EL KIBUTZ: ¿UN SUEÑO QUE SE DESVANECE?

            Es un hecho que el último siglo probó ser, entre otras cosas, un período fructífero en ideas y experimentos para encontrar una mejor forma de vida y ofrecer alternativas a las estructuras sociopolíticas existentes. Surgió así la idea de crear comunidades planificadas en las que imperara la igualdad de oportunidades para participar y disfrutar del trabajo, sin relación con la posición, producción, ingreso o profesión de sus integrantes.
            Es en este contexto que a principios de siglo se crea en Israel el kibutz (término que en hebreo significa “asentamiento comunal”), unidad social y económica autosuficiente basada en la ayuda mutua y la justicia social. Estas nuevas comunidades produjeron un cambio drástico en el orden social, en los métodos de producción, en la división del trabajo, en las bases de la familia, en el sistema educativo y en el carácter de las relaciones.

            En la actualidad alrededor de 120,000 personas (2.2% de la población israelí) viven en estos singulares marcos cooperativos que se encuentran en constante transformación para dar respuesta a los retos de este fin de milenio.

Sus orígenes
            Los primeros kibutzim fueron fundados por jóvenes judíos procedentes, en su mayoría, de Europa Oriental. Aquellos pioneros imbuidos por las ideas socialistas rusas arribaron con el anhelo de redimir la tierra de su patria ancestral y forjar una nueva forma de vida. Aspiraban a construir una comunidad en la que cada individuo contribuyera de acuerdo a sus habilidades y recibiese en función de sus necesidades.
            Mas su camino no fue fácil. Se enfrentaron a un medio ambiente hostil, un terreno desolado y carente de agua, descuidado durante siglos. En los años siguientes se dedicaron a trabajar la tierra, a drenar pantanos y a convertir el desierto en tierra fértil, logrando vencer numerosos desafíos. En diciembre de 1909 fundaron así Degania, el primer kibutz en la Palestina dominada por el Imperio Otomano y, en las siguientes décadas establecieron florecientes comunidades que jugaron un papel central en la construcción del Estado judío.

Su organización
            Como sociedades abiertas, los kibutzim fueron concebidos como una democracia basada en una interacción directa. Las decisiones son adoptadas por la asamblea general, formada por los jefes de cada familia, que formula la política, elige a los funcionarios, autoriza los presupuestos y aprueba la admisión de nuevos miembros. Cada integrante tiene derecho a voto y es libre de debatir sus puntos de vista y los asuntos cotidianos son abordados por comisiones electas que se ocupan de temas específicos como la educación, la salud, la planificación o la cultura.
            El principio de la igualdad es un axioma central y los medios de producción son de pertenencia comunal. Las actividades de producción están organizadas en varias ramas autónomas, con un énfasis central en la agricultura. Para los habitantes del kibutz el trabajo es un valor en sí y por sí. Hombres y mujeres laboran en las diversas ramas de la economía y los niños pasan la mayor parte del tiempo en marcos organizados según grupos de edad, desde la infancia hasta la escuela secundaria.

Su desarrollo
           
Durante las primeras décadas del siglo XX la actividad de los kibutzim giró en torno a la colonización agrícola, la educación hacia el trabajo productivo y la defensa de las colectividades judías. Al establecerse el Estado judío, asumieron un papel central en la absorción de los inmigrantes, en la creación de asentamientos y en la protección de su patria. Una vez que esas funciones fueron transferidas a las autoridades estatales su centralidad disminuyó pero su participación en el quehacer nacional continuó siendo significativa. Con apoyo gubernamental los kibutzim transformaron grandes extensiones de tierras áridas en campos fértiles, y aprovecharon la agricultura y la tecnología para cultivar productos de gran calidad.
            En los años sesenta y setenta la vida del kibutz atrajo a decenas de miles de jóvenes de todos los confines del mundo así como a cientos de científicos sociales. Las inversiones fluían de todo el mundo, la economía se diversificaba y numerosos kibutzim establecieron sus propias fábricas, lanzándose de lleno a la producción industrial ligera.
     A principios de la década de los ochenta, las condiciones del país se modificaron, se incrementó la inflación y el mercado de valores se derrumbó. Los kibutzim que habían adquirido préstamos para financiar sus inversiones quedaron profundamente endeudados y sin posibilidades de recuperación. Familias enteras optaron por buscar otra forma de vida propiciando que muchas de estas colectividades desaparecieran.
            En los últimos años el movimiento kibutziano, uno de los más exitosos experimentos socialistas, ha modificado su organización y estructura para adaptarse a los nuevos tiempos.

El kibutz de fin de siglo
            A raíz de la caída del Muro de Berlín y el colapso del sistema soviético los kibutzim comenzaron a enfrentar una crisis de deserción de su población. Cerca de 2,700 personas abandonaron estas comunidades en busca de alternativas de vida. Los kibutzim han intentado encontrar soluciones creativas a sus problemas económicos y sociales a través de nuevas interpretaciones de la filosofía sobre la cual se establecieron. Conscientes de que su sobrevivencia depende de su creativa adaptabilidad en estructuras y formas motivacionales que refuercen sus valores básicos, buscan marchar junto con el progreso y la tecnología, preservando, a la vez, sus bases sociales.
            En este sentido una serie de valores que una vez fueron considerados substanciales para el sistema del kibutz, ahora han sido modificados. Entre estos se encuentran el no optar por la agricultura como forma exclusiva de vida y rechazar el ascetismo y la simplicidad como elementos dominantes que se manifestaban en distintas esferas de la vida kibutziana.
            Es por ello que a pesar de que tradicionalmente han fungido como columna vertebral de la agricultura israelí (en la actualidad producen el 33% de los productos de granja del país), los kibutzim se dedican ahora también a la industria, el turismo y los servicios.
            El concepto de igualdad total como axioma central se ha ido transformando para ceder paso a una marcada tendencia a mejorar el nivel de vida de sus integrantes ofreciendo incentivos económicos a los que producen más. Y las llamadas “casas de los niños” en donde los hijos de los integrantes del kibutz vivían y estudiaban separados de sus padres desde el nacimiento propiciando la convivencia entre menores y motivando una mayor lealtad al grupo, han desaparecido. Hoy en día los niños viven con sus padres retomando la idea de la familia nuclear.
            A pesar de los drásticos cambios, valores como el voluntarismo, la democracia directa y las formas comunales de propiedad no se han modificado. Estos principios son, sin duda, los que determinan la filosofía de un sistema que se diferencia de otras sociedades más convencionales y que, a finales del siglo continúa siendo un ejercicio de vida comunitaria.

BIBLIOGRAFÍA

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