VIAJE A POLONIA E ISRAEL A TRAVÉS DE SUS MONUMENTOS María Isabel Santaularia - María Isabel Tomás *

     El aprender a leer y entender el significado de lo que nos dicen la arquitectura y los monumentos, es algo apasionante. Visitar un país y leer a través de estas grandes hojas de piedra es comprender que la arquitectura no sólo funciona, sino que es testigo de los acontecimientos que en ella se llevan a cabo. Cada sitio recorrido, habla sobre los acontecimientos y sus personas. Todos ellos tienen un común dominador que es el simbolismo. Lo que leímos en ellos fue tristeza, sufrimiento, alegrías y logros alcanzados.

     El viaje de estudios a Polonia e Israel, fue para nosotros el descubrir la historia a través de sus monumentos y su arquitectura, además de las aportaciones que recibimos de nuestros compañeros de viaje, con los que compartimos momentos de alegría y tristeza.
     El primer encuentro con Polonia fue en el Ghetto de Varsovia. Su exterior muchas veces fue destruido o remodelado para evitar recordar la angustia que vivió la gente que en él habitó. El penetrar al núcleo central de los edificios, donde familias polacas habían sido encerradas y aisladas, el ver esos cubos de luz fríos y obscuros, que parecían que gritaban el dolor que en ellos habían padecido familiar enteras, es indescriptible. Ventanas que reflejan un mundo distorsionado y deformado, producto de la falta de libertad del ser humano. Estos muros nos hablan de los nacimientos,, muertes, de los amores y tristezas de miles de gentes, que clamaron sin entender el porqué no les ayudaron a salir.
     La única salida era la estación de Tren de Varsovia. De ella nos habla su monumento en frío mármol, tan frío como los embarques de gente que en él se llevaban a cabo. De aquí salían viajes rumbo a un destino sin regreso. Antes de penetrar bajo el dintel de la puerta hay un relieve con árboles truncados y sin vida, que representan el fin que tuvieron los que tomaron el tren en esta estación. Aparecen los nombres de aquellos que aquí se subían al tren pensando que sólo iba a ser momentánea su salida sin saber que muchos de ellos jamás regresarían. En la parte central del monumento hay una abertura que nos permite ver un árbol vivo, esperanza que todos conservamos de que lo que sucedió no volverá a pasar.
     Al subir al tren que sale de esta estación partimos hacia Treblinka donde las vías del tren se continúan para aparentar que ésta no era la única parada. Al lado de ellas, hay piedras erguidas que simbolizan a los soldados que bajaban a los prisioneros de los vagones. Otras piedras penetran en el campo a través del bosque, ¿qué significan estos monolitos de piedra? Nos hablan de los prisioneros que entraban a las cámaras de gas. En el centro del campo hay tres monolitos, dos de ellos verticales y uno en la parte superior horizontal, los verticales por su recubrimiento de piedra nos recuerdan los muros de Jerusalén, mientras que el horizontal trabajado en relieve nos permite leer en él fácilmente; la cara frontal que es la primera que vemos nos muestra la gente que entró en este campo. En la parte superior se elevan dos manos al cielo. En la cara contraria, la menorá (candelabro de siete brazos) viendo a Jerusalén, esperanza del judío de volver a contemplar su tierra. En sus caras laterales, de un lado la vida, gente que entra en las cámaras y en el otro la muerte. A los pies de este monumento se encuentra el testimonio de las cenizas de aquéllos que perecieron en este lugar.
     El silencio es impresionante, así como el contraste entre la inercia de las 17.000 piedras con el verde de los árboles en movimiento y vida. No se necesita mucha explicación, el lugar habla por sí solo, expresa los sentimientos de aquéllos que aquí estuvieron. Cada uno de los monumentos que vimos nos expresó el sufrimiento.
     En Majdanek su monumento majestuoso que se contempla desde la carretera, es de piedra con seis cabezas, símbolo de los 600,000 muertos en este campo. La arquitectura no sólo expresa triunfo y gloria, en ocasiones debe expresar dolor, tristeza y una sensación de peso sobre nuestro espíritu. En este campo, emplearon elementos para que el visitante sintiera el ahogo y el asfixio de los que murieron en la cámara de gas. Esto lo lograron por medio de un túnel inferior con salientes.
     Sentir estos monumentos nos permitió sensibilizamos. Todos ellos nos enseñaron su dolor, pero también el esfuerzo de las víctimas por salir adelante. Fueron testigos y objeto de una de las más grandes tragedias de la humanidad, pero a su vez deben ser testimonio de ello para que no se vuelva a repetir.
     El resto del viaje nos habla de un pueblo que podríamos decir que nació con el hombre, el pueblo judío. A través de sus monumentos y arquitectura pudimos ver el por qué de este espíritu de superación a pesar de haber sufrido lo que vimos en Polonia.
     Sus monumentos y arquitectura en este caso, nos refieren su continuidad. Así, en Masada contemplamos la primera sinagoga, o en Tel- Aviv, una de las últimas. La diferencia entre ellas es su lugar en el tiempo, no así los principios que sostienen. La sinagoga es un lugar de oración y de respeto. La menorá ha estado presente desde Cafernaum, en donde se encuentra una de las primeras y en el Parlamento, obra reciente en el que cada uno de sus brazos representa en relieves la historia del pueblo judío. La lección en este caso está expresada en piedra.
     Sus edificios nos hablan de sus principios religiosos y filosóficos. La Suprema Corte de Justicia, grita con su arquitectura y espacio lo que debe ser la ley, recta y llena de luz. La luz, penetra a los espacios de las Salas de Audiencia y el sentir un espacio donde la luz te envuelve te da la sensación de que no hay nada que ocultar, sino la certeza de que todo será tratado con justicia.
     ¿Qué decir de los monumentos del Holocausto que se encuentran en el Museo de Yad Vashem en Israel? Cada uno de ellos es una obra que expresa lo que se vivió en los campos de exterminio; hay penumbra y oscuridad, sólo una luz y una antorcha que ilumina y sale para dar la esperanza de que esto no se va a volver a repetir. El de los niños, donde en la parte inferior simulando las piedras están las fotos rotas de fin de curso, representan las vidas truncadas. Al penetrar al lugar se repiten las caras y velas que nos recuerdan el genocidio, que no puede repetirse de ninguna manera. Sería interminable el mencionarlos a todos. Cada uno de los monumentos y edificios que vimos nos hablaron de este pueblo que después de sus sufrimientos pudo renacer y continuar adelante construyendo su futuro.

* Arquitectas y docentes de la Universidad Anáhuac. Participantes del Viaje de Estudios a Polonia e Israel organizado por Tribuna Israelita.