Mensaje con motivo de la Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. Mtra. Geraldina González de la Vega Hernández*

Sr. Jonathan Peled, Excelentísimo Embajador de Israel.
Eliecer Arbitman, Presidente de la Comunidad Bet-El
Moisés Romano Jafif, Presidente del Comité Central de la Comunidad Judía de México.
Elías Achar - Presidente de Tribuna Israelita
Eva Lijztain - Presidenta de Yad Vashem, México
Profesoras Judit Bokser Liwerant, y Yael Siman  

Distinguidas personas que nos acompañan en el presídium y en el público,

   Muy buenos días a todos y a todas.
   Es para mí un honor enorme estar aquí en la Comunidad Bet-El y poder acompañarles en un día tan significativo para la comunidad judía.
   Déjenme decirles que este es ya el sexto año consecutivo que el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación en la Ciudad de México tiene la oportunidad de participar en la convocatoria y organización para este día y aunque es mi primer año, quiero decirles que es para el COPRED, y es para mí el 27 de enero una fecha de vital importancia para la lucha en contra de la discriminación y la desigualdad.

   Decía León Felipe que “Hoy cualquier habitante de la tierra sabe mucho más del infierno que Dante.”
   Cuando la humanidad descubrió lo que sucedió en Auschwitz como el cénit de un proceso de exclusión, de degradación, de violencia, de discriminación; supo que el infierno era posible en la tierra y que además, los seres humanos de carne y hueso, no los demonios, éramos capaces de organizarlo.
   El Día Internacional de la Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto pretende que, al menos, cada 27 de enero, todas las personas que habitamos este planeta recordemos que el infierno puede estar aquí, y que sin respeto a la dignidad de las demás personas y sin garantía de los derechos humanos por las naciones, el infierno se vuelve a organizar.
   Hace 19 años que cada enero nos reunimos en un ejercicio de reconstrucción de memoria colectiva con una misión: NUNCA MÁS.
   NUNCA MÁS a la estereotipación de las diferencias religiosas
   NUNCA MÁS a los estigmas por origen étnico o nacional
   NUNCA MÁS a la degradación moral de quien es diferente
   NUNCA MÁS a la destrucción de las tradiciones y culturas diversas o minoritarias
   NUNCA MÁS a la xenofobia y al racismo
   NUNCA MÁS a la exclusión del sistema económico
   NUNCA MÁS a medidas de intromisión en los derechos reproductivos
   NUNCA MÁS a la encarcelación y esclavitud
   NUNCA MÁS al silencio cómplice de la discriminación y la violencia
   NUNCA MÁS a la barbarie
   Mientras pronuncio estas palabras pienso que aunque llevemos ya 74 años de haber descubierto de lo que los seres humanos somos capaces, hoy, en 2019, muchas de estas acciones las volvemos a encontrar entre nuestras sociedades: discursos de odio, violencia contra las personas por su origen étnico o racial, medidas de exclusión para minorías, obstáculos para ejercer sus derechos a la diversidad, políticas que invisibilizan o que señalan, mayorías que amedrentan a quienes no se ajustan a sus estándares, que agravian, que deniegan.
   El 27 de enero debe ser parte de un ejercicio colectivo de reconstrucción de las historias nacionales y de su enclave en la universal, de entender cómo los procesos del pasado influyen en el futuro y de cómo los errores --y los horrores del pasado-- no se deben, no se pueden volver a cometer.
   Hoy día se habla del antisemitismo secundario, del fenómeno que fomenta el odio hacia las personas judías no a pesar de Auschwitz sino debido a Auschwitz. Hablar de “punto final a la historia”, con la intención de plantear que la remembranza del Holocausto y sus víctimas debe llegar a su fin y ver hacia delante; por otro lado, este antisemitismo secundario se manifiesta a través del estigma de ver a los judíos como “agitadores” que son muy “sensibles” e “intransigentes” precisamente porque no aceptan el punto final a la historia.
No.
   La construcción de la memoria colectiva es el único vehículo que tenemos los seres humanos para evitar las barbaries del pasado, para aprender de los yerros y de las omisiones. La historia está llena de advertencias, de aberraciones; no advertirlas no nos hace más astutos ni más independientes; nos hace menos autónomos porque nuestras decisiones no están siendo las más informadas ni tampoco las más racionales.
   Por esto justamente es tan importante el día de hoy, porque quien no recuerda está condenado a repetir los errores del pasado, quien pone un punto final a la memoria está advertido de cometer las mismas atrocidades que un día sucedieron.
   La apuesta de cada 27 de enero es que recordando a las víctimas del Holocausto, se comprenda que las sociedades son multiétnicas, multirreligiosas y multiculturales, y que la diversidad debe ser vista como una fuente de riqueza y nunca una amenaza.
   La diversidad es una cualidad de las democracias pues fomenta la deliberación, la discusión de distintos puntos de vista y el trazo de soluciones integrales en las que se entiendan y consideren todas las perspectivas.
   La Ciudad de México se ve a sí misma como un espacio de y para sus habitantes en el preámbulo de nuestra recién estrenada Constitución, asume un compromiso perdurable con la dignidad y la igualdad de sus pobladores. Se entiende como una Ciudad intercultural y hospitalaria que reconoce la herencia de las grandes migraciones, el arribo cotidiano de las poblaciones vecinas y la llegada permanente de personas de la nación entera y de todos los continentes.
   Es responsabilidad de las autoridades, pero también de quienes habitamos y transitamos por ella, cuidar y vigilar que la Ciudad de México continúe y consolide su vocación garantista y protectora de la diversidad.

* Presidenta del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED)
* Palabras pronunciadas en la Ceremonia del Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto, organizada por el Gobierno de la Ciudad de México, COPRED, Yad Vashem México, Comité Central y Tribuna Israelita. Comunidad Bet-El, 25 de enero, 2019