SIMÓN WIESENTHAL: “LA CONCIENCIA DEL HOLOCAUSTO”

     El 20 de septiembre de 2005 murió Simón Wiesenthal a los 96 años, dejando un ejemplo invaluable de lucha por la justicia. Arquitecto de profesión, dedicó los últimos 60 años de su vida dedicado a cumplir la misión que se propuso cuando fue liberado del campo de concentración de Mauthausen en mayo de 1945: llevar ante la justicia al mayor número de criminales nazis. “Quiero que la gente sepa que después de asesinar a millones de personas, los nazis no lograrán huir como si nada”.

     En la lista de criminales nazis que ayudó a capturar se encuentran personajes nefastos como Adolf Eichmann, jefe del departamento de asuntos judíos de la Gestapo y responsable de implementar la “Solución Final”; Franz Strangl, comandante de los campos de Treblinka y Sobibor; Kart Silberbauer, oficial de la Gestapo que arrestó a Ana Frank, y Hermine Braunsteiner, quien supervisó la matanza de cientos de niños en Majdanek.
     Wiesenthal, también conocido como “soldado de la justicia”, nació en Buczacz, Ucrania, el 31 de diciembre de 1908. Su infancia transcurrió en un país donde el antisemitismo y la persecución contra los judíos eran hechos constantes de la vida cotidiana. En 1936, contrajo matrimonio con Cyla Mueller y se dedicó a ejercer su profesión en la ciudad de Lvov (actualmente Lviv), hasta 1939, año en que Alemania y Rusia firmaron un pacto de no agresión y acordaron repartirse el territorio polaco. Al poco tiempo, con la ocupación rusa de Lvov, comenzaron la persecución y el acoso en contra de los judíos. Su padrastro fue arrestado por la policía secreta soviética y enviado a prisión donde poco tiempo después murió y su hermanastro fue asesinado. En 1941, cuando los alemanes desplazaron a los soviéticos, Wiesenthal fue detenido y obligado a realizar trabajos forzados en el campo de Ostbahn.
     A principios de 1942, cuando los nazis decidieron aplicar formalmente la “Solución Final” para eliminar a los judíos, pusieron en marcha una fábrica sistemática de horror y muerte. En agosto de ese año, la madre de Wiesenthal fue enviada al campo de muerte de Belzec; para septiembre, 89 miembros de su familia y la de su esposa habían sido asesinados.
     En octubre de 1943, Wiesenthal logró escapar de Ostbahn. En 1944 fue recapturado y fue enviado al campo de Janwska, de donde sobrevivieron sólo 34 de los 149,000 detenidos. Cuando el frente oriental alemán cayó, Wiesenthal fue enviado al campo de Mautahusen (Austria) y liberado por el ejército estadounidense, el 5 de mayo de 1945.
     A tan solo dos semanas de haber encontrado la libertad, el llamado “cazador de nazis”, comenzó su labor desde la Oficina de Crímenes de Guerra del ejército de Estado Unidos, reuniendo evidencias sobre las atrocidades nazis. Su primera tarea consistió en localizar a los guardias de Mauthausen que se encontraban ocultos en los alrededores.
     Un año después, junto con otros treinta voluntarios, fundó el Centro de Documentación Histórica Judía en Linz, Austria, con el objeto de seguir reuniendo documentos. En una vieja casa de lo que fue el antiguo barrio judío vienés, cerca de donde se alzó hasta 1945 el cuartel general de la GESTAPO, Wiesenthal trabajaba en un pequeño despacho repleto de ficheros que sólo él entendía y encontraba. Era inmensamente meticuloso, consciente de lo que suponía cada exactitud o error.
     Con la Guerra Fría, los Estados Unidos y la Unión Soviética perdieron interés en llevar a los nazis ante los tribunales. En 1954, la oficina de Linz se cerró y todos sus archivos fueron entregados al museo Yad Vashem en Israel. Excepto uno: el “dossier” sobre Adolf Eichmann, el jefe de la Sección de Asuntos Judíos de la Gestapo que supervisó la implementación de la “Solución Final”.
     Durante los siguientes años, Wiesenthal continuó con diversas labores de asistencia humanitaria en beneficio de los refugiados de la guerra, sin abandonar la investigación acerca del paradero de Eichmann. Finalmente, tras estrecha colaboración con las autoridades israelíes, en 1960 el criminal nazi fue localizado en Buenos Aires, Argentina, donde fue capturado y trasladado hacia una prisión israelí para ser sometido a juicio. Condenado por genocidio, fue ejecutado en el 31 de mayo de 1961, siendo éste el único caso de pena capital aplicado en Israel.
