RECORDANDO PARA EL FUTURO

     Durante los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, gran parte de la sociedad alemana se rehusaba a confrontar su pasado. La memoria de la presencia judía en sus ciudades había sido borrada y el conocimiento de la cultura y la historia judías era escaso.
     A principios de la década de los setenta, Kurt A. Körber, industrial hamburgués y Gustav Heinemann -quien más tarde sería presidente de la República Federal de Alemania- concibieron la idea de crear un proyecto para alentar a la juventud alemana a cuestionar las tradiciones del pasado. Convencido de que la investigación individual rinde mayores frutos que la exposición de un experto, Körber sugirió implementar un concurso de historia dirigido a estudiantes entre 8 y 21 años.

     Desde 1973, más de 18,000 han participado en el “Concurso Estudiantil de Historia Alemana por el Premio del Presidente”, examinando de cerca la vida bajo el régimen nacionalsocialista. A menudo sus esfuerzos hallaron rechazo, aunque también encontraron estímulo de parte de maestros y condiscípulos. Su sed de conocimientos acerca del terrible pasado nazi ha logrado romper el silencio en una forma eficaz.

AFRONTANDO LA HISTORIA
     “Comúnmente” -afirma Wolf Schmidt, Director del proyecto, “la gente se pregunta qué pasa con los alemanes: manifestaciones de extremistas de derecha, violación de cementerios judíos ataques a refugiados e inmigrantes turcos. Rostock, Mölln, Solingen y Lübeck se han convertido en ciudades notorias como lugares de violencia de extrema derecha. Desafortunadamente el extremismo de derecha, la hostilidad contra los extranjeros y el antisemitismo son fenómenos internacionales que prevalecen también en la Unión Europea. Cuando ocurren en Alemania, tales incidentes son ampliamente divulgados por la prensa escrita, la radio y la televisión lo cual es comprensible, teniendo en cuenta su pasado nacionalsocialista. Por tanto, la pregunta recurrente es la siguiente: ¿qué hacen los alemanes para aprender del pasado?
     Obviamente, es imposible hablar por todos los alemanes. En un país como Alemania, de 80 millones de habitantes, siempre se encontrarán personas que sostengan opiniones extremas respecto al pasado y al carácter único de su nación, o bien personas que se manifiesten abiertamente contra las minorías. De igual modo; se encontrarán personas que representen la conciencia moral de una nación, personas autocríticas que prevengan contra la arrogancia y combatan abiertamente la xenofobia y el racismo. En cualquier país la mayoría de la población no pertenece ni a un extremo ni al otro. Para valorar la atmósfera política de un país, no se puede menos que examinar de cerca a la mayoría normalmente silenciosa, cuyas opiniones se reflejan mejor en el resultado de las elecciones generales: más del 90 por ciento de los electores alemanes votan regularmente por partidos democráticos bien establecidos.
     Lo que deseamos es mostrar la forma en que miles de jóvenes alemanes han enfrentado la historia y el Holocausto judíos durante las dos últimas décadas. Se trata de una actividad poco usual iniciada por Kurt A. Körber, un hombre de negocios, y su Fundación, con la colaboración del Presidente federal alemán. Desde el año 1973, la Fundación Körber, de Hamburgo, financia y organiza el "Concurso Estudiantil de Historia Alemana por el Premio del Presidente". Hasta el presente, más de 70,000 jóvenes han participado en el certamen, ocupándose del tema más doloroso de la historia alemana; muchos de ellos haninvestigado destinos judíos locales. Sin duda, no son representativos de toda la juventud alemana. Excepcionalmente diligentes y comprometidos, muchos de ellos acaban convirtiéndose en jóvenes líderes de la sociedad alemana.

RECODANDO EL HOLOCAUSTO Dirk Wegner *
     Ni siquiera la muerte puede garantizarles una paz duradera. Incendios en antiguos campos de concentración judíos, lápidas destruidas en cementerios judíos, graffiti en placas a la memoria de las víctimas del Holocausto... La destrucción de monumentos dedicados al sufrimiento de los judíos ha suscitado horripilantes titulares de prensa. Las pistas conducían siempre a la extrema derecha. "Como judío, refugiado o extranjero, se siente uno súbitamente abandonado en este país, igual que 50 años atrás", se lamentó Richard Chaim Schneider en "Die Zeit".
