LA EUTANASIA EN EL JUDAÍSMO

    Los asombrosos avances en el campo de la tecnología médica moderna han logrado mejorar día con día la existencia de los seres humanos. Gracias a las novedosas técnicas, un alto porcentaje de enfermos terminales que en épocas anteriores no hubieran sobrevivido, han visto su promedio de vida significativamente incrementado. No obstante, a pesar del progreso alcanzado, aún hay un largo trecho por recorrer ya que existen muchos enfermos que se ven obligados a permanecer en un estado comatoso o vegetativo.   La tecnología le concede al médico la posibilidad de prolongar la vida de un enfermo terminal, pero al mismo tiempo, le plantea una serie de dilemas difíciles de resolver.

     ¿Cuál debe ser el trato hacia una persona en agonía? ¿Tienen los individuos el derecho a elegir cuándo y cómo quieren morir? ¿Debe intervenir el médico en esta decisión en un acto de supuesta bondad?   La eutanasia es el término que denota la acción para inducir una muerte suave, sin dolor y fue utilizado por primera vez por el historiador inglés W. H. Lecky en 1869. Entre los filósofos de la antigüedad, tanto cristianos como paganos existieron numerosos defensores de esta medida cuyo objetivo es el de extinguir la vida de quienes sufren de una enfermedad incurable o dolorosa. A lo largo de los siglos se han suscitado numerosas controversias en torno a este tema, y a pesar de los múltiples argumentos a favor de esta medida, la ley civil considera a la eutanasia como un asesinato.
     La legislación judía concuerda con esta postura. Independientemente de la severidad de la condición del paciente o de que tan negativo sea el diagnóstico médico, no se debe realizar ningún esfuerzo consciente por acabar con la vida del paciente.   Uno de los postulados básicos del judaísmo es el de la supremacía de la vida humana. Este principio se basa en la idea de que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. Cada fracción del cuerpo tiene el mismo valor, y a pesar de todas las concesiones que la ley judía propone para mitigar el dolor no se debe dar alivio al sufrimiento a costa de la vida misma.
     La tradición judía considera que la decisión de quién debe vivir y quién debe morir es exclusiva del Todopoderoso. Es así que Joseph Caro -destacado filósofo del siglo XV- en el Shuljan Aruj (el más importante código de leyes judías) estipula que "un enfermo en su lecho de muerte es considerado como una persona viva en todos sentidos. No se debe remover la almohada de una persona moribunda ni moverlo de su lugar o provocar molestias que aceleren su muerte".
      El término hebreo equivalente a la eutanasia es mitah yafah que significa muerte placentera. Aparece varias veces en el Talmud (compendio de leyes) pero siempre en relación con la tarea de reducir al mínimo la angustia de los criminales antes de su ejecución y nunca en el sentido de deliberadamente apresurar el fin de una persona que muere de causas naturales.
      En épocas recientes, algunas autoridades judías han expresado una actitud más liberal hacia la eutanasia. En apoyo a esta postura citan un incidente descrito en el Talmud. Cuando la muerte del Rabino Judah el Príncipe (135-219), editor de la Mishná y el más destacado estudioso de su época, era inminente, sus discípulos se reunieron en torno a su lecho y rezaron por su recuperación. Sin embargo, una de sus sirvientas, consciente de cuan intenso era el sufrimiento de este hombre y que inútil sería prolongar su vida, arrojó un cántaro al suelo. El ruido atrajo la atención de los discípulos, quienes dejaron de rezar y el rabino murió.
      Este incidente fue analizado por el Rabino Nissim ben Reuben (siglo XIV), quien concluyó que uno puede dejar de rezar por una persona enferma cuyo dolor es intenso y para quien no hay esperanza de recuperación.
      Un importante número de autoridades religiosas judías citan este mismo incidente para adoptar una actitud positiva con respecto a la eutanasia pasiva. Afirman que cuando una persona con una enfermedad incurable está sufriendo, los médicos no se ven obligados a mantenerlo con vida mediante la utilización de sistemas artificiales, sino que deben dejar la decisión en las manos divinas. De hecho, algunos rabinos se han mostrado favorables al cese de ciertos métodos terapéuticos que propongan artificialmente la vida de un individuo que no tiene posibilidad de recuperarse. En estas circunstancias, la suspensión de un tratamiento médico puede justificarse. Pero la eutanasia activa, en la que se usan drogas para acelerar la muerte del enfermo, es condenada como un asesinato, porque la vida de un individuo que sufre es preferible a una muerte digna.

BIBLIOGRAFÍA

Enciclopedia JudaicaKeter Publishing House, Inc., Israel, 1981Kolatch, Alfred

Jewish Book of WhyJonathan David Publ., USA, 1981Tillem, L. Ivan

The Jewish Directory & AlmanacPacific Press, USA, 1987