HOLOCAUSTO CULTURAL EN LA ALEMANIA NAZI: EL CASO DE SAMUEL I. AGNON

     En el año de 1966 la Academia Sueca otorgó el Premio Nobel de Literatura a un escritor judío, Samuel I. Agnón, figura central de las letras hebreas contemporáneas. Su obra simboliza el deseo de recapturar, por un lado, la tradición de sus antepasados, y así mismo de transmitir los sueños y creencias del Hombre universal.
     Agnón nació en Buczacz, Galitzia Oriental, en 1888. Como todos los judíos de la época, cursó estudios primarios en el jeder (escuela primaria religiosa). Desde muy pequeño solía dedicar muchas horas a la lectura de libros de diversos géneros, inspirado por su padre quien escribía poesía y realizaba estudios filosóficos.
     En 1909, era una un escritor conocido cuando decidió viajar por primera vez a Tierra Santa. Este período ejerció una influencia decisiva en su vida y moldeó su pensamiento. Más tarde, como muchos de sus contemporáneos, Agnón se sintió atraído por las corrientes culturales que se generaban en Alemania, por lo que en 1913 se estableció en Berlín. Su estadía en esta ciudad fue fructífera y le permitió profundizar sus estudios y dedicarse por completo a la creación literaria.
     Este período se vio truncado cuando en 1924, en un incendio que destruyó su hogar, se perdieron la mayoría de sus libros y manuscritos. Fue entonces cuando Agnón sintió la necesidad imperiosa, tanto física como espiritual de regresar a Jerusalem.

     A su llegada publicó sus mejores relatos, entre los que se incluyen Huésped por una Noche y Ayer y Anteayer. Su obra abunda en simbolismos del judaísmo, en el misterio del destino, del amor que se vuelca en los hijos y la lealtad humana.
     La triste realidad de Holocausto y el sufrimiento de sus hermanos es parte integral de la producción de Agnón. Por ello cuando en 1966 fue laureado por la Academia Sueca, se refirió en su discurso de agradecimiento a los motivos de su obra, a la atribulada historia de su pueblo que tuvo su culminación en el genocidio de seis millones de judíos, así como a los hechos de su vida:
     "Como consecuencia de la catástrofe histórica en la cual Tito, el romano, destruyó Jerusalem y expulsó a Israel de su tierra, nací en una de las ciudades del Exilio. Tenía cinco años cuando compuse mi primer poema; escribí muchos otros, todos los cuales fueron destruidos cuando la casa de mi padre, en la que había dejado los manuscritos, fue reducida a cenizas durante la primera guerra mundial. Los jóvenes artesanos y los sastres que acostumbraban recitar mis poemas mientras trabajaban, fueron muertos en la guerra, y algunos de los que no murieron, fueron enterrados vivos junto con sus hermanos en una fosa que ellos cavaron para si mismos por orden del enemigo. Los más fuertes fueron quemados en los crematorios de Auschwitz junto con sus hermanos. Sobre mí ejercieron influencia todos los hombres, mujeres y niños que se cruzaban en mi camino judíos o no judíos".
     Samuel I Agnón murió en Jerusalem en 1970; pero su obra permanece como símbolo de lo eterno e imperecedero del espíritu judío. Su caudal creativo inspiró a las nuevas generaciones de literatos israelíes a crear una escuela centrada en la nueva realidad judía que surge con el nacimiento del Estado de Israel, pero sin olvidar sus raíces diaspóricas.