PÉSAJ: SÍMBOLO DE LIBERTAD Y RENOVACIÓN

     “Guardaréis la fiesta de los ázimos porque en este mismo día os saqué de Egipto y observaréis este día en todas vuestras generaciones por la ley perpetua”. (Éxodo XII: 17)

     Pésaj – nombre con el que se conoce a la Pascua judía – es una fiesta singular y trascendental. Constituye una importante y alegre celebración que tiene junto con su contenido histórico, un sentido relacionado con la naturaleza. No sólo es símbolo de la libertad del pueblo judío guiado por el profeta Moisés, quien por instrucciones divinas liberó a los judíos de la esclavitud en Egipto y los condujo al pie del Monte Sinaí en donde recibió la Ley Divina, sino también festeja la llegada de la primavera. Pésaj conmemora dos transformaciones: la del esclavo en hombre libre y la del suelo estéril en un campo fértil.

     Tres eran las festividades de peregrinación, en las que los varones del pueblo judío llegaban desde los lugares más remotos a Jerusalem en la época de los Templos (700 a.e.c. – 70 e.c.): en Pésaj, que representaba la siembra de la primera cosecha; en Shavuot, que era la festividad dedicada a la segunda cosecha, y en Sucot, que significaba la recolección de los frutos. Al celebrar estos acontecimientos agrícolas, los hebreos reafirmaban así su fe y gratitud a Dios por los bienes concedidos, entregando al Todopoderoso una ofrenda. Pésaj se convirtió en la fiesta máxima del pueblo judío.
     Se considera que es en Pésaj cuando el pueblo judío festeja el aniversario de su nacimiento. El pueblo hebreo se conformó como tal en el desierto y llegó posteriormente a la Tierra de Israel. De hecho, esta fiesta es un tema principal en la tradición judía y la salida de Egipto se recuerda diariamente en diversas oraciones y preceptos.
     Durante 430 años (Éxodo, XII: 40) los judíos fueron esclavos en Egipto. La redención no sucedió súbitamente. Según los relatos del libro bíblico de, lo antecedió un prolongado y arduo proceso evolutivo. Una y otra vez intervino Moisés ante el Faraón. Pretendían salir con la autorización oficial del gobierno egipcio. Una y otra vez frustró el Faraón estas tentativas diplomáticas. Finalmente, el día 15 del mes judío de Nisán más de 600 mil hombres y mujeres salieron de Egipto e iniciaron su travesía por el desierto. Cerca del Mar Rojo batallones egipcios realizaron su último intento de capturar a los esclavos perdidos y fracasaron. Después del milagroso cruce del Mar Rojo, Moisés y todo el pueblo de Israel entonaron un canto de gratitud y alabanza a Dios.
     La liberación de los judíos fue una etapa importante que culminó con la recepción de las Tablas de la Ley, que contienen los Diez Mandamientos, preceptos que guían al pueblo judío y que constituyen la base de las tres religiones monoteístas más importantes.
     El éxodo de los judíos de Egipto hace más de 3000 años definió su identidad nacional y señaló su nacimiento como nación y como pueblo libre, dando fundamento a la fe y ética judías, que tienen como valor fundamental la libertad. La tradición reclama que cada hombre debe considerarse, a si mismo, como si él, personalmente hubiera salido de Egipto.
     Pésaj es celebrado cada año el 14 del mes de Nisán, fecha que coincide con los primeros días de la primavera. Es una época de fructificación y esperanza renovada en el futuro en donde el hombre, en comunión con la naturaleza, celebra la renovación para la vida. Para un pueblo exclusivamente agrícola y ganadero como el hebreo de aquella época, Pésaj sellaba un símbolo con la naturaleza.
     El rasgo más característico de la celebración es el consumo de la matzá, pan o galleta ázima, preparada únicamente de trigo y agua que representa el pan que comían los judíos en el desierto a su salida de Egipto. La matzá es denominada también “pan de la pobreza” ya que además de mantener despierto en cada judío el recuerdo de los tiempos de opresión en Egipto, lo induce a velar por el derecho del prójimo y ayudar al necesitado.
