NUEVOS DESAFÍOS DEL KIBUTZ

     El kibutz israelí, pequeña población rural en el que la propiedad es comunal y todas las decisiones son adoptadas por la colectividad está viviendo un proceso de readaptación económica y social, alejándose incluso de los principios básicos que le dieron origen.
     Desde hace algunos años, la gran mayoría de los kibutzim (plural de kibutz), en donde se intentaba hacer realidad la vieja utopía socialista de compartirlo todo, está pasando por un delicado proceso de transformación que incluye en mayor o menor grado, la privatización de los medios de producción y los servicios del kibutz, así como la implementación más extensiva de la propiedad privada y el salario diferencial.
     Kibutz es el nombre que se le da en hebreo a un asentamiento colectivo. Es una comunidad rural única, una sociedad basada en la ayuda mutua y la justicia social, un sistema socioeconómico en el que la gente comparte el trabajo y la propiedad, en cumplimiento del principio de “cada uno conforme a sus posibilidades, a cada uno de acuerdo con sus necesidades”.

     El kibutz funciona como una democracia directa. La asamblea general toma las decisiones importantes dentro de la vida comunitaria. Elige a los altos funcionarios, autoriza el presupuesto del poblado comunal y aprueba la admisión de nuevos miembros, entre otras cosas. Los beneficios que obtienen no se reparten entre los miembros, sino que se reinvierten en proyectos comunitarios o en el continuo desarrollo de las ramas económicas.
     Las mujeres participan en forma activa e igualitaria en la fuerza laboral, teniendo la oportunidad de trabajar en cada uno de los trabajos de los diferentes sectores del kibutz. Los miembros de edad avanzada son asignados a trabajos apropiados a su estado de salud y vitalidad.
     Los niños, por su parte, cuentan con guarderías y planteles educativos a los que acuden hasta cierta edad. La educación de los pequeños es considerada de primerísima importancia. Asisten a una comunidad infantil, donde viven, comen y estudian juntos, enfatizando el espíritu de cooperación, que es la base de la vida comunal. Hasta hace apenas algunos años, los menores del kibutz dormían juntos en ciertas viviendas destinadas para ello. Paulatinamente esta práctica fue desapareciendo. Sin embargo, pese a que actualmente habitan en las casas de sus padres, pasan la mayor parte del tiempo en compañía de sus iguales.
     La mayoría de los kibutzim cuentan con una distribución similar. Las instalaciones comunales, tales como el comedor, el auditorio, las oficinas y la biblioteca se ubican en el centro, rodeadas por las casas de los miembros y jardines. Las instalaciones deportivas y educativas se encuentras detrás de la viviendas, y las zonas agrícolas e industriales se encuentran en el perímetro, un poco más alejadas.      No obstante las dificultades económicas e ideológicas que ha enfrentado, el kibutz se ha convertido en la institución comunitaria más grande del mundo. A pesar de representar tan sólo al 3% de la población, los cerca de 250 kibutzim aportan el 40% de la producción agrícola del país y el 7% de sus productos industriales.
     Los primeros kibutzim fueron fundados en la primera década del siglo XX, unos 40 años antes del establecimiento de Israel. Los jóvenes que iniciaron los movimientos kibutzianos eran devotos socialistas que huyeron de las persecuciones de la Rusia pre comunista y aspiraban construir una patria judía. Sin duda, el espíritu de estos pioneros tendió los puentes para el desarrollo subsiguiente y abrió caminos para el establecimiento del Estado.
     En sus inicios, estas primeras poblaciones se veían a sí mismas como grandes familias ya que contaban con pocos miembros. Eran pobres, la vida era muy dura y las tareas se centraban en la agricultura, que requería del desecado de pantanos y la transformación de tierras áridas en fértiles campos de labranza.
    Durante las décadas de los años 20 y 30, las familias empezaron a crecer dentro de los kibutzim, lo que originó la creación de las escuelas y las guarderías infantiles. Los kibutzim aumentaron en tamaño y empezaron a ser autosuficientes.
    Hacia 1948, con el establecimiento de Israel, los kibutzim habían logrado no solo crear una sociedad única, sino que desempeñaban un importante papel en la creación del nuevo Estado. Se generó un acelerado crecimiento en los asentamientos colectivos, tanto en el ámbito económico como en la cantidad de personas que decidieron integrarse a este tipo de vida. De hecho, en estas comunidades nació una tercera y cuarta generación de miembros, lo que dio lugar a la formación de grandes grupos familiares. A la par, el nivel de vida dentro de los kibutzim mejoró. Incluso, más rápidamente que en el país en general.
    Los kibutzim cumplieron un papel central en el desarrollo de la economía del país, produciendo una parte importante de las exportaciones del mismo. Asimismo, suplieron en forma casi exclusiva las necesidades del país en el ámbito agrícola. También jugaron un rol significativo en la colonización de la tierra y en la defensa de las fronteras, además de que fueron importantes centros de absorción y adaptación para muchos nuevos inmigrantes. Han aportado un número desproporcionadamente elevado de los líderes políticos, intelectuales y militares como David Ben Gurión, Golda Meir, Amos Oz y Moshe Dayan, entre otros. Evidentemente tuvo un peso gravitante en la historia de Israel, siendo unos de los pilares sobre los que el nuevo Estado fue construido.
    A partir de los años sesentas, la austeridad fue reemplazada gradualmente por un estilo de vida más de clase media. Sin embargo, el dinero era utilizado en proyectos comunitarios como comedores, piscinas, instalaciones deportivas, educativas y culturales.
     En la década de los ochenta, la inflación, las exageradas tasas de interés y las deudas contraídas llevaron a los kibutzim a una gran crisis financiera. El gobierno, los bancos y las federaciones de kibutzim llegaron a dos acuerdos para la cancelación y reestructuración de las deudas. Como parte del convenio, algunos tuvieron que vender tierras laborables para pagar sus compromisos; otros, debieron reducir sus costos operativos, encontrar nuevas fuentes de ingresos y aumentar su productividad. Esto se tradujo en recortes drásticos en los alimentos, la asistencia médica no esencial y la educación.
     Por su parte, con la caída del muro de Berlín se inició el declive de una de las corrientes ideológicas que influyó en las ideas colectivistas del kibutz, favoreciendo así un mayor individualismo. Miles de miembros en edad productiva abandonaron el kibutz atraídos por el estilo de vida de las ciudades de Israel.

