CÁBALA: MISTICISMO JUDÍO

     Con el término Cábala, que literalmente significa tradición, los judíos han designado a su movimiento místico. Producto de una febril actividad intelectual, el misticismo judío es un intento de armonizar la razón universal con las escrituras. Su estudio ofrece el posible conocimiento de las causas originales del cosmos, lo que le permite al individuo comprender el verdadero significado de su existencia.      Como todos los sistemas místicos, la Cábala supone un orden en el mundo sobrenatural al que el hombre se vincula. Su esencia se encuentra en la intensa creencia en la ininterrumpida relación entre Dios -fuente infinita de sabiduría y poder en el mundo superior- y el hombre, en el mundo finito inferior.

     No obstante, representa al mismo tiempo, un fenómeno único ya que logra combinar las doctrinas esotéricas y ocultas y la teosofía que plantea la unión con la divinidad.
     A través de los siglos, la Cábala ha ejercido una poderosa influencia sobre aquellos círculos del pueblo hebreo que aspiran a un conocimiento más profundo de las formas y los principios tradicionales del judaísmo.

ANTECEDENTES
    
La Cábala encuentra sus orígenes en las corrientes esotéricas y teosóficas que incluyeron a los judíos de Palestina y Egipto a principios de la era común. Entre los siglos III y IV época de despertar espiritual y profunda confusión religiosa, surgieron dentro del judaísmo numerosas sectas con ideas heterodoxas, resultado de una mezcla de factores tanto internos como externos.
     Dentro de estos círculos, las ideas teosóficas coadyuvaron a establecer una terminología mística que alcanzaría su etapa de maduración en el siglo XII cuando la Cábala, como tal, vio la luz por primera vez en Provenza, al sur de Francia.
     Las múltiples controversias en cuanto a los antecedentes concretos de la Cábala emanan del hecho de que una diversidad de textos especulativos suministraron al pensamiento místico judío sus primeras concepciones e ideas fundamentales. Tal fue el caso del Séfer Yesirá o Libro de la Oración, que contiene ideas y conceptos del más alto nivel y que, sin ser propiamente cabalista, es considerado como parte de esta tradición.

SU DESARROLLO
    
En Provenza, el círculo de los primeros cabalistas franceses trabajó en un medio altamente religioso y cultural. El conjunto de sus enseñanzas místicas fue incorporado a lo que formalmente se considera la primera obra de este tipo, el Séfer Ha Bahir (Libro del Brillo), que contiene una colección de exposiciones teosóficas.
     Durante esta época, la instrucción rabínica alcanzó un importante grado de desarrollo y se dio una gran apertura a las tendencias filosóficas contemporáneas.
     Conscientes de la importancia de su sistema y temerosos de que fuese distorsionado o mal entendido, los cabalistas se opusieron a que se hiciera público, lo que lo convirtió en una doctrina secreta a la que podrían acceder sólo algunos privilegiados.
     En los últimos 30 años del siglo XII, la Cábala se diseminó hacia otras tierras. En España particularmente, las ideas cabalistas encontraron gran aceptación en el círculo rabínico de Gerona, entre los Montes Pirineos y Barcelona, mismo que se constituyó en un centro de gran importancia, en donde la literatura cabalística recibió gran impulso.
     A partir del siglo XIII, el misticismo judío floreció mostrando un desarrollo intenso y veloz hasta alcanzar la plenitud. La figura de Nahmánides, autoridad legal y religiosa de la época, sirvió como garantía de, que a pesar de la novedad de las ideas cabalísticas, éstas no se apartarían de la fe aceptada y de la tradición rabínica.
     Entre los pensadores importantes destaca la presencia de Moisés ben Shem Tov de León (1240-1305) quien escribiera un considerable número de obras en hebreo relacionadas con temas tradicionales, pero con alusiones místicas. Entre 1280 y 1286 produjo su máxima obra, el Séfer Ha Zohar, Libro del Esplendor, que opacó todos los otros documentos de la literatura cabalística por su amplia influencia.      No obstante muchos estudiosos de la Cábala difieren en cuanto al origen del Zohar. Para algunos, el rabino Simón Bar Yohai fue el verdadero autor de tan importante obra y las controversias persisten hasta la fecha.
    El Zohar fue escrito en forma pseudográfica, como una novela mística. Habla sobre los temas de la deidad, las fuerzas del mal, de la cosmología, del hombre, etc. y contiene las formulaciones centrales del pensamiento cabalístico.
     El siglo XIV fue un período de gran desarrollo intelectual que produjo una literatura extremadamente rica. Esto provocó que la corriente mística se extendiera a la mayoría de las comunidades de España, Italia y Oriente. Gracias a los libros que revelaban las ideas cabalísticas, se abrieron las puertas y la corriente encontró seguidores e intérpretes.
     Durante el siglo XV, la creatividad cabalística disminuyó. El estímulo original había llegado a su más alta expresión y las obras mostraban poca originalidad. La expulsión de los judíos de España en 1492 trajo como consecuencia que las enseñanzas místicas empezaran a popularizarse para servir de consuelo ante la catástrofe.      Con la expulsión, el mesianismo se convirtió en parte central del movimiento. Las nuevas generaciones centraban su pensamiento en el regreso del hombre al manantial de su vida, a través de la contemplación del mundo superior por medio de la comunión mística.
     La combinación del misticismo con el mesianismo apocalíptico convirtió a la Cábala en una fuerza histórica de gran importancia. Muchos estudiosos lucharon por extender su influencia y lograron penetrar en numerosas áreas de la fe popular y de las costumbres, a pesar de la incesante renuencia de parte de algunos de sus seguidores más asiduos.
     Se crearon importantes centros de estudio, principalmente en la ciudad de Safed. El movimiento que se organizó en ésta ciudad significó una renovación de la Cábala en todo su extensión. Destacan, en este contexto, las figuras de Yosef Caro y Cordovero, los principales teóricos de la época.
     Los exiliados estudiaron la Cábala en sus formas iniciales, pero comenzaron a presentar nuevos sistemas. Surgió un movimiento apocalíptico notable con la figura de Isaac Luria Ashkenazi (1534-1572) a la cabeza, conocida como la Cábala Luriánica. A pesar de basarse en ideas anteriores, tenía la apariencia de ser una doctrina nueva con terminología y simbolismos distintos y más complejos.
     De 1700 en delante, la Cábala tuvo un carácter conservador. Se dio mayor énfasis a la meditación, a las enseñanzas morales, a la oración y a la teosofía. La mayor parte de los cabalistas se dedicaron a conservar la tradición luriánica y diseminaron sus conocimientos en una forma más popular.
     Con el paso del tiempo se establecieron nuevos centros de estudio en Marruecos y Jerusalem, principalmente. La Cábala probó ser una vez más no sólo la fuerza viva de un fenómeno social. En los fermentos nacionalistas del siglo XIX, en el sionismo, movimiento de liberación del pueblo judío, algunos de sus elementos más notables están presentes.
     Cuando los judíos de Europa occidental tomaron el derrotero de la cultura europea, la Cábala fue una de las primeras manifestaciones intelectuales judías en decaer. Se tuvo la sensación de que el mundo de la mística, con su simbolismo introvertido, era extraño y desagradable y fue relegado al olvido.
     Los cabalistas querían describir los misterios del mundo como reflejo de la existencia divina. Para el siglo XIX, esta imagen perdió vigencia ante los postulados emancipatorios y revolucionarios de la época.
     La Cábala del siglo XX se distingue más por el estudio que por la práctica pero continúa ejerciendo influencia en el judaísmo contemporáneo. De hecho, el Hasidismo, movimiento religioso originado en Europa oriental, mantiene la enseñanza mística utilizando, para su expresión, elementos como el canto y el baile.

SEGUNDA PARTE

     La Cábala o misticismo judío no es un sistema único con principios básicos que se pueden expresar en forma sencilla y lineal, sino que se conforma de una multiplicidad de enfoques que en ocasiones pueden llegar a ser contradictorios. Sin embargo, el misticismo judío posee un rango común de ideas y símbolos que sus seguidores han llegado a considerar como tradicionales.
     No se puede hacer una descripción directa de todos los conceptos comprendidos en la Cábala. Gran parte del análisis se realiza a través de analogías y metáforas que permiten establecer un vínculo entre el fenómeno descrito y el mundo tangible que conocemos. Las enseñanzas del misticismo judío le permiten al individuo comprender el verdadero significado de la creación, raíz de toda existencia.
     En sus orígenes, la Cábala fue simplemente un sistema metafísico, pero en el transcurso de su desarrollo fue incluyendo principios dogmáticos, éticos, etc. Entre los principales temas que se abarcan destacan los siguientes:
     Dios. La teología ocupa un lugar central en la Cábala. Todos los sistemas cabalísticos tienen su origen primario en la reflexión sobre la divinidad. Dios es la absoluta esencia que está más allá de la especulación o de la comprensión estática. Es infinito y ningún ser humano puede comprenderlo intelectualmente, ya que se encuentra por encima de todo pensamiento e imaginación.
     De acuerdo con la Cábala Dios debe concebirse como:
     1. Dios en sí mismo -oculto en las profundidades de su ser.
     2. Dios revelado -que crea y preserva su creación, Estos dos aspectos se complementan entre sí. Para expresar este aspecto desconocido de la divinidad, los primeros cabalistas de Provenza y España crearon el término EIN-SOF o sin fin, porque Dios es lo ilimitado, lo infinito, a quien nada ni nadie puede adjudicar atributos.
     Ein-Sof, como perfección absoluta, no se revela a sí mismo. Dios se manifiesta por medio de emanaciones consecutivas que finalmente implican el acto de la creación. Sólo a través de la relación de Dios con la creación, esto es, a través de la existencia de cada cosa es posible deducir la existencia divina como la primera causa infinita.
     Así mismo, la Cábala parte de la premisa de que Dios lo incluye todo y que no carece de nada. Su bondad es descrita como una luz, como una energía positiva que tiende a llenar todas las áreas incompletas o negativas.
     Al compartir su divinidad el Creador se hace presente en nosotros. Todas son manifestaciones de un solo concepto inseparable, que comprime la totalidad de la naturaleza de la Divinidad.
     La creación. En conexión con la idea de Dios surge la difícil pregunta de la creación. Los cabalistas se enfrentaron al dilema de explicar el Universo -que no podría haber existido previamente como una realidad o como una substancia primal- si de acuerdo con el concepto de Ein-Sof no existe nada fuera de Dios.
     Por otra parte, Dios, como infinito y eterno debe ser puramente espiritual, simple, elemental, por tanto ¿cómo pudo crear un mundo corporal sin verse contaminado por su contacto? Esto es, ¿cómo existe un mundo corporal sin que se incorpore una parte de Dios en él?
     Sefirot. La teoría de las Sefirot es un sistema básico del simbolismo místico que tuvo importantes repercusiones en el significado del judaísmo. De acuerdo con la doctrina cabalística, el principal anhelo de la creación de Dios es beneficiar a sus criaturas, por lo que su luz permea constantemente al Universo. El acto divino se visualiza simbólicamente como una "luz infinita" que circunda el vacío. Es una luz que penetra de la periferia al centro y que se manifiesta en diez estados de emanación.
     Estos estados de la emanación, llamados Sefirot, son los distintos atributos de Dios o las descripciones o epítetos que pueden aplicársele. La palabra sefirot no tiene equivalente en ningún lenguaje. Algunas veces se le traduce como poder divino y la mística los ha interpretado como los diez rostros o las manos de Dios.
     Cada sefirá representa una forma de energía que es llevada de su forma potencial en el mundo metafísico a una forma activa en el Universo. Comúnmente, estas formas de energía se relacionan con los patriarcas hebreos. Cada sefirá engloba a la inmediatamente inferior a ella. De la emanación continuada de la primera sefirá, llamada Kéter o corona, se desenvuelven las dos siguientes: Hochma o sabiduría y Bina o inteligencia. Juntas conforman la triada superior llamada el Mundo del Intelecto.
     Las siete sefirot restantes se les denomina "de la construcción" porque a través de ellas se ha realizado la formación del mundo. Se dividen también en dos triadas y en una sefirá armonizadora.
     La segunda triada empieza por la sefirá Hesed o bondad como elemento masculino, Gevurah como elemento femenino y Tiferet, belleza, que une a ambos. El conjunto forma el Mundo de las Emociones.
     La tercera triada se compone de Netzah o victoria, masculina, Hod o esplendor, femenina y Yesod fundamento, que une a las anteriores.
     La última sefira, Malkut, reino, no tiene atributos propios sino que armoniza a las otras y es mediadora entre el mundo y las sefirot. En ella se encuentra la presencia divina creadora.
     El Hombre Primordial. En la Cábala, la naturaleza y el mundo están simbolizados por el "hombre primordial". Esta expresión no se relaciona con el hombre propiamente dicho. Se trata de un concepto platónico en íntima relación con la teoría de las sefirot.
     En el mundo, las manifestaciones tanto materiales como espirituales deben haber pasado por las formas que culminaron con la creación del hombre. Hay una jerarquía en cuya cúspide se encuentra el extracto espiritual del hombre primordial.
     El Hombre y su Alma. Aunque el hombre siempre ha jugado un papel preponderante en el pensamiento religioso judío, en ninguna parte su importancia fue tan grande como en la Cábala. Este es representado como la suma, como el más grande producto de la creación. Su conducta influye sobre las sefirot y determina de ese modo la marcha del cosmos. Es la norma del Universo, que se refleja hasta en su estructura física.
     Su cuerpo ha sido construido de acuerdo a los misterios de la sabiduría y se simboliza como la vestimenta que cubre al alma, que es la realidad verdadera del hombre. El alma se divide en sefirot, igual que las emanaciones divinas, ya que también es de origen divino y existe con anterioridad al nacimiento del hombre y continúa existiendo después de la muerte.
     De acuerdo con la doctrina cabalística, todas las almas existen antes de la formación de los cuerpos, en un mundo suprasensible y con el transcurso del tiempo van a unirse con sus respectivos cuerpos.
     El Mal. Los cabalistas afirman que al analizar el problema del mal se debe distinguir entre el mal por sí mismo y el mal en la naturaleza humana. El mal es la negación del bien y como tal, no tiene existencia independiente. El hombre es malo cuando se aleja de la fuente primordial de Dios, pero puede eliminar su maldad mediante el arrepentimiento, las mortificaciones y la observancia de los preceptos religiosos.

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