negaron a reconocer el derecho de existencia de Israel, así como a dejar las armas. Ante esto, Estados Unidos se negó a negociar con Hamas y junto con la Unión Europea e Israel, declararon un boicot financiero contra el gobierno palestino por no considerarlo un interlocutor apto para avanzar en las negociaciones de paz.
     Hamas o Movimiento de Resistencia Islámico, nacido durante el estallido de la primera Intifada en los campos de refugiados de Gaza (1987), se constituyó en una alternativa confesional al nacionalismo laico y corrupción de Fatah y priorizó su carácter asistencial a la población más necesitada. Desde su creación, ve a la lucha armada como la mejor alternativa en contra de Israel. Considera que cualquier negociación en la que se ceda una porción de territorio está prohibida por la religión y pretenden que los árabes y musulmanes de todo el mundo se unan a la guerra santa en contra de Israel. Por lo tanto, es claro que constituye una organización que no está adherida a los principios y acuerdos del proceso de paz.
     Durante los meses posteriores a la victoria de Hamas, la situación política y económica de los palestinos empeoró día a día. Las encuestas señalaban que en los primeros seis meses del establecimiento del nuevo gobierno, se expandía un descontento ante su actuación, especialmente en el ámbito económico y la aplicación de la ley. Debido a esto, una gran mayoría apoyaba un gobierno de unidad que no estuviera bajo el control absoluto de Hamas. El mayor porcentaje apoyaba la formación de un gobierno donde Hamas y Fatah tuvieran el mismo poder. La mayoría de los palestinos, incluso aquellos que votaron por Hamas, señalaron su deseo de lograr una solución con Israel en donde existan dos Estados soberanos y con fronteras seguras.
     El caos en toda la región se intensificó con permanentes luchas entre palestinos y un aumento de las acciones criminales, debido a la falta de ingresos y a las rivalidades de las facciones palestinas. Los policías de Hamas y Fatah marcaron su terreno pero ignoraban sus cometidos. La delincuencia se desbordó sin medida. Los robos, incendios de negocios, venganzas entre clanes, asesinatos de mujeres por honor, secuestros y chantajes se multiplicaban en Gaza. Los palestinos, que antes sólo dirigían sus armas contra Israel, se apuntaban con enorme frecuencia entre ellos.
     De acuerdo a cifras aportadas por la ONG palestina Al- Mizan, tan sólo durante los tres primeros meses de 2007, en la Franja de Gaza hubo 392 incidentes (sin la participación de Israel). En los cuales 157 palestinos perdieron la vida, 10 de ellos eran niños, y 946 fueron gravemente heridos; 180 personas fueron secuestradas, incluyendo al reportero de la BBC Alan Johnston.
     La lucha del poder estalló con una violencia sin precedentes. Hamas lanzó una guerra preventiva para impedir que la comunidad internacional convierta a Al Fatah en un aspirante de peso capaz de arrebatarle su derecho a gobernar y lograr una solución con Israel.
     Con Hamas en el poder, el terror contra el Estado hebreo se intensificó. Desde enero de 2006, en que dicho movimiento islámico ganó las elecciones hasta noviembre del mismo año, los palestinos habían disparado 728 cohetes hacia ciudades israelíes.
     Posteriormente, tras varios meses de intensas negociaciones y discusiones entre Hamas y Al Fatah, se logró un acuerdo con el que se creaba un Gobierno de Unidad Nacional. El principal propósito de conformar la coalición era la de poner fin a las sanciones impuestas por la comunidad internacional. Con la mediación de Arabia Saudita, se firmó un acuerdo en La Meca, en el que Fatah y Hamas convinieron un programa político cuyos detalles no fueron precisados con claridad.      Se decidió que Hamas tendría el control sobre nueve de los ministerios dentro del nuevo gobierno y Al Fatah seis, cuatro recaerían en manos de otros partidos pequeños y tres más serían para independientes. Fue elegido como primer ministro el académico y ex presidente de la Universidad Islámica de Gaza, Dr. Mohamed Shubair, quien a pesar de su vinculación con la dicha institución académica cercana a Hamas, negó ser miembro de alguna de las facciones políticas palestinas.      El acuerdo anota que Hamas se compromete a respetar los intereses del pueblo palestino en relación a decisiones anteriores de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), lo que significa que obedece, pero no acata, los acuerdos de reconocimiento mutuo con Israel de Oslo en 1993 y la Hoja de la Ruta en 2003, es decir, que admite la existencia de Israel pero sin reconocerlo como un Estado.
     El entendimiento histórico entre los religiosos y los seculares para formar un gobierno de unidad nacional en Palestina podría haber establecido un nuevo paradigma para el futuro de los cambios de régimen en el mundo árabe.
     Finalmente, el 17 de marzo de 2007 el nuevo gobierno de coalición en la AP fue inaugurado. Los 25 nuevos miembros del gabinete fueron aprobados por una gran mayoría del parlamento, dominado por Hamas, con 83 votos a favor y 3 en contra.
     Enfrentándose a varios problemas técnicos y desacuerdos en el nuevo Gobierno de Unidad, iniciaron varias confrontaciones que llevaron a Gaza a un estado de caos y de violencia desmedida.
     Hamas decidió fortalecer sus fuerzas paramilitares para contrarrestar las controladas por Abbas. Y cuando en Gaza los asesinatos de ojo por ojo se salieron de control, los combatientes de Hamas en Gaza resultaron ser mucho más fieros que sus contrincantes.
