LA LITERATURA DE LOS JUDÍOS DE KURDISTÁN

     La región conocida como Kurdistán no es una entidad política independiente sino que constituye un vasto territorio que abarca porciones de Irak, Siria, Armenia, Turquía e Irán. Esta tierra es una de las más ásperas y montañosas de Asia occidental, con barrancas y profundos ríos, como si la naturaleza misma quisiera convertirla en una fortaleza inexpugnable.
     Los judíos forman parte de la amplia red de sectas y credos antiguos que además de los kurdos habitan estos lares desde tiempos inmemoriales y que han visto transcurrir sus días dispersos en pequeños poblados, aislados entre si y expuestos a los estragos de la naturaleza y del hombre.

     Poco se sabe acerca de los orígenes de los judíos del Kurdistán. La tradición hebrea los considera descendientes de aquellos que fueron expulsados de Samaria en 722 a.e.c., pero como comunidad aparecen en los anales históricos hasta 1147. Su existencia pasó desapercibida hasta el siglo XIX cuando comenzaron a llegar a la región viajeros provenientes del occidente.
     La cultura kurda se caracteriza por ser altamente tribal. Cada kurdo es -antes que todo- un miembro de su tribu y se adhiere fielmente a sus leyes y costumbres. Los judíos, con un lenguaje, religión y hábitos distintos, eran considerados como parias.
     A pesar de verse expuestos a luchas intertribales y de tener un nivel económico precario, los judíos desarrollaron una vida cultural y un sistema de valores literarios propios. Establecieron yeshivot o academias de estudios que mantenían el contacto con los centros culturales judíos más importantes de la diáspora.
     La prolífica actividad literaria que fue desarrollada por los judíos de esa zona emana de la correspondencia establecida entre los diferentes centros de estudio hebreos. Los judíos kurdos reprodujeron documentos rituales y escribieron obras tanto para las festividades religiosas como para los eventos seculares. A la vez, popularizaron el uso de proverbios y de diversos tratados cabalísticos, como reflejo de un mundo profundamente inmerso en la superstición y la magia.
     La característica más importante de esta literatura es el uso del arameo, dialecto designado por los judíos del Kurdistán como "el lenguaje de la montaña", mismo que variaba de acuerdo a la geografía. En el siglo VII y a raíz del surgimiento de nuevos dialectos árabes y del predominio del Islam, el uso del arameo declinó.
     No obstante con el arameo los judíos kurdos lograron un vehículo de expresión único. Crearon el TARGUM, literatura que condensa comentarios de varios textos bíblicos así como de tratados postbíblicos y sermones de diversas porciones del Pentateuco.
     Su literatura comprende prosa y poesía tradicional así como historias en las que predominan temas como el amor, la guerra y las epopeyas de sus héroes. Incluyen pasajes bíblicos como el de Adán y Eva, Moisés y el Faraón y David y Goliat, entre otros. En todas estas composiciones aparecen conceptos religiosos judíos como la esperanza en la redención y el retorno a Sión.
     Los tesoros literarios de los judíos kurdos se transmitieron en forma oral de generación en generación. Durante el último siglo historiadores occidentales y misioneros cristianos que visitaron la región se interesaron en el arameo y lograron transcribir parte de esta literatura oral. En décadas recientes se han intensificado los esfuerzos por conocer esta riqueza cultural. Así se han delucidado aspectos trascendentales de la tradición cultural judeo-kurda como base para comprender esta intrigante literatura.      La nostalgia de los judíos del Kurdistán por Sión ha llevado a muchos de ellos a la Tierra Santa lo que posiblemente propicie que se pierda esta antigua literatura en arameo. Existe por ello el reto cultural de rescatar del olvido lo que resta de esta herencia-cultural de los "Remanentes de Israel".

BIBLIOGRAFÍA

Gross C. David The Jewish People Almanac Doubleday and Co., Inc., USA, 1981