     Motivado por la captura y juicio del jefe de la Gestapo, Wiesenthal abrió nuevamente el Centro de Documentación Judía en Viena y se concentró en la búsqueda de criminales nazis. Desde su pequeña oficina, continuó sus investigaciones, evaluando pruebas, verificando sus fuentes y desechando aquellas que no contaran con los elementos suficientes para considerarlas verdaderas.
     Sus investigaciones permitieron ubicar a otros jerarcas del Tercer Reich como Alois Brunner (mano derecha de Eichman), Martin Borman, Franz Stangl (comandante de los campos de exterminio de Treblinka y Sobibor), Aribert IEM (médico del campo de Mauthausen) y Wilfred von Owen (asistente de Joseph Goebbels), entre otros. Wiesenthal contribuyó a la captura de Klaus Barbie, conocido como “carnicero de Lyon).
     Trabajó de cerca con los gobiernos de Estados Unidos, Israel, Austria y Alemania, entre otros, con el fin de localizar a cerca de 1,100 criminales nazis y llevarlos ante la justicia. Era un detective inteligente y tenía una gran memoria. Contaba, además, con una vasta red de colaboradores, colegas y simpatizantes que le ayudaron a extender sus pesquisas a Sudamérica.
     Wiesenthal buscaba, a la vez, recordar al mundo los peligros del nazismo así como los efectos destructivos del racismo y la intolerancia. Para ello, daba conferencias, escribía artículos y libros, y participaba en programas de radio y televisión.
     Reconocido como uno de los grandes humanistas del siglo XX, recibió incontables reconocimientos, entre los que se encuentran: las condecoraciones de los movimientos de resistencia de Austria y de Francia, la Medalla de la Libertad de Holanda, la Medalla de la Libertad de Luxemburgo, el Premio de la Liga de las Naciones Unidas para la Ayuda a Refugiados, la Medalla del Congreso de los Estados Unidos entregada por el Presidente Jimmy Carter en 1980, y la Legión de Honor de Francia en 1986; el título de Caballero Honorario del Imperio Británico de la Reina Elizabeth II otorgado en febrero de 2004, la Medalla Presidencial de la Libertad concedida por el presidente William Clinton, entre otros.
     El célebre “cazador de nazis” no pretendió vengarse personalmente de los criminales del Tercer Reich. Por el contrario, llevaba los casos ante tribunales legítimamente establecidos para que desde ahí se realizara el proceso. Se rehusó a dar información a grupos que pretendían vengarse de sus hostigadores y realizó importantes esfuerzos para convencerlos de que la respuesta más apta para castigar la bestialidad del nacionalsocialismo era el fortalecimiento de los esfuerzos de la sociedad encaminados a la ley y justicia. “Los asesinatos por venganza no pueden ni deben ser el medio para administrar justicia. Nosotros diferimos de ellos precisamente en que nosotros aceptamos los juicios que emanan de las cortes judiciales, incluso en los casos que las consideremos monstruosas o injustas”, afirmó.
     Wiesenthal estaba convencido de que el haber sobrevivido el episodio más trágico de la historia, lo obligaba a buscar justicia para los millones de seres humanos que fueron aniquilados. “Me siento culpable de haber sobrevivido, mientras personas más inteligentes que yo, capaces de aportar más cosas a la humanidad, no lo lograron. Por eso reconozco que debo ser su boca ya que ellos permanecerán callados por siempre”.
     En abril de 2003, anunció que su labor de 58 años había concluido. En una entrevista con la revista austriaca Format declaró: “Encontré a los asesinos que buscaba. Viví más tiempo que ellos. A los que no busqué están demasiado viejos y enfermos para ser procesados legalmente”. En su búsqueda de la justicia y no de la venganza, Simón Wiesenthal representa la conciencia universal que marcó a gran parte de los intelectuales y pensadores judíos del siglo XX. .Enemigo del racismo en todas sus formas, un defensor de la humanidad, y la voz de seis millones de judíos que perecieron durante la Segunda Guerra Mundial.
      Fue, sin duda, un símbolo, un combatiente por la memoria, la justicia y la tolerancia, siempre alerta para evitar que la más terrible época de la historia pudiese repetirse.