     Durante ocho días los judíos no pueden comer ni poseer ningún alimento que contenga levadura. En vísperas de la fiesta, en todo hogar judío se debe realizar una limpieza para eliminar cualquier rastro de algún alimento de este tipo. Se acostumbra cambiar vajillas y enseres de cocina con el objeto de cumplir con el precepto.
     Durante la primera noche de Pésaj (en la Diáspora, durante las dos primeras noches), las familias judías se reúnen en sus hogares y llevan a cabo una cena denominada séder. La palabra séder significa orden y se refiere al servicio religioso que incluye una comida festiva acompañada de un ritual específico que la diferencia de otras cenas. Está lleno de símbolos y tradiciones milenarias cuyo objetivo es revivir las experiencias de la esclavitud, el éxodo y la libertad, y transmitirlas a las futuras generaciones.
     La noche del séder reluce, con los elementos simbólicos que la componen, de una manera muy especial. Invita a la reflexión de los adultos y al interrogatorio por parte de los niños. Su liturgia está condicionada al precepto bíblico que dice: “Contarás a tu hijo en esta noche, diciendo: Dios me ha sacado de Egipto”. Se lee la Hagadá de Pésaj, pequeño libro que relata la salida de Egipto, que además de incluir el orden que debe llevar la cena, contiene alegres cánticos y bendiciones.
     En la mesa del festejo se coloca una bandeja llamado keará con los siguientes alimentos que simbolizan diversas facetas de la festividad:
     1. Maror: hierbas amargas para conmemorar los tiempos difíciles que los judíos vivieron en Egipto como esclavos.
     2. Jarozet: mezcla de manzanas, nueces y vino que representa el barro utilizado para los ladrillos con los que los judíos realizaban las forzadas labores que les impusieron los egipcios.
     3. Karpás: verdura que puede ser lechuga, apio y rábanos, con el mismo significado que la hierba amarga. Se acostumbra a remojar estos vegetales en agua con sal, como símbolo de las lágrimas de la opresión.
     4. Zeroa: mano de cordero o hueso asado en recuerdo del cordero que antiguamente se sacrificaba en la Pascua.
     5. Beitzá: huevo cocido que representa la vida, además de simbolizar el duelo por la pérdida del Segundo Templo.
     6. Matzá o pan ázimo: rememora la prisa con la que los judíos salieron de Egipto, sin poder esperar a que el pan se fermentara.
     El vino es también un elemento esencial en la cena festiva. Como símbolo de alegría y regocijo, es tradición beber cuatro copas de vino, además de servir una quinta copa que no se bebe, porque durante las largas centurias del exilio de Israel el pueblo la considera como una promesa que todavía espera su cumplimiento. Esta copa es colocada sobre la mesa y es llamada la Copa de Elihau. De acuerdo con la tradición, el profeta Elihau es el predecesor del Mesías cuya llegada simboliza la reunión de los exiliados.
     No puede faltar en este festejo una plegaria especial para los hombres que carecen de libertad, para aquellos a quienes se les impide celebrar la ocasión. Es por ellos, por hombres a los que se les mantiene en cautiverio, a los que se les persigue por querer practicar sus tradiciones y su cultura ancestral, por todos aquellos que luchan incansablemente por vivir con dignidad, que en todo hogar judío se deja una silla reservada simbólicamente en la esperanza de que en algún día cercano se podrán unir a la gran familia de hombres libres.

Bibliografía

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Kolatch, J. Alfred. El libro judío del por qué, Colombia, 1994

Pésaj: Libertad y renovación. Línea Directa con Israel y Medio Oriente. Israel, 2004.

Telushkin, Joseph. Jewish Literacy. Harper Collins, United States, 2001