Honrar la memoria y reafirmar nuestra resiliencia. Rebeca Escapa, Yad Vashem México

   “Cuando la situación es buena, disfrútala. Cuando la situación es mala, transfórmala. Cuando la situación no puede ser transformada, transfórmate.”
   Esto nos dice Víctor Frankl, neurólogo, psiquiatra y filósofo, quien fue sobreviviente de cuatro campos de concentración y exterminio. A partir de su experiencia en la Shoá se convirtió en el fundador de la Logoterapia. 
   En este día, Yom Hashoá, honramos la memoria de millones de judíos, madres e hijas, padres e hijos, amigos y vecinos, que perdieron la vida en un momento de depravación y deshumanización sin paralelo en la historia. Hoy reafirmamos nuestra responsabilidad de mantener el recuerdo, para que las próximas generaciones vivan de acuerdo con la advertencia: "Nunca lo olviden". “Nunca más".

   Nos comprometemos a preservar los recuerdos de aquellos que vivieron los horrores de la Shoá, para que sus experiencias no sean ignoradas en las próximas generaciones, por nuestros hijos y nietos.  
   Honramos también a los que sobrevivieron, sus historias nos recuerdan que después de la adversidad se puede seguir teniendo ideales; es posible reconstruirse y reinventarse como persona y, sobre todo, es posible elegir la vida.
   Este mensaje resuena hoy de manera especial en todos nosotros pues, sin pretender comparar situaciones que son incomparables, en este momento nosotros transitamos por el caos, la incertidumbre y la adversidad. Es el momento de hacer una pausa y hacernos una honesta pregunta: “después de esto, ¿quién quiero ser? ¿cuál será mi legado?
   Nosotros pertenecemos a la generación encargada de instruir y transmitir a las generaciones que vienen; somos los portavoces de los que nos precedieron, los que transitaron por lo inenarrable.
   Somos la generación que ha aprendido, y está dispuesta a enseñar a nuestros hijos, que las circunstancias adversas no son permanentes; que la constante es el cambio; que las cosas no siempre suceden como lo esperamos y que, a partir de eso, siempre se abre una oportunidad.
   Las historias de la Shoá nos han enseñado que la adversidad es una oportunidad y se puede superar para ser la mejor versión de uno mismo. Víctor Frankl nos hace mirar que, al darle un sentido al dolor y al sufrimiento, nos ayuda a defender nuestro sentido humano, incluso hasta en situaciones más deshumanizantes.
   Lo que sucede en el entorno muchas veces escapa de nuestro control, pero siempre tendremos la posibilidad de otorgarle un sentido u otro a la experiencia que estamos viviendo, por más dramática que ésta sea. Dicho en otras palabras, muchas veces no elegimos lo que nos pasa, pero siempre podemos elegir lo que hacemos con lo que nos pasa.
   Con esta reflexión, no pretendemos negar los capítulos obscuros y de terror que vivieron nuestros hermanos en los campos, en los guetos y hasta en los escondites, siempre bajo la mirada fulminante de los nazis. La historia de Víctor Frankl es más bien una historia que inspira: su historia nos enseña que se puede elegir la vida; que se puede construir aún después de la destrucción; que está en nuestro poder elegir cómo salir adelante y cómo darle significado a la experiencia vivida; que de la mayor oscuridad puede surgir la mayor luz. La suya es una historia para reflexionar, que nos recuerda nuestra propia condición humana y, como tal, nos invita a rescatar la naturaleza resiliente que somos.
   Edith Eger, sobreviviente del campo de Auschwitz y reconocida terapeuta especialista en trauma en Estados Unidos, nos recuerda:
   “Los sobrevivientes no tienen tiempo de preguntar: ¿por qué a mí? Para los sobrevivientes la única pregunta relevante es: ¿y ahora qué?”.
  
Ella nos hace saber que la única posibilidad de salir adelante no es ser víctima, sino el individuo que asume su destino y se hace responsable de su propia vida; el que se pregunta “y ahora, ¿qué voy a hacer con esto?”
   Si queremos ser fuente de orgullo para nuestros padres y abuelos y un ejemplo para nuestros hijos y nietos, debemos recordar que nosotros somos la continuidad de esa historia de resiliencia; en ella hemos visto cómo nos podemos transformar cuando la situación no puede ser transformada.
   Éstas son solo algunas palabras que intentan honrar la memoria y el legado de todos aquellos que vivieron los horrores de los nazis, de aquellos que lo sobrevivieron y de los que no.
   Bendita sea su memoria; no olvidemos el compromiso que tenemos con ellos, pues es nuestra la responsabilidad mantenerla viva en nuestra generación y en las que vienen después.