LOS JUDÍOS DE FINLANDIA

     Dentro de la diáspora judía, multitud de comunidades con distintas costumbres y cosmovisiones se mantienen cohesionadas por la fuerza vital de tradiciones milenarias y de una herencia común. Una de las menos conocidas, a pesar de su tesón por preservar su legado cultural y religioso, es la pequeña colectividad de Finlandia.
     Los primeros judíos llegaron a Finlandia contra su voluntad en 1830. Estos eran los llamados "cantonistas" o "nicolaievskis", jóvenes que servían en el ejército ruso. Pero, para comprender su historia debemos remontarnos siglos atrás.

     Desde el siglo VIII e.c., Finlandia era una de las provincias suecas en donde los judíos tenían permiso de establecerse sólo si se convertían al cristianismo. Cuando en 1809 Finlandia fue conquistada y pasó a ser un ducado del Imperio Ruso, el zar Alejandro I declaró que no modificaría ninguna de las leyes existentes, incluyendo las prohibiciones a los judíos.
     Pero, las políticas anti-judías iban más allá de estas limitaciones. El régimen zarista, en su intento por alejar a los judíos de su comunidad y de su religión, estableció un decreto por el cual se obligaba a todos los varones judíos entre 12 y 25 años a enlistarse en el ejército ruso para servir en Siberia o Finlandia por un periodo de 25 años.
     A cada comunidad judía en Rusia se le asignaba una cuota determinada de reclutas. Oficiales judíos tenían que cumplir con la difícil tarea de designar a los futuros conscriptos; pero, temerosos de seleccionar a jóvenes mayores casados que tuvieran familias que mantener escogían a niños de ocho o nueve años, falsificando su edad.
     Estos pequeños se convertirían en los primeros pobladores judíos en Finlandia 25 años después. Obligados a vivir acuartelados en Helsinski, la capital, o en Viipuri, muchos de ellos decidían permanecer en Finlandia al terminar sus años de servicio.
     No obstante, a pesar de que estos judíos recobraban su status de civil, la vida no era fácil para ellos. Cada permiso de residencia era recibido con una enérgica oposición por parte de las autoridades locales. Pero, como éstos no podían negarse a cumplir con las órdenes rusas, los finlandeses se empeñaron en debilitar paulatinamente la posición de los judíos a través de severas restricciones, limitando sus lugares de residencia, las ocupaciones a las que se podían dedicar y reduciendo su libertad de movimiento en la provincia.
     Los judíos eran objeto de un control constante por parte del cuerpo policíaco finlandés, quienes les exigían la renovación de su permiso de residencia cada tres meses. La más pequeña violación a estas restricciones servía para que se les expulsara de Finlandia.      La lucha por lograr la igualdad de derechos para los judíos se prolongó durante muchas décadas, siendo objeto de constantes debates. La oposición provenía del clero, principalmente, mientras que por su parte, los terratenientes mostraban gran inclinación hacia el problema judío.
     En 1872, dos miembros del parlamento finlandés solicitaron la revocación de ciertas limitaciones contra los judíos, pero la propuesta fue rechazada. Los intelectuales exigían las reformas pero la prensa se oponía a cualquier cambio. Finalmente, en 1889 se decretó una ley con la que se les otorgaba a los judíos la residencia en Helsinski, Turku y Viipuri.
     Posteriormente, a principios del siglo XX y básicamente después de la insurrección de 1905, comenzaron a surgir signos de simpatía hacia los judíos por parte de un naciente movimiento socialista finlandés. En este periodo, la población judía aumento a más de dos mil personas como resultado de la inmigración rusa por los conflictos internos.
     Para 1909, los miembros liberales del parlamento finlandés vencieron la oposición de los extremistas- conservadores y por una mayoría de 112 a 48 se adoptó una ley por medio de la cual se abolían todas las restricciones.
     El gobierno ruso retrasó su ratificación de esta ley y los judíos no obtuvieron la igualdad en derechos civiles sino hasta 1917 cuando, después de 108 de ocupación, Finlandia declaró su independencia. Durante la guerra con Rusia en años posteriores, (1939-40) un gran número de soldados judíos lucharon en el ejército finlandés. La anexión de Viipuri a la URSS fue motivo para que los judíos evacuaran la ciudad junto con sus compatriotas finlandeses.
     Cuando en 1941 Finlandia se unió a los alemanes y luchó contra la URSS con la esperanza de recobrar el territorio perdido, soldados judíos sirvieron en el ejército, combatiendo al lado de los alemanes sin sufrir ningún tipo de discriminación. Pero, las presiones germanas se dejaron sentir a otros niveles. Sin embargo, las autoridades finlandesas, comandadas por Marshal Mannerheim, se negaron a adoptar la legislación anti- judía que decretaron los nazis.
     No obstante, en determinado momento, los finlandeses cedieron y permitieron que la Gestapo deportara a 90 judíos quienes habían encontrado refugio de las persecuciones sufridas en Austria y los Países Balcánicos. Después del envío del primer transporte de judíos que fueron asesinados al llegar a su destino, Mannerheim y otras autoridades finlandesas se negaron a continuar con la operación.      Finalmente, con el tratado de paz firmado entre los aliados y Finlandia, se prohibió la discriminación racial y los judíos pueden, hasta el día de hoy, disfrutar de la plenitud de sus derechos.
     En la Finlandia actual, la comunidad judía de 1400 personas vive totalmente integrada a su sociedad. A pesar de su pequeño número, se encuentra muy bien organizada y, sus miembros, tienen cabal conciencia de su tradición judía. Una sinagoga y un sistema educativo completo aseguran que cada niño judío tenga la oportunidad de aprender y practicar su religión así como de conservar su herencia cultural.