La Insólita rebelión en Treblinka, el campo de exterminio.* Yad Vashem México. Comité de Difusión e Imagen. Sofía Mercado Atri

   Treblinka fue uno de los campos de muerte, construidos en el marco de la Operación Reinhard y se diseñó para aniquilar a la población judía de Polonia. En sus cámaras de gas fueron asesinados también judíos de otras partes de Europa: la Unión Soviética, los Balcanes, Alemania, Austria, el Protectorado de Bohemia y Moravia, Francia y Bélgica. En los siguientes 14 meses los nazis asesinaron en ese campo de muerte a 900 mil personas.
   La rebelión de los prisioneros de Treblinka tuvo dos objetivos: destruir el campo de muerte y posibilitar la fuga masiva de prisioneros para que informaran al mundo lo que pasaba detrás de sus alambradas electrificadas.

   Richard Glazar fue uno de los 54 prisioneros que se salvaron al fracasar la rebelión de agosto de 1943. Glazar cuenta en su libro sobre Treblinka que antes de ser deportado no daba crédito a los rumores que escuchaba que los nazis asesinaban masivamente a los judíos. Al divisar el campo de Treblinka, su primera idea fue que se trataba de una explotación agrícola. El equívoco del muchacho de 22 años se debía al hecho de que las alambradas de púas estaban camufladas con frescas ramas verdes.
   Glazar, un joven fuerte y enérgico, era uno de los trabajadores en régimen de esclavitud, encargados de reparar las prendas de vestir de los judíos asesinados, para su envío a Alemania.
   Un factor decisivo para la preparación de la rebelión fue el papel significativo que jugaron algunos ciudadanos checos. Los prisioneros formaron un comité organizador de la rebelión en el que tomó parte el judío eslovaco Želo Bloch, un carismático ex oficial del ejército checoslovaco.
   Los organizadores planeaban realizar la revuelta a principios de 1943 cuando se filtraron en Treblinka informaciones sobre la derrota de las tropas nazis en Stalingrado. Pero tuvieron que aplazarla porque en el campo estalló una epidemia de tifus. Además, el principal organizador de la rebelión, Želo Bloch, fue trasladado por castigo a un sector del campo al que sus compañeros no tenían acceso.
   Los nazis mataron a uno de los organizadores por su intento de contactar a un guardia ucraniano para que éste suministrara armas a los judíos. Fusilaron también al nuevo cabecilla del comité organizador cuando descubrieron en su barraca oro y dinero que los judíos habían reunido para la adquisición de armas. Pero a pesar de los sucesivos golpes, los preparativos continuaron...
   El lunes 2 de agosto de 1943, después de la una de la tarde, cuatro miembros de la SS y dieciséis guardias ucranianos salieron del campo de Treblinka para bañarse en el cercano río Bug. Fue una circunstancia favorable para la rebelión prevista para la tarde de aquel día. Como disponían de una copia de la llave del almacén, los prisioneros lograron sacar una cantidad de armas. Seguidamente pasó por el campo el prisionero cuya habitual tarea consistía en desinfectar las barracas. Pero en vez del desinfectante roció todos los edificios con queroseno.
   A las tres y media los prisioneros vieron cómo el nazi Küttner entraba en la barraca donde estaba alojado un soplón y temieron ser delatados. Al salir Küttner de la barraca, uno de los prisioneros le disparó mortalmente. Después del disparo, estalló la primera granada, señal para el inicio de la rebelión. Faltaban pocos minutos para las cuatro de la tarde.
   El judío checo Standa Lichtblau, encargado del garaje, voló el gran depósito de gasolina, aunque la explosión, de enorme potencia, lo mató. Standa no tomó ninguna precaución para salvarse porque ya nada lo ataba a la vida: su mujer y su hijo fueron asesinados poco antes en las cámaras de gas de Treblinka.
   Después de la explosión del depósito de gasolina, Treblinka empezó a arder. Los judíos rompieron la puerta y huían en todas direcciones.
   El problema fue que los prisioneros no habían logrado cortar los cables telefónicos, y así los alemanes pudieron llamar a pedir ayuda. Los refuerzos que llegaron les cortaron todos los caminos de escape, desatando una cruel cacería de prisioneros. La mayoría de los fugitivos no conocía los alrededores de Treblinka y para los alemanes fue fácil capturarlos y después fusilarlos.
   Richard Glazar huyó de Treblinka con su amigo Karel Unger. Mientras los comandos con perros y todoterrenos rastreaban los alrededores del campo de Treblinka en llamas, los dos jóvenes se escondieron en un pequeño lago. Cuando se acercaron los perros, se sumergieron en sus fangosas aguas. En el agua pasaron ocho horas. Después iniciaron su peregrinación por la Polonia ocupada por los nazis. Fueron arrestados por gendarmes polacos que los enviaron a trabajos forzados a la Alemania nazi sin saber que se trataba de dos judíos. Los dos jóvenes sobrevivieron gracias a su enorme coraje e ingenio.
   Durante la rebelión del 2 de agosto de 1943, los prisioneros no lograron destruir las cámaras de gas de Treblinka, de manera que todavía perecieron en ellas los judíos deportados del gueto de Bialystok, en Polonia.
   Los nazis desmantelaron el campo de Treblinka y quemaron la documentación que pudiera dar testimonio de los crímenes cometidos en ese escenario. El terreno fue arado y transformado en una explotación agrícola.
   Los prisioneros judíos de Treblinka que sobrevivieron declararon como testigos en los juicios contra los verdugos de ese campo de exterminio, en los años sesenta. Richard Glazar relata en su libro cómo el juez empezó a enumerar los crímenes del vicecomandante del campo de Treblinka, Kurt Franz, de profesión cocinero antes de su meteórica carrera en las filas de la SS:
   “Mató a tiro a ocho prisioneros, reiteradamente ordenó colgar de los pies a prisioneros desnudos...”
   En ese momento Franz lo interrumpió y protestó:
   “Señor juez, jamás maté a un hombre. Estoy consternado. Lo que se presenta contra mí me parece obra de una organización internacional secreta.”
   A pesar de negar cobardemente sus crímenes, Franz fue condenado a cadena perpetua.
   El comandante de Treblinka, Franz Paul Stangl, huyó después de la Segunda Guerra Mundial a Brasil. En la ciudad de Sao Paulo lo descubrió el cazador de nazis, Simon Wiesenthal y, en 1970, el ex prisionero de Treblinka, Richard Glazar fue testigo en el proceso que condenó a Stangl a cadena perpetua.