     Mientras que los políticos aún discuten las medidas que deben aplicarse contra la violencia de derecha, los jóvenes críticos se sienten cada vez más comprometidos con las víctimas, doblemente humilladas. Un notable número de participantes en el "Concurso Estudiantil", más del 10 por ciento, examinaron monumentos a las víctimas del nacionalsocialismo y a los campos de concentración. "Me decidí por el tema: "Cementerios judíos" porque hoy día están ocurriendo demasiados disturbios de extrema derecha. Si los jóvenes se ocuparan del judaísmo y de otras religiones, aceptando el hecho de que aquí en Alemania existen tantos pueblos de diferente raza, color y religión, disminuiría el problema del extremismo de derecha", espera un alumno de octavo grado de la Escuela Integrada «Joseph von Eichendorff»; muchos jóvenes comparten este criterio. «Hogar del eterno descanso -el cementerio judío en Bettenhausen», un trabajo presentado por una clase escolar de Kassel, conquistó un tercer premio. Sin embargo, la búsqueda de huellas de cultura judía en la historia local alemana se ha hecho a menudo difícil. Cementerios ignorados y abandonados detrás de tupidos setos, falta de señales que indiquen los edificios con un pasado judío y ausencia de testigos judíos de la época en las localidades. La ciudad de Ellwangen es un buen ejemplo de esta situación. En el centro de Ellwangen un considerable número de placas de bronce destacaban los edificios de interés y su historia. 'Sólo para terminar comprendiendo que en todo el centro de la ciudad no había nada que hiciera referencia a la tradición judía", se quejan Sabine Wierlemann y Nina Kenntner. A ambas estudiantes de decimotercer grado del Peutinger Gymnasium (instituto de enseñanza media superior) de Ellwangen se les otorgó un tercer premio por su ponencia “Pisando piedras del pasado”.
     A similares conclusiones llegó la concursante Kerstin Melanie Kraatz, una estudiante de decimosegundo grado de Brema que recibió un segundo premio por su trabajo de investigación en un cementerio judío de Hoyerhagen. “Estuve a punto de pasar por alto una cerca de alambre que, hundida en la arena, rodeaba el cementerio. No había ningún cartel, nada en aquel solitario sendero que indicara la presencia de otra cosa que serbales y arándanos. En la localidad no había absolutamente ninguna indicación relativa a la gran comunidad judía que existió en el lugar. No había ninguna mención de las víctimas de la cruel persecución y del asesinato, todas las cuales, con la sola excepción de una mujer, fueron ciudadanos judíos de Hoya”.
     Recuerdos de ciudadanos judíos: “Nuestro deber de mantener viva la memoria de los judíos continúa. Una reconciliación sin memoria es imposible, y una repetición de la historia sólo puede ser evitada a través de las memorias”, advierten Sabine Wierlemann y Nina Kenntner, estudiantes de decimotercer grado del Peulinger Gymnasium (instituto de enseñanza media superior), en Ellwangen. Sólo así es posible evitar el resurgimiento de la intolerancia y la discriminación de las minorías. Sabine y Nina obtuvieron un tercer premio por sus retratos de ciudadanos enterrados en el cementerio judío de su ciudad natal.
     En 1933, la población judía de Alemania era de 600 000 personas; hoy no pasa de 40.000. “Son pocos - si acaso hay alguno - los alemanes que conocen a algún judío. En consecuencia, los prejuicios heredados no pueden ser desactivados por medio de la experiencia personal”, concluye Sabine Wierlemann.
     Ésa es justamente la tendencia que los jóvenes investigadores deseaban contrarrestar. Los contactos adquiridos en el curso de esta labor les permitieron retrotraer la historia judía, aparentemente anónima y remota, al mundo de su propia vida cotidiana y adquirir experiencias realistas. Así, pues, lograron comprender, de una manera mucho más clara, la situación histórica que dio lugar a las circunstancias actuales. Les fue posible corregir inexactitudes e incluso prejuicios. Los resultados de estos “recordatorios activos” pueden contribuir al surgimiento de un futuro más humano.
     La clase G10a de la Escuela “Dr. Georg-August Zinn”, en Gudensberg, mereció un cuarto premio por su trabajo acerca de la sesquicentenaria historia de la sinagoga local; el grupo describe así sus expectativas: “El interés por la sinagoga y su feligresía puede contribuir a la comprensión de la historia de los judíos no sólo como tal sino también como parte de la historia de la ciudad. Puede ser un recordatorio, una advertencia y, esperamos, una ayuda en el trato cotidiano con las minorías y personas de otras opiniones y credos religiosos".
      Movidos por la curiosidad, los alumnos tantearon el camino hacia el pasado desconocido y se sintieron fascinados por los monumentos marcados por la pátina del tiempo, como le sucedió a Kerstin-Melanie Kraatz. “Las variadas formas de esas lápidas embrujadas, algunas de ellas dobladas por el peso de los años, estimulan mi imaginación. Leí los nombres y me perdí en tragedias familiares. ¿Qué provocó la muerte de la diecisieteañera Amelie Valentín, cuya lápida se inclina tan pesadamente? ¿Quién yace debajo de la losa más antigua al fondo de la esquina izquierda, llena de jeroglíficos hebraicos indescifrables para mí? ¿Qué sintió la persona desconocida al despedazar la lápida conmemorativa hasta no dejar más que fragmentos dispersos alrededor de la tumba?”
     El algo temeroso interés inicial de muchos de los buscadores de rastros no tardó en trocarse en pasión investigativa. Pronto se llenaron carpetas enteras de documentos redescubiertos en afanosas indagaciones e intercambios postales con judíos de todos los rincones del mundo.
     En tal caso se halla un equipo de trabajo integrado por alumnos de décimo grado de la Escuela “Anne Frank”, en Gütersloh. En compañía de Wilfried Limper, su maestro, se dieron a la tarea de rastrillar la hojarasca que cubría el cementerio judío local. Descubrieron allí la lápida conmemorativa de un bebé de cuatro meses de edad, Mordechai Yona, muerto en septiembre de 1946. Aunque la lápida no incluía ningún epíteto, los alumnos se propusieron descubrir la historia oculta detrás de la minúscula tumba.
     Iniciaron un proyecto de investigación, aún en curso, sobre el terror nacionalsocialista en su ciudad natal. Gracias a sus hallazgos, la ponencia de estos alumnos, titulada Nuestros restos... Tumbas olvidadas: testimonios de vidas judías, fue merecedora de un segundo premio.
     Los padres del niño eran trabajadores forzados judíos. En 1944 la madre fue deportada al campo de concentración de Auschwitz, donde sólo sobrevivió gracias a su capacidad para soportar trabajos extremadamente duros. De Auschwitz la trasladaron en un vagón de carga a Lippstadt, donde trabajaba doce horas al día en las plantas siderúrgicas.
     Poco antes de terminar la guerra, fue una de las 800 judías de un contingente trasladado hacia Bergen-Belsen, o sea, hacia una muerte segura. Tambaleándose, las mujeres marchaban hacia su destino final cuando, el domingo de Pascua de 1945, soldados norteamericanos las rescataron en Kaunitz, una parroquia de Westfalia. Los primeros rastros del niño aparecieron como resultado de indagaciones efectuadas en la asociación local de personas desplazadas. Los alumnos se pusieron en contacto con una judía, ahora residente en Australia, que había convivido con la madre del niño en Kaunitz al final de la guerra. Se enteraron de que la criatura había muerto de «influenza febril y convulsiones» en el otoño de 1946. Poco tiempo después, sus padres, Shelomo y Ruchla Kuperszmidt, emigraron a Australia, donde el padre se suicidó y la madre falleció a causa de los efectos del cautiverio nazi. Gracias a la correspondencia con los hermanos de Mordechai sobrevivientes y otras judías, por entonces en Kaunitz pero ahora dispersas por el mundo, los alumnos ahondaron en los indescriptibles sufrimientos de este pueblo, para ellos desconocidos hasta entonces.
     He aquí lo que refieren los jóvenes investigadores: “Las cartas recibidas nos afectaron profundamente. Apenas podíamos creer que hace 48 años jóvenes judías hubieran sufrido tanto cerca de nuestra ciudad natal. Mirando bien las cosas, la capacidad humana para asumir conductas espeluznantes es espantosa".
      Frida Doziminer, una judía nacida en Polonia, recordaba con exactitud el transporte de Auschwitz a Lippstadt; los estudiantes imprimieron su carta: “Era un tren de carga, sin ventanas ni ventilación. Íbamos apretujadas, de pie, una pegada a la otra, durante todo el viaje, que duró cinco días con sus noches. Nos dieron media barra de pan sin nada de beber y nadie nos dijo cuánto duraría la jornada. Durante los cambios de escolta, los gendarmes alemanes abrían las puertas de los vagones y nosotras teníamos la oportunidad de respirar aire fresco. Viajábamos tan amontonadas que algunas se enfermaron y una muchacha se asfixió en mi vagón. Por fin, completamente exhaustas, llegamos a Lippstadt".
     Frida Doziminer tampoco ha olvidado la liberación en los campos de Kaunitz: “Estábamos muy débiles y debíamos presentar un aspecto triste. Cada una de nosotras vestía una túnica con una enorme esvástica amarilla en la espalda. La mayoría de las mujeres tenían un número tatuado en el codo. Cuando los soldados norteamericanos notaron nuestra presencia, se bajaron de los tanques, pero no podían dar crédito a sus ojos. Se quedaron ahí parados, llorando, igual que nosotras".
     Wilfried Limper da las gracias por su coraje a judías de Estados Unidos, Israel y Australia: “...esta correspondencia nos ha conmovido profundamente; escribir su dolorosa historia debe haber sido una gran prueba para estas mujeres".
     A pesar de los traumáticos recuerdos despertados en muchas víctimas por esta investigación, el trabajo de los estudiantes ha sido reiteradamente apreciado incluso por el público israelí en general. La televisión nacional de Israel dio a conocer el proyecto y, en Jerusalem, el Fondo Nacional Judío sembró cien árboles en honor del equipo de trabajo estudiantil y su escuela. Este acto constituye un gran honor de acuerdo con la tradición judía, ya que un precepto de la Torá asocia la siembra de árboles a la fe en el futuro.
     Justamente porque aquéllos que buscan huellas desean hacer algo en aras del futuro, la revaloración de la historia rebasó la mera demostración documental de acontecimientos para desembocar en el compromiso político. “Queremos colocar una placa conmemorativa en aquel campo de Kaunitz. Ahora, con la renovación del nacionalsocialismo, es necesario que no se olvide la historia en ese lugar. “Tal es el propósito del equipo de trabajo de Gütersloh.
     Sin embargo, el entusiasmo juvenil se ve a menudo frenado por una burocracia oficial displicente. He aquí la frustrante conclusión extraída por Kerstin-Melanie: “En Hoya el fardo de la historia no afrontada gravita tan pesadamente sobre la atmósfera que no es posible mover a la gente, adormecida en la seguridad del olvido, a preservar el cementerio judío”.
     No obstante, en varios lugares muchos jóvenes están moviendo las cosas, han exigido a los que tienen responsabilidad política que actúen, han estimulado a otros a pensar en la suerte corrida por los judíos en su propio vecindario, y han aprendido, por la vía de la recordación activa, a entender mejor las causas del temor de los extranjeros. Sus retrospectivas de una era oscura en la historia alemana son una contribución al logro de la reconciliación. * Periodista alemán

Bibliografía

Recordando la historia Fundación Körber, Alemania, 1996