La reestructuración
    
Las nuevas condiciones de estos importantes centros de vida derivan tanto de situaciones externas como internas, así como de factores económicos e ideológicos. El kibutz se ha visto obligado a adaptarse a los cambios del mundo moderno, a la vez que busca satisfacer las nuevas necesidades de sus miembros. Los cambios han sido un proceso gradual en el que cada kibutz ha puesto en práctica las soluciones que consideran adecuadas de acuerdo a su realidad particular.
     Debido a las transformaciones sufridas, alrededor de dos terceras partes de los kibutzim han sido privatizados, en diferentes grados y adoptando diversas medidas. Introdujeron tabulador de salarios entre sus miembros, según las tareas desempeñadas. Por su parte, las casas, que antes eran propiedad del kibutz, es decir, de todos, fueron registradas a nombre de los usuarios, que pueden heredarlas, rentarlas o venderlas, algo totalmente inaudito hace algunos años.
     Las tierras y el agua no han sido privatizadas y en lo que respecta a la satisfacción de las necesidades básicas de sus miembros, el llamado “nuevo kibutz” continúa garantizándolas como en los viejos tiempos, pero con ciertas modificaciones.
     Originalmente, la economía del kibutz se basaba totalmente en la agricultura. Los cultivos, la cría de aves de corral y de ganado lechero, constituían la médula de la economía; pero paulatinamente fueron introduciendo industrias dedicadas a distintas ramas. En algunos casos se ha permitido la inversión privada con el fin de desarrollar grandes empresas.
     De ser un ente dedicado principalmente a la agricultura y a la industria, cada vez son más los kibutzim que ofrecen servicios comerciales tales como restaurantes, lavanderías, parques acuáticos, hoteles, etc.
     Con el fin de recibir mayores ingresos, las escuelas y guarderías que anteriormente eran exclusivamente para los miembros del kibutz, han abierto sus puertas para permitir el ingreso de niños externos.      La relevancia que tenían los grandes comedores por ser el lugar de reunión de los miembros del kibutz, ha disminuido notablemente ya que en la mayoría de los casos se ha llegado a la decisión de cobrar la comida, lo que ha originado que muchos prefieran comer en sus casas en compañía de su familia más cercana.
     Anteriormente, los miembros del kibutz recibían una asignación mensual de productos de acuerdo al tamaño de su familia, independientemente del tipo de trabajo que desempeñaran. Las propuestas actuales incluyen un salario mínimo, y salarios mayores para los miembros veteranos, para quienes ejercen trabajos de responsabilidad y aquellos que prestan sus servicios fuera del kibutz. En la actualidad, los integrantes pueden elegir el trabajo que quieren desempeñar, inclusive, fuera del kibutz, y sólo el 15% de sus miembros se dedica a tareas agrícolas.
     Otro importante problema al que se han enfrentado recientemente es el de la deserción de los jóvenes. La independencia y el crecimiento personal pasa por dejar a los padres y a la pequeña comunidad del kibutz para irse a la ciudad. La ocasional falta de trabajadores en las fábricas y las tareas agrícolas, han generado la necesidad de contratar mano de obra externa. De esta forma proporcionan empleo a miles de personas – entre ellas a nuevos inmigrantes y residentes de ciudades cercanas en desarrollo –, al mismo tiempo que se aleja de la antigua autosuficiencia del kibutz.

Conclusiones
    
El kibutz es un logro que surgió de una sociedad pionera, prosperó bajo una economía en rápida expansión y se distinguió por la contribución de sus miembros al establecimiento y desarrollo del Estado de Israel. Es evidente que para lograr la viabilidad económica y social es necesaria una reevaluación drástica del kibutz como entidad económica y comunitaria.
     Algunos temen que al ajustarse a las condiciones cambiantes, el kibutz se está alejando de sus principios básicos. Muchos otros creen, por el contrario, que el secreto de su supervivencia radica en su aptitud para la avenencia y la adaptación a los tiempos modernos.
     Mientras el kibutz mantenga su naturaleza democrática y el espíritu de voluntarismo, fidelidad e idealismo continúen motivando a sus miembros, se deberá contar con los elementos creativos necesarios para hacer frente a las exigencias del futuro.

Bibliografía

“El Kibutz”. Centro de Información de Israel. Segunda Edición, 1991.

ROSNER, Menahem. “Future Trends of the kibbutz - An Assessment of Recent Changes”. The Institute for Study and Research of the Kibbutz, University ofHaifa. Publicación #83, 2000.

FEDLER, John. “El Kibutz. Qué, por qué, cuándo, dónde”. Israel Ministry of Foreign Affaire. 1 de octubre de 1999.

Página principal del Instituto para la Investigacióndel Kibutz de la Universidadde Haifa. http://research.haifa.ac.il