LA MENTIRA FINAL: NEGACIÓN DEL HOLOCAUSTO EN ALEMANIA

     En el verano de 1942 Heinrich Himmler, Reichfürhrer y jefe de la policía germana, ordenó la creación de un campo de concentración en unas antiguas barracas cercanas al pueblo de Oswiecim, en el distrito de Kattowitz, Polonia. Pocos años después, Auschwitz-Birkenau se convertiría en el mayor campo de exterminio construido por los nazis en terreno polaco, símbolo del genocidio de los judíos europeos durante la Segunda Guerra Mundial y pieza central de la conciencia nacional del pueblo germano.
     Dicha conciencia colectiva del Holocausto se caracteriza por la presencia de sentimientos de culpa y vergüenza. Parte de la población manifiesta su sentir buscando la “salvación a través del filosemitismo emocional”. Muchos otros, al tratar de despojarse de esa culpabilidad introyectan un nuevo resentimiento hacia los judíos, justificando los crímenes cometidos por los nazis mediante la negación sistemática de los hechos históricos, fenómeno que ha sido descrito como la “segunda culpa”.
     Estudios recientes sobre las tendencias antisemitas en Alemania y la negación del Holocausto demuestran que la hostilidad hacia los judíos surge de un resentimiento que podría describirse como un “antisemitismo secundario”, esto es, que deriva de la dificultad de confrontar el pasado.

De la Apología a la Negación
    
A través de los “Juicios de Nuremberg”, testigos y sobrevivientes del Holocausto nazi revelaron al mundo crímenes imposibles de creer. Cientos de miles de ciudadanos germanos prefirieron ignorar la realidad convirtiéndose así en sujetos susceptibles a la manipulación.

     Los años cuarenta. En los primeros años de la postguerra un creciente número de publicaciones apologéticas inundaron el mercado alemán. Los hechos eran aún demasiado recientes como para intentar banalizar o minimizar el Holocausto. Durante los juicios de Nuremberg -llevados a cabo entre octubre de 1945 y 1946- los oficiales nazis no negaron los crímenes cometidos, sólo pretendieron justificar sus acciones. No obstante sus confesiones no convencieron a quienes se negaban a creer en la responsabilidad de la Alemania nazi.
     Los años cincuenta. El antisemitismo resurgió en la República Federal Alemana a finales de la década de los cincuenta. En tan sólo un mes -de diciembre de 1959 a enero de 1960- se perpetraron 470 incidentes motivados por sentimientos antijudíos. En Alemania Occidental circulaban publicaciones de extrema derecha de naturaleza apologética, en las que se defendía la “inocencia” de los soldados alemanes que “supuestamente” desconocían la existencia de los crímenes nazis. Posteriormente comenzaron a editarse libros -como fue el caso de Tú También Fuiste Parte, de Peter Kleist- justificando la guerra expansionista de Hitler.
     Los años sesenta. Tras el impacto del juicio de Eichmann en Jerusalem (1961) y de los juicios de Auschwitz en Frankfurt (1963-1966), Alemania comenzó a aceptar el Holocausto. Sin embargo, la conciencia humana, confrontada con la abundancia de información, permaneció muda.  El tema central de los apologistas de esta década fue la denuncia de lo que llamaban “la mentira culpa-guerra”. En dichas publicaciones no se mencionaba el exterminio de los judíos.
     Los años setenta. Cuando en 1972, Willy Brandt, Canciller de Alemania, se arrodilló ante el monumento construido en memoria de los judíos asesinados en el Ghetto de Varsovia fue severamente criticado por los nacientes círculos neonazis. A la vez, se incrementó el vandalismo antijudío así como la publicación de documentos que negaban el Holocausto y creaban leyendas sobre el “lado positivo” de los crímenes del Nacionalsocialismo.
     Los años ochenta. A diferencia de los años anteriores en los que un importante grupo de historiadores alemanes aceptaba que el antisemitismo había sido un elemento central de la ideología nazi y describía al Holocausto como un evento único en la historia, durante la década de los ochenta se generalizaron los intentos por relativizar los crímenes del Tercer Reich. Tal fue el caso de Ernst Nolte, uno de los más controvertidos historiadores germanos, quien negó la singularidad del genocidio judío en su obra La Disputa de los Historiadores. De acuerdo a Nolte, “el antisemitismo de Hitler podía ser comprendido como una respuesta legítima y racional a la amenaza comunista. De hecho el Führer tan sólo imitó las prácticas exterminadoras de Stalin”.
     Así mismo “expertos” pseudocientíficos publicaron el Reporte Leuchter en el que negaban la existencia de las cámaras de gas en los campos de concentración alemanes, documento que fue utilizado por los revisionistas históricos para difundir su propaganda.
     La circulación de libros y publicaciones desmitiendo o justificando el Holocausto continuó a lo largo de esta década, a pesar de que en junio de 1985 se integró al Código Penal alemán una ley prohibiendo la difusión de este tipo de ideas.
     Los años noventa. Para muchos alemanes la división de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial constituyó un castigo por el Holocausto. Por ello la reunificación fue interpretada como una rehabilitación de su pasado nazi. Con la caída del Muro de Berlín, desapareció el tabú que rodeaba al antisemitismo y se incrementaron los actos vandálicos en contra de instituciones judías.
     Tras prolongados debates en diciembre de 1994 se promulgó una ley para imponer una sentencia de cinco años a quien negara el Holocausto y extender la prohibición de uso de símbolos y slogans nazis. No obstante, los revisionistas -como Ernst Nolte- continúan afirmando que dicha acción restringe el derecho constitucional a la libertad de expresión.

LA SITUACIÓN LEGAL
    
La negación del exterminio judío es considera un ofensa en Bélgica, Austria, Francia, España, Suiza y Alemania. En el caso específico de Alemania, el párrafo 194 del Código Penal estipula que la propagación de la “mentira de Auschwitz” puede ser perseguido por las autoridades ex officio cuando es cometido públicamente, esto es, en forma impresa, en reuniones públicas o a través de medios electrónicos.
     Ante la imposibilidad de operar en Alemania, los “revisionistas del Holocausto” difunden su propaganda en donde no existe una legislación al respecto como es el caso de Dinamarca, Gran Bretaña o países de Europa Oriental.

BIBLIOGRAFÍA

Rembiszewski, Sarah La Mentira Final: Negación del Holocausto en Alemania The Project for the Study of Antisemitism, UTA, Israel, 1996