     El jueves 14 de junio, por la noche, los milicianos de Hamas se precipitaron sobre los edificios. Los saquearon, quemaron y plantaron la bandera verde de su movimiento en los lugares simbólicos. Los islámicos desmantelaron en 48 horas todos los cuarteles bajo mando del presidente palestino. Tras días de cruentos combates, más de centenar y medio de milicianos de Al Fatah e islamistas murieron. Algunos inocentes fueron asesinados a sangre fría y linchados en desmanes cometidos por enmascarados. Ahora los radicales están al mando en Gaza, una franja de 225 kilómetros cuadrados en el mar Mediterráneo y a lo largo de la frontera occidental de Israel, que cuenta con 1.4 millones de palestinos. Gaza tal vez podría volverse el enclave privado de Hamas y, quizás, una fuente ingobernable de terroristas.
     El presidente Abbas abandonó Gaza. Declaró que el gobierno de unidad había fracasado y en su lugar proclamó un Gobierno de emergencia con sede en Ramallah (Cisjordania) que excluía a cualquier miembro de Hamas. El domingo 17 de junio juró con un nuevo gabinete de emergencia y con Salam Fayad, su ministro de finanzas como primer ministro interino.
     El resultado: dos regiones palestinas geográficamente separadas (la Franja de Gaza y Cisjordania), políticamente separadas y altamente hostiles. Y por ende, sin unidad de conducción.
     Por su parte, Abbas decidió pedir el despliegue de una fuerza multinacional en la frontera de Gaza con Egipto, esencialmente para impedir que entren más armas a la franja. Israel se pronunció a favor de esta fuerza. Hamas, por supuesto, se ha negado hasta la fecha a aceptar esa idea.
     Los acontecimientos fueron la culminación de meses de enfrentamientos entre ambas organizaciones en el ámbito político (amenaza de convocatoria de elecciones anticipadas, desacuerdos en la formación de un gobierno de unidad nacional y competición por determinados puestos en el gobierno, principalmente la cartera de interior que controla las fuerzas de seguridad). Pero también, y sobre todo, fueron el máximo exponente de meses de violencia armada con el resultado de unas 600 muertes desde mayo de 2006 hasta junio de 2007.
     La crisis que constituye que Gaza esté en manos exclusivas de Hamas es mucho más delicada de lo que parece, ya que al ser Hamas un movimiento de línea islámica radical, su pretensión es regir Gaza de acuerdo a la “Sharía” o ley islámica. Lo que lo orilla a coincidir en cuanto a su extremismo y beligerancia con los medios empleados por naciones como Irán, o por agrupaciones como Hezbolá, Al Qaeda y la Hermandad Musulmana egipcia.
     A partir de que Hamas tomó Gaza se ha impuesto en esta área un estilo de vida islamista radical el cual tiene influencia en la vida diaria de los habitantes. Se han impuesto estrictos códigos sociales. Hamas controla los sistemas sociales, educativos, religiosos, así como lo medios de comunicación, lo que traerá repercusiones a largo plazo dentro de la población de Gaza.
     Por lo pronto, las actividades terroristas de Hamas en contra de Israel continúan. En julio 55 cohetes Qassam fueron lanzados desde Gaza hacia territorio israelí, mientras en agosto se perpetraron 68 ataques que han causado daños a la población civil. En éste contexto ideológico-religioso, un punto central es la no aceptación de la legitimidad de la existencia del Estado de Israel, y por tanto la aspiración a destruirlo. Las presiones económicas y políticas no lograron flexibilizar a Hamas al respecto.
     Hamas debe determinar qué clase de relación quiere con sus vecinos, Egipto e Israel. Israel no quiere estrangular a los residentes de Gaza, pero no tolerará el fuego de cohetes Qassam provenientes del territorio. Hamas debe resolver de algún modo la tensión entre su compromiso de destruir a Israel y su necesidad de mantener a flote a Gaza.
     Hamas tiene una relación complicada con El Cairo. El presidente egipcio Hosni Mubarak, ya enfrenta un desafío de la Hermandad Musulmana de Egipto, y se muestra receloso del éxito de su rama palestina. Mientras Hamas y Fatah compartieron el poder, los egipcios estuvieron dispuestos a ignorar el contrabando de armas y dinero a través de su frontera, con la esperanza de que podrían aumentar su influencia con Hamas y reducir su dependencia de Irán. Ahora, es posible que Mubarak exija que Hamas mantenga el orden e impida que los radicales crucen la frontera si espera conseguir su apoyo.
     Mientras tanto, las conversaciones entre Israel y el gobierno de Abbas han avanzado. El 28 de agosto el Primer Ministro israelí, Ehud Olmert, se reunió con Mahmoud Abbas en Jerusalem, siendo este el tercer encuentro de ambos mandatarios desde el establecimiento del gobierno de Salam Fayad. Los encuentros fueron calificados como positivos. Discutieron temas de seguridad y planearon la redacción de un acuerdo de principios que será presentado en la conferencia internacional que se llevará a cabo en Annapolis antes de que termine el año.
     Por su parte, tras los sangrientos sucesos que derivaron en la toma por la fuerza de Gaza en manos de Hamas y la fractura del gobierno palestino de Unidad Nacional, Israel, Estados Unidos y la Unión Europea dieron claras señales de apoyo al presidente de la AP, Mahmoud Abbas, desde el momento en que éste disolvió el Ejecutivo anterior y conformó una nueva administración.
     Si el esfuerzo internacional ayuda a Cisjordania a avanzar mientras Gaza retrocede, Hamas podría darse cuenta de que su única oportunidad para mantener el poder es adoptar un nuevo acuerdo con Al Fatah. El Movimiento Islámico se enfrenta a la difícil realidad de no contar con el apoyo financiero del exterior, lo que llevará a la población de Gaza a sumirse aún más en la miseria y enfrentarse a carencias de todo tipo.

Bibliografía

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