Palabras del Sr. Maciej Tadeusz Zietara, Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República de Polonia en México, con motivo del Día de la Conmemoración Anual en Memoria de la Víctimas del Holocausto. Enero 27, 2020

   Estimado señor senador Ricardo Monreal Avila, Presidente de la Junta de Coordinación Política,
   Estimado señor Marcos Shabot Zonana, Presidente del Comité Central de la Comunidad Judía de México,
   Estimados colegas embajadores,
   Amigas y amigos.
   Muchas gracias por esta oportunidad de poder dirigir a Ustedes unas palabras.

   Pensando en el holocausto, nos enfrentamos a un horror incomprensible. El holocausto socavó los fundamentos de nuestra civilización. Como sostenía Hannah Arendt, los perpetradores de los crímenes en su mayoría no eran fanáticos o monstruos, sino unas personas comunes y corrientes, padres de familia y amantes del arte. Su participación en el holocausto era posible gracias a la deshumanización de las víctimas: judíos, romos, pero también discapacitados, enfermos, homosexuales, polacos, rusos. Todos los que el régimen nazi consideró inútiles en la construcción de la sociedad perfecta de los superhombres.
   Los judíos habían llegado a Polonia en la Edad Media. A lo largo de los siglos XV y XVI, recibieron ciertos privilegios que les permitieron fortalecer sus comunidades
   Desde aquella época hasta la II segunda guerra mundial, la cultura judía se desarrolló en Polonia en sus múltiples facetas. Entre numerosos personajes -judíos polacos- que marcaron la historia vale la pena nombrar a los escritores Isaac Bashevis Singer y Bruno Schulz, al pianista Artur Rubinstein o al violinista avecindado en México Henryk Scheryng.
   La vida de los judíos en Polonia no estuvo exenta de problemas y tensiones con los polacos y otras naciones que habitaban el país. No obstante, no cabe duda que en 1939 la comunidad de tres millones y medio de judíos era fuerte, vibrante y constituía una parte esencial de la sociedad polaca. Sólo una pequeña parte de esta gran comunidad logró sobrevivir el horror de la Shoah. Los campos de exterminio fueron establecidos principalmente en el territorio polaco ocupado por los nazis.
   Las instituciones del estado clandestino, o, como suele decirse, de la resistencia, intentaron ayudar a los judíos, creando en 1942 el Consejo de Ayuda a los Judíos. Gracias a su labor, alrededor de 50 mil judíos recibieron refugio y documentos. Hay que recalcar que en la Polonia ocupada cada forma de ayuda a los judíos era castigada por el invasor nazi con pena de muerte. Entre los polacos hubo también personas infames que denunciaban a los judíos.
   Como lo plantea el escritor judío-polaco Henryk Grynberg, debemos ser guardianes de la memoria de las víctimas de la Shoah.
   Desde los años 40, en Polonia han funcionado los museos estatales de Auschwitz-Birkenau y Majdanek. El Instituto Judío Histórico, con sede en Varsovia, posee uno de los archivos más importantes para los investigadores de la Shoah. De igual manera, el estado polaco apoya la conservación del patrimonio histórico judío, de las sinagogas y cementerios-
   Polonia condena el antisemitismo y se opone a cualquier clase de negacionismo. El uso de los símbolos nazis es un delito tipificado en el código penal. La enseñanza sobre el holocausto es parte del curriculum escolar.
   Como ha dicho el presidente de Polonia Andrzej Duda, „la conmemoración de la Shoah debería ser un elemento imprescindible y permanente de una educación para la paz, una narración que penetra en los corazones, rompe las barreras de prejuicios, divisiones y odios. Una lección de cómo mostrar la empatía y ayuda a las personas más vulnerables”.
   Muchas gracias por su atención.