EL JUDAÍSMO CONSERVADOR

     Durante siglos, dentro del judaísmo predominó una corriente ortodoxa unánimemente aceptada y respetada. Pero, en 1789, la Revolución Francesa con sus postulados de igualdad, libertad y fraternidad, trajo aparejadas profundas transformaciones en todos los niveles. Las comunidades judías de Europa occidental se vieron afectadas por las nuevas ideas que reclamaban un status equitativo para todos los individuos y que enfatizaban el predominio de la razón por encima de la fe. La ortodoxia tradicional exigía la observancia estricta de todos los preceptos religiosos sobre la base de la Torá o Biblia judía. Para muchos judíos, la esencia se mantenía incólume ante el paso del tiempo, pero el ritual y las costumbres debían adecuarse a los tiempos modernos.

     Aparece, así, el movimiento Reformista el cual pretendía adaptarse a las condiciones de la época, y el que interpretó la religión a la luz de las investigaciones científicas, rechazando las implicaciones nacionalistas del judaísmo.
     Es en este contexto cuando surge el movimiento Conservador que representa el punto intermedio entre el tradicionalismo estricto de la ortodoxia y la modernidad racionalista del reformismo. Los conservadores reconocen la importancia y autoridad de la Torá y de las leyes rituales. Al mismo tiempo, aunque aceptan la necesidad de cambios en la interpretación de estas leyes, exigen que tales modificaciones se realicen dentro del espíritu y el carácter de la religión judía tradicional.

HISTORIA
    
El movimiento conservador -como una respuesta religiosa adicional a la condición moderna- surgió a mitad del siglo XIX en Estados Unidos, con la creación del Seminario Teológico de Nueva York en 1885. Los que se identificaron con esta corriente creían en la emancipación, en la secularización del estado y en la occidentalización del judío. Aceptaban que era inevitable el que se dieran cambios en los hábitos religiosos, y pusieron énfasis en el hecho de que el pueblo judío era un organismo que renovaba su espíritu al responder creativamente a los nuevos retos.
     Esta actitud fue representada en este país por el rabino Isaac Leeser. Pionero en la introducción del inglés en el servicio religioso, Leeser propuso modificaciones en el ritual. Intentó cooperar con los líderes del movimiento reformista para organizar la Unión Rabínica y Congregacional en la que las distintas fuerzas podrían cooperar en la creación de un cuerpo religioso americano unificado.
     Sin embargo, estos esfuerzos no tuvieron éxito. Las figuras rabínicas que arribaban procedentes de Europa eran, en su mayoría, reformistas y luchaban contra la imposición de antiguas restricciones o la creación de una nueva autoridad. El reformismo alcanza gran éxito, y para fines del siglo XIX, un 88% de las sinagogas se identificaban con esta corriente. Pero, muchos de los que se negaron a participar en el movimiento reformista cooperaron con los conservadores. En Nueva York, el rabino Sabato Morris comenzó a presionar para que se organizara una escuela rabínica dedicada al conocimiento y a la práctica del judaísmo tradicional, como se ordena en la Ley de Moisés. En 1887 se organizó el Seminario Teológico Americano (STA) en respuesta a lo que se consideraba un exceso racionalista y antihalájico de los reformistas: (La Halajá es el cuerpo de leyes que rigen el comportamiento judío).
     A principios del siglo XX, el STA recibió un gran impulso, gracias a la figura de Solomon Schechter (1850-1915). Este consideraba que el judaísmo se moldeaba de acuerdo a los cambios en las condiciones sociales y económicas, así como por su propia dinámica interna. Por ello, para sobrevivir, el judío tendría que absorber parte de la civilización en la que vivía, y a la vez, establecer sus propios valores culturales. La mezcla de la tradición y la sociedad moderna constituía la base del judaísmo conservador.
     Para 1920, muchas congregaciones se autodenominaban conservadoras e intentaban hacer una síntesis entre el judaísmo como religión y como cultura. El movimiento conservador creció y con el tiempo, se convirtió en una de las principales fuerzas religiosas.

SEMEJANZAS Y DIFERENCIAS
    
Los conservadores se basan en la observancia de la Halajá con algunas modificaciones en el estilo de vida. Los exponentes de este movimiento aceptan toda la estructura rabínica tradicional. No obstante, permiten la interpretación de la ley de acuerdo a sus necesidades y convicciones.
     Los conservadores se caracterizan principalmente por:
     - La observancia limitada de las leyes dietéticas. A diferencia de los ortodoxos que son muy estrictos en la preparación de los alimentos y de los reformistas, que no proponen ningún ajuste en la práctica de este ritual, los conservadores mantienen la observancia limitada del kashrut o leyes dietéticas judías.
     -La mezcla de hombres y mujeres. En las sinagogas conservadoras como las reformistas, y a diferencia de las ortodoxas, no existe separación entre hombres y mujeres.
     -La observancia del shabat. Mientras que los ortodoxos prohiben totalmente la utilización del automóvil en shabat, y los reformistas lo permiten, los conservadores indican que se puede viajar en coche para cumplir con los preceptos religiosos como lo es el de asistir a la sinagoga.
     -La postura de la mujer dentro del ritual. Los conservadores como los reformistas, permiten una mayor participación de la mujer; por ejemplo, pueden llevar el rezo y decir el Kadish u oración en honor de un fallecido.
     Los conservadores no se comprometen a una plataforma definida de principios y dogmas, y mantienen una relativa apertura en los rituales y creencias de sus miembros. En la práctica, pretenden perpetuar la tradición, cultivar la educación y encontrar la unidad entre los judíos. Porque, a diferencia del movimiento reformista que enfatiza la idea de Dios, y de la ortodoxia que se basa en la Torá, el judaísmo conservador subraya la importancia del pueblo judío e intenta hacer una síntesis entre el judaísmo como religión y sus aspiraciones nacionales y culturales.

BIBLIOGRAFÍA

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