HOLOCAUSTO CULTURAL EN LA ALEMANIA NAZI: EL CASO DE SIGMUND FREUD

     Destacado hombre de ciencia, eficaz terapeuta y magnifico escritor, Sigmund Freud fue un ser humano conformidables pasiones y marcados perfiles de carácter. Sus ideas revolucionaron el pensamiento del siglo XX, al proporcionar un concepto radical del hombre. A través del psicoanálisis descubrió los motivos inconscientes de la naturaleza humana y explicó los orígenes del conflicto entre los individuos.
     Sigmund Freud nació en Freidberg, Austria en 1856, en el seno de una humilde familia judía que sufría los ataques antisemitas de la población.

     A los tres años sus padres emigraron a Viena en donde cursó sus estudios de medicina. A pesar de la discriminación antijudía en la comunidad universitaria, Freud logró trabajar en un laboratorio de investigación. Más tarde, por razones económicas, ingresó a la práctica clínica como residente del Hospital General de Viena en donde desarrolló su interés por los aspectos neurológicos e investigó las aplicaciones de la anestesia ocular.
     En 1886, Freud viajó a París en donde trabajó con Charcot, famoso neurólogo francés interesado en el histerismo y la hipnosis como técnica de tratamiento. Gracias a él, Freud se interesó en los aspectos psicológicos que producían desajustes emocionales. En 1889, adoptó la técnica de la hipnosis y especuló sobre el estado de la mente inconsciente y consciente.
     Algunos años después, Freud abandonó el hipnotismo e inició la técnica de libre asociación de ideas para llegar al inconsciente. Consideraba que sus pacientes no se expresaban libremente debido a sus deseos reprimidos. El conocer el contenido del inconsciente ayudaría a entender las reacciones del individuo y a controlarlas o prevernirlas. Este método fue llamado psicoanálisis.
     En 1897, Freud publicó Interpretación de los Sueños en donde presentaba un análisis de los sueños, que revelan el contenido del inconsciente aunque no en forma sistemática. Así mismo, en Tres Ensayos sobre la Teoría Sexual explicó el principio de la realización del deseo, el complejo de Edipo y demostró la agobiante influencia de la vida infantil en la condición de un adulto.
     A pesar de que intentó demostrar científicamente sus teorías, Freud se enfrentó a la crítica de la sociedad que lo consideraba como un pornógrafo y demente. Sin embargo, lentamente fue logrando el reconocimiento inesperado de quienes comenzaron a profundizar en sus ideas. Su círculo de discípulos se enriqueció con los aportes de Hans Sachs, Alfred Adler y Otto Bank, pioneros en el desarrollo del psicoanálisis.
     En 1908, Freud creó el primer grupo de psicoanálisis y fundó la Asociación Psicoanalítica Internacional y la revista médica Journal of Psychoanalysis.
    
Durante la primera guerra mundial, Freud proporcionó su apoyo a la nación alemana, pero luego se deprimió por la "falta de dignidad de los seres humanos". Trató de explicar cómo y por qué escapa del interior del ser humano la bestia salvaje que allí reside. Y aunque se resistía a aceptar que su condición judía le afectaba, el ascenso del nazismo y la iniciación del programa de aniquilamiento de los judíos le obligó a reanalizar las causas del antisemitismo como producto de la agresividad.      Cuando en mayo de 1933, cuarenta mil alemanes aplaudieron frente a la ópera de Berlín la quema de dos mil libros de autores como Einstein, Stephen Zweig, Jacob Wassermann y Freud, éste último comentó: "Por lo menos ardo en muy buena compañía... Como progresamos. En la Edad Media me habrían quemado a mí, hoy se conforman con quemar mis libros".
     Poco tiempo después, el mundo tomó conciencia del alto voltaje del fanatismo nazi, y para los judíos europeos comenzó la pesadilla. Las tropas de asalto de Hitler ocuparon la casa de Freud, confiscando sus posesiones y sus libros. Junto con su familia, y gracias a la influencia del embajador norteamericano en Austria, Freud salió de Viena hacia Londres en donde vivió hasta su muerte